"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

sábado, 20 de julio de 2013

Otra muerte más en un centro de menores, esta vez en Navarra.

No hace ni un mes que en el madrileño barrio de Villaverde tenía lugar una manifestación en memoria de Ramón Barrios (joven habitante de ese mismo barrio muerto de una paliza en el centro de menores Teresa de Calcuta, en Galapagar, Madrid) y contra todos los centros de menores, que nos llevó a darnos cita a un modesto grupo de solidarixs entre lxs que nos contábamos tanto personas sensibilizadas con la lucha anti-carcelaria y la situación de las personas presas como familiares y colegas de Ramón Barrios. La historia de Ramón aun nos encoge el corazón y nos llena de rabia el estómago, humedeciendo nuestros ojos cuando pensamos en que unos carceleros tuvieron el atrevimiento de dirigirse a él con un "ahora vas a saber cómo tratamos aquí a los perros" antes de pegarle una paliza que acabó con su vida, y sobre todo, cuando recordamos que la dirección del centro, con la colaboración y el silencio cómplice de responsables institucionales y medios de comunicación, trataron, por todos los medios, de impedir que la familia de Ramón pudiese ver el cadáver antes de su incineración, aunque no pudieron evitar, finalmente, que su madre y demás asistentes al tanatorio contemplasen, bajo capas y capas de maquillaje, las marcas de los moratones que ponían de manifiesto la terrible verdad: A Ramón le asesinaron. Hoy continúan ocultando información respecto a aquella muerte.

Tras la manifestación, esperábamos haber tenido algún impacto, algún resultado, pero como siempre, los hechos hablan solos y la historia se repite, en otras circunstancias, de otro modo, quizá sí, pero igualmente atroz. Otro joven ha muerto en un centro de menores.

Un chaval de 15 años y origen búlgaro apareció ahorcado en su habitación a finales de junio, en el Centro de Observación y Acogida de Pamplona, un centro de menores gestionado por la fundación Ilundáin.

Según la web centrosdemenores.es (aquí y aquí), quienes tras el trágico suceso se pusieron en contacto con la dirección del centro para obtener más información sobre los hechos, Charo Martínez González, jefa de gabinete del consejero de políticas sociales, mantuvo una conversación telefónica con uno de lxs redactorxs de la web, a quien indicó que la conducta del joven muerto sería especialmente problemática, y que "suponía un peligro para las personas de la calle" ya que su comportamiento "no se podía manejar" (o sea, que para esta bastarda sin escrúpulos, el hecho de que la conducta de un/a niño/a no se someta a las normas y órdenes de la maldita normalidad democrática, convierte al/a la niñx en cuestión en un/a "peligro para las personas de la calle"). La susodicha añadía que los motivos por los que la conducta del chaval "no se podía manejar" son "confidenciales" (¿se movía demasiado?, ¿no hacía los deberes?, ¿contestaba y no cerraba la boca?, ¿era más listo que tú?... ¿cuáles son los motivos, por qué esconderlos?). Como siempre, cuando se produce la muerte de un/a joven bajo custodia, no faltan las trabas a la hora de acceder a documentación y/o datos realmente esclarecedores pues es mejor ocultar, negar, manipular en la tele y esperar a que la ciudadanía bien-pensante se olvide del asunto que desempolvar los archivos y arriesgarse a que una investigación no controlada por los poderes gubernamentales o institucionales ponga en peligro el secretismo existente en todo lo relativo a la atroz realidad de esas cárceles en miniatura.

El mismo colectivo de la web centrosdemenores.es, de hecho, apunta que estas no fueron las únicas dificultades que la burocracia puso en su camino en cuanto trataron de averiguar más cosas respecto a la muerte por un presunto suicidio del chaval. Así, en uno de sus artículos (enlazados antes) escriben sobre la odisea que tuvieron que llevar a cabo para ponerse en contacto con el personal del centro:

"Desde la redacción hemos contactado con la Fundación Ilundaín para constatar lo ocurrido y desde la propia Fundación niegan cualquier suceso y nos remiten a la Delegación del Gobierno de Navarra. Desde la Unidad de Protección y Bienestar al Menor de la comunidad de Navarra una funcionaria del departamento nos confirma dicha muerte y nos indica que debemos de hablar con el jefe de sección del departamento para obtener más información, cuando hablamos con el jefe de sección tras hacerle las preguntas correspondientes con el fallecimiento del joven, este nos indica que tenemos muy poco tacto y carecemos de profesionalidad haciendo este tipo de preguntas. Nuevamente la administración responsable de la tutela de lxs menores de Navarra niega sistemáticamente cualquier acontecimiento y acoge las actuaciones de la Fundación Ilundaín en un acto de silencio".

Cuando finalmente reciben algo parecido a una explicación, Charo Martínez confirma que el joven, de 15 años y origen búlgaro, llevaba sólo 20 días en el centro, y que el día de su muerte estaba en su habitación encerrado como castigo por una mala conducta (habría que ver lo que es para esta gentuza una "mala conducta") y que el personal responsable estaría comprobando cada 5 minutos el estado del chico, al que le habría bastado ese intervalo de tiempo para ahorcarse con una camisa. Para Charo Martínez, todo se debe a que el chico trató de fingir un intento de suicidio para llamar la atención, con la mala suerte de que la camisa que utilizó a modo de soga le presionó la vena del cuello y le causó la muerte. Sinceramente, no me lo creo y en caso de que sea así, ¿a qué límites llega la desesperación de un niño de 15 años, ¡de sólo 15 años!, para tener que fingir un intento de suicidio para que le hagáis caso?, ¿lo habéis pensado?, ¿qué diablos le habrá tenido que pasar por la cabeza a un crío de 15 añicos para llegar a ese extremo?

No es casualidad que, hace aproximadamente dos años, otro joven se suicidase también en el mismo centro. A estas muertes se suman otras como la de Saray, una chavala de 14 años que murió al saltar del furgón que la llevaba de nuevo al encierro en Casa Joven (Henares), la de Hamid, niño de 13 años que se suicidó (a saber por qué) mientras le mantenían en una celda de aislamiento en Picón del Jarama, la de David, quien con sólo 12 años apareció muerto en lo que llamaron en su día "extrañas circunstancias" (así llaman al nefasto resultado de la desatención, el aislamiento, la tortura...) en su celda del centro de menores de Baix Vinalopó (Elche) y bueno, no sé... ¿queréis que siga?

Cada día nos dejáis más claro que sois sólo robots programados y no contáis con nada que se asemeje a una condición humana, que no tenéis corazón, ni alma, ni ternura ni compasión. Torturadorxs profesionales con diploma y bata, educadorxs mercenarixs y sádicxs carcelerxs que imponéis con palizas y pastillas una realidad que atormentaría a cualquier persona sensata. Enteraros ya, ¡miserables!:

- El tranquimazín no es un desayuno.
- Las palizas no son un método educativo.
- Producir miedo en el/la niñx no hará que os respete, sólo conseguirá, en algún caso, que os tema y eso no soluciona nada, es más, genera nuevos problemas que solucionaréis con nuevos gritos o peor, con golpes y drogas farmacéuticas, porque sois incapaces de entender ¡que el problema sois vosotrxs!
- El aislamiento no es didáctico ni enseña nada. La soledad destruye a las personas física y psicológicamente. Necesitamos calor humano, necesitamos comunicarnos, sentirnos cerca, comprendernos y ayudarnos mutuamente, cuidar unxs de otrxs y no enterrar en sarcófagos de cuatro paredes todos los "problemas" (nosotrxs preferimos llamarlos seres humanos) que no sois capaces de "solucionar".
-  La rebeldía no puede ser encerrada, cada vez que la encerráis le dais más motivos para aflorar.

A continuación, unas palabras acompañadas de música dedicadas a lxs que se ahogaron tras los muros y también a todxs lxs que todavía intentan respirar dentro del sofoco carcelario que la sinrazón construyó alrededor de miradas asustadas y manos frías:


Tras las cuatro paredes de los centros de menores se esconde la cultura del miedo que nos demuestra que las grietas de esta sociedad no hay manera alguna de esconderlas. El sistema desestructurado, la pobreza, la miseria generada por la desigualdad de las clases derivadas de la creación del dinero, las instituciones de la educación que construyen peones para que su juego continúe. Los delitos de los menores y las menores encerradxs sólo son un reflejo de todos estos errores.

Sólo la tortura física y psicológica, el miedo, la medicación forzosa y la impotencia y la rabia contra esto pueden hacer que un niño de sólo 14 años encuentre como única salida el suicidio...

Desde aquí todo nuestro odio hacia sus centros de exterminio. Hasta vencer. Abajo los muros...