"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

lunes, 22 de julio de 2013

[Texto] Los delirios de Calibán - Reflexiones en torno a la deshumanización y su origen social.

Ayer tuve un debate un poco tenso sobre el origen social de las conductas destructivas y auto-destructivas, tales como asesinatos en serie, suicidios, auto-lesión, etcétera, y de cómo a las personas que terminan afectadas por estos fenómenos se las etiqueta de "locas" y se las aísla, en lugar de entenderlas como resultado de un problema cuyo origen se encuentra en el núcleo de esta civilización y que la represión sólo contribuye a agravar.

Después de dicho debate, del que salí un poco hastiado y de mal humor por algunos de los argumentos que esgrimieron algunas personas en defensa de la psiquiatría, escribí un texto sobre la relación existente entre las conductas de las que hablo y la deshumanización presente en la actual sociedad.

Debo reconocer que personalmente no creo que el texto sea nada del otro mundo y de hecho me entran dudas sobre si he expresado realmente lo que quería expresar, si se entenderá lo que quiero decir o si por el contrario sólo se trata de una maraña de ideas desordenadas e inconexas. No soy un profesional ni aspiro a serlo (¡y mucho menos si el tema es la psiquiatría, antes muerto!) pero bueno, aquí os lo dejo y juzgad vosotrxs.

Por cierto, tras terminar y por sugerencia de una persona afín, decidí hacer un panfletillo (totalmente rudimentario, el texto en word con una portada y contra-portada) y difundirlo en ese formato también. Quien lo quiera, puede leerlo/descargarlo aquí.

Este texto está dedicado a todas las personas psiquiatrizadas que día a día se rebelan desde su condición de anormales para buscar nuevas maneras de demoler el teatro social, a todxs lxs que no tomaron las pastillas que les dieron, a lxs que prefieren la tensión y peligrosidad de su propio caos antes que la docilidad servil del orden de la mercancía

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Los delirios de Calibán - Reflexiones en torno a la deshumanización y su origen social.

"Quiero un enemigo que no sea yo, que no sea los enemigos en que convierto mis relaciones. Quiero que mi sensación de tensión y belicosidad – mi sensación política y emocional de estar sitiada, de estar bajo ocupación – se refleje en el exterior. Alguien dijo una vez que ir a Palestina era un alivio porque, de repente, la realidad exterior iba a la par con su experiencia emocional cotidiana en el Reino Unido (RU): Una situación de crisis. Y yo también siento esto. En disturbios, en grupos, en acciones. En donde vivo, el enemigo es tan grande que engloba todo, incluso a mí misma. No hay esperanza más allá de esta realidad. Después de todo, éste es un lugar a donde la gente viene buscando asilo. Sigue siendo una tierra prometida en donde las calles están pavimentadas con oro. ¿Cómo se pelea contra eso? No hay ningún dentro o fuera del sistema. Y parece que no hay salida." Beyond Amnesty, edición de Psiquiatrizadxs en lucha, página 4.

Dentro del discurrir metálico de la realidad alienada nuestra capacidad de socializar se ve constantemente asediada por el aislamiento globalizado y la transformación del paisaje en jaula. Parcelados como los espacios por los que transitamos cotidianamente (espacios siempre vinculados a una actividad concreta como trabajo - oficina, compra - centro comercial / tienda, paseo - parque / sucedáneo de lugar agradable...), los encuentros que se dan entre nosotros no suceden sino como un cómputo más de la programática que este Matrix ha creado, sacando siempre un rédito y transformando el contacto humano en un nuevo ciclo de rentabilidad. Tras ser educados en la idea de que todo lo que no implica consumir es aburrido o carece de un verdadero contenido (cuando es precisamente la experiencia basada en el consumo la que es superflua e insustancial), establecer relaciones sociales dentro de lugares donde todo está orientado a la compra-venta, implica que la propia relación social se convierte en garantía de circulación de dinero y por ende en el centro de una nueva relación mercantil, asignándole un valor que fluctúa en función de la clase de producto comercializado a través de ella.

Partiendo de que la adaptación de la socialización a una lógica de mercado junto con la totalitarización del espacio ha supuesto la "amputación" de nuestra capacidad de articular relaciones humanas satisfactorias y el reemplazo de estas por simples intercambios de palabras vacíos y sin verdadero contenido donde todo está dicho de antemano y sólo se cumplen convencionalismos y rituales para dar lugar a funciones de la maquinaria social a la que permanecemos encadenados, y asumiendo que estas no-relaciones guardan una similitud escalofriante con los diálogos de una obra de teatro donde una conversación puede parecer real pero no lo es, y forma parte de una representación preparada de antemano que únicamente busca cumplir un protocolo que funciona como cadena de transmisión para el Espectáculo, no es de extrañar que dentro de la sociedad urbanizada, moderna, espectacular-mercantil, las personas caigan a centenares en la depresión y el orden haya devenido en neurosis.

Estamos cada vez más apelotonados en ciudades-colmena superpobladas, habitando pisos en bloques de cemento donde vivimos apilados unos encima de otros como si fuésemos cajas en una estantería, pero al mismo tiempo, estamos cada vez más alejados por muros invisibles y por las imágenes separadas que dividen la vida en fragmentos de una realidad virtual. La soledad envuelve al tumulto, que se encuentra en el núcleo de un mundo en guerra. Ahí dentro lo simple se vuelve complicado y lo que antes se hacía por necesidad y por costumbre, ahora está revestido de un aterrador aspecto. Tenemos miedo de hablar, de consolarnos mutuamente, de escuchar problemas de unxs y otrxs y de colectivizar los nuestros propios, tenemos miedo al calor humano, a la comprensión, al altruismo, a la empatía, tenemos miedo a hablar con la gente porque vivimos rodeadas de desconocidxs, y nuestras verdaderas amistades están en un puto perfil de Facebook, en la lista de contactos del Whatsapp o en la función online de nuestros videojuegos favoritos. Al mismo tiempo, la industria crea las condiciones de canibalismo social que nos abocan a una guerra de todxs contra todxs donde se destruyen la naturaleza, la vida y los pocos lazos que aun nos unen, y mientras la misión humanitaria de la OTAN bombardea Libia y Siria con fósforo blanco y bombas de racimo en una masacre patrocinada por nuestros impuestos y por grupos empresariales que se disputan los recursos, nosotrxs pisoteamos al vecino que cobra menos para destacar sobre él, para ascender en la empresa o simplemente para poder presumir de un ego miserable a cuya persecución hemos consagrado nuestras pequeñas y patéticas existencias. En este desolador escenario, las relaciones se empobrecen hasta límites insospechados y para un ser necesariamente social, que no puede sobrevivir sin estar rodeado de otrxs seres en ambientes cómodos y agradables donde poder completarse y desenvolver sus inquietudes y necesidades creativas, intelectuales y de realización personal, esto significa la muerte o la locura, dos caras de una misma moneda y es quizá necesario detenerse ahora para explicar a qué me refiero cuando hablo de esto:

Si como ya he explicado las relaciones han sido reducidas a fingimiento y respuestas automáticas, si al hacerlo se ha degradado el contacto humano y se ha transformado la Sociedad en un campo de batalla mientras la tecnología nos suministra dosis de realidad virtual con las que tratar de parchear nuestra grave deficiencia de interacción real, honesta y cálida con otras personas y seres de nuestro entorno y si con esto se está abocando al/a la individux a un vacío existencial producido por la búsqueda de una compleción que nunca llega porque está secuestrada en el oscuro interior de sus propias obsesiones, entonces podemos dar por concluido que lo que todo esto produce es una cierta forma de enajenación que surge de las condiciones producidas por una determinada ingeniería social demente de la que es extremadamente complicado escapar y de la que sólo puede nacer una demencia cada vez mayor y más peligrosa a medida que los escasos sentimientos compartidos que todavía tenemos van desapareciendo, olvidados o muertos de frío dentro de la inhumana fábrica social.

Cuando un chico coge un arma y se dirige con ella a su instituto en una ciudad estadounidense, abriendo fuego indiscriminadamente contra profesores, compañerxs de clase, padres y mobiliario escolar, para finalmente volarse la tapa de los sesos antes de que sea la policía la que acabe con su vida, en los medios de comunicación (y por lo tanto en las tertulias de la masa social, dado que las características de su imaginario dependen en gran medida de lo que se emite por la tele) se trata como un incidente aislado, y se escenifica un ridículo baile de culpabilidades donde, como si del juego de la patata caliente se tratase, todo el mundo trata de pasarse la responsabilidad antes de que esta finalmente estalle ensuciándolo todo. El instituto culpará a los padres, los padres al instituto, los medios de comunicación a ambos, ambos hablarán, en un momento concreto, de que los medios emiten demasiada violencia y algún educador iluminado mencionará las imágenes explícitas de muchos juegos de videoconsola o de los dibujos animados que el chaval veía en su infancia. Al final, se crea un circo en torno al suceso pero no se analizan las cuestiones realmente importantes:

¿Nadie se ha preguntado por qué aumentan los suicidios, los asesinatos en serie, los casos de auto-lesión, por qué el estrés tiene consecuencias cada vez más graves en el día a día de las personas, por qué se ha disparado en los últimos años el consumo de anti-psicóticos, ansiolíticos y demás drogas psiquiátricas, por qué la gente no sabe relacionarse en ciertos entornos que no forman parte de su hábitat artificial...? En serio, ¿Por qué estas y otras cuestiones no son puestas sobre la mesa? La respuesta duele, pero la duda ofende así que hablemos claro. No se abordan estas cuestiones porque nos aterrorizan, nos ponen la piel de gallina y nos hielan la sangre, ya que nos llevan a cuestionar una serie de cosas que componen una realidad social que se asemeja cada vez más a un manicomio que a una comunidad sana, una realidad social a la que, nos guste o no, pertenecemos, a la que no somos ajenxs (ni seremos jamás, no al menos del todo, a no ser que la hagamos saltar por los aires) y que, en cierto modo, a su manera, también nos mantiene colonizadas, sitiadas. Fugarse es urgente, pero ¿cómo fugarse de un psiquiátrico que no tiene puertas, ni ventanas, ni muros, cómo huir de nosotras mismas, de la "educación" que nos han inculcado los especialistas de la sociología y los profetas del panegírico farmacológico?

La locura produce aislamiento, y la soledad auto-destrucción y muerte. Tras grandes montones de tomos y volúmenes de teoría revolucionaria, tras panfletos, en cada mesa redonda, en cada asamblea, en los bancos que destrozamos con martillazos, fuego y pólvora, en los mobiliarios reducidos a cenizas en nuestras barricadas cortando las calles de la ciudad, en cada huelga y en los tediosos y constructivos (o inútiles, según se mire) debates sobre temas de toda clase, hemos dejado atrás a quienes en las periferias de la Normalidad burguesa hacen frente a un enemigo doble, ya que las murallas de su fortaleza no son sólo atacadas por los agentes de una burocracia encargada de aniquilar sutilmente a todo lo que no rinda culto a los centros y a la sumisión a las leyes de la economía y la mercancía, sino también por la incapacidad de transmitir sus emociones por ser estas incomprensibles, desconocidas, peligrosas, terribles para el/la ciudadanx común. De esa marginalidad accidental se deriva una situación de exclusión que repercute en que esas personas se sientan traicionadas y engañadas y eso hace nacer en ellas un sentimiento de rencor tan profundo como legítimo. Dicho sentimiento no les deja dormir, es una voz que resuena mil veces en su cabeza clamando venganza y algún día, los excedentes de la producción en masa de comportamientos obedientes y "sensatos", que no son funcionales al dominio, transformarán todos estos sentimientos en una tormenta de ira y salvajismo dirigida contra los mismos cimientos de esta civilización genocida y como ya apuntó en su día Joseph Dejacque, "no es la oscuridad lo que los bárbaros esta vez traerán a este mundo, es la luz".

Os contaré un secreto a lxs bien-pensantes y a lxs psicópatas encargadxs de la administración indolente de este desastre: Los anti-depresivos no darán resultado eternamente y los psiquiátricos ya están rebosantes de personas enterradas en vida. Aceptadlo y respondedme a una pregunta: ¿Qué haréis cuando no podáis contenerlos a todxs?...

Los locos empiezan a golpear las puertas y los bárbaros bajan la colina. La megalópolis de los realistas tiene los días contados, huid ahora que podéis, pues nadie se salvará cuando las antorchas y los gritos anuncien el inicio de la ceremonia del Caos, ni siquiera nosotrxs, que intentamos ver la belleza donde otrxs sólo veían un reflejo de su culpa.