"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

lunes, 10 de junio de 2013

Un niño portugués explica a su madre por qué no quiere comer animales.

Este vídeo llegó a mí hace unos días, cuando varias personas me lo enviaron. Debo decir que pocas cosas me sacan una sonrisa tan grande como encontrar en un/a niñx y su inocencia la afinidad que no encuentro en tantxs adultxs presuntamente "madurxs", no sólo en términos de especismo sino en todo lo demás. Muchas veces nos obcecamos a la hora de explicar a una persona por qué somos veganxs, cuando simplemente basta con una pregunta bien planteada, o con la lógica más simple para comprenderlo:

Si podemos vivir sin dañar a otros seres que igual que nosotrxs sufren, desean ser libres, manifiestan dicho deseo y son capaces de amar, de desarrollar empatía y lazos sentimentales, lo que implica una conciencia de sí determinada, ¿por qué no hacerlo?

Dejando la soberbia aparte, me sobran argumentos tanto biológicos, como nutritivos, como de salud, como éticos, para desmontar a cualquiera que venga con el cuento de que comer carne no tiene nada de malo, es respetable, necesario o que se trata de algo "natural" (me hace mucha gracia la gente que sigue hablando de cosas naturales en un mundo como este, donde ni siquiera los árboles que nos rodean son naturales y vivimos encajonados entre edificios y chimeneas con nuestros instintos en prisión y nuestra esencia violada por la ingeniería genética... además, ¿natural según qué punto de vista?, ¿el de la ciencia antropocentrista?, ¡no me sirve!). Sin embargo, prefiero dejar por aquí este vídeo, y que cada unx saque sus conclusiones.