"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

jueves, 13 de junio de 2013

[Texto] La represión y los buenos chicos.

Recibo en el correo electrónico este texto, y le doy la difusión que creo que se merece. Acertadas reflexiones sobre el papel apagafuegos que juegan ciertas dinámicas y puntos de vista presentes en el anarquismo, y en mi opinión, viciados y envenenados por la ideología patética del señalamiento y el lloriqueo ante todo lo que no es políticamente correcto o no forma parte de la ideología de la "buena imagen".

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Que la historia es cíclica no es nada nuevo. Los patrones se repiten a lo largo de los siglos inexorablemente, el aprendizaje colectivo respecto a lo que a la historia concierne es desesperadamente lento. Aquellxs que somos más o menos conscientes de las meteduras de pata cíclicas como sociedad, estamos condenadxs a ser una minoría de incomprendidxs, soñadorxs, lunáticxs... Aún más desesperante resulta la total incapacidad de aprendizaje que se observa dentro del movimiento contestatario, las traiciones y cagadas se esparcen por el tiempo siguiendo patrones reconocibles. Podemos leer un rifirrafe entre La Antorcha y La Protesta y pensar que se escribió ante-ayer cuando en realidad lleva casi un siglo escrito. Lo mismo cuando leemos sobre el enfrentamiento entre trentistas e insurreccionalistas (lxs de los años 30, o sea, Durruti & co., no me refiero a lxs de Bonnano, aunque cabe destacar como es que aquellxs insurreccionalistas fueron hechxs santxs y mártires de la causa por el anarco-stablishment confederal mientras que lxs actuales son demonixs, locxs e infiltradxs títeres al servicio del Estado y el capital). Los partidos políticos de izquierda siguen traicionando una y otra vez a lo largo de la historia a la masa a quien pretenden abanderar hacia la supuesta liberación, que no es más que el afianzamiento en el poder de la casta burocrática que dirige dichos partidos, y la masa, la gente de a pié sigue perdida en la niebla buscando referentes a lxs que seguir, sin darse cuenta de que esa búsqueda está irremediablemente condenada a la decepción...

Como siempre a lo largo de la historia sigue habiendo quien se rebela, quien emprende un camino incierto de lucha sabiendo que la consecución de cualquier objetivo por nimio que sea se encuentra lo bastante lejos como para no poder alcanzarla con la vista. La lucha entre oprimidxs y opresorxs es una constante en la historia, unxs y otrxs nos asestamos golpes con mayor o menor acierto, cada bando llora a sus víctimas y ensalza a sus héroes/heroínas. La represión es una constante en la historia de la lucha contra la opresión del hombre por el hombre (o de la mujer por la mujer, la mujer por el hombre y viceversa). Hacer de esta un hecho excepcional nos hace frágiles y ciegxs. Intentar buscar motivaciones y culpabilidades que no sean las del propio sistema dominante confunde a aquellxs que se tragan las consignas como dogmas y carecen de la suficiente capacidad crítica y sentido común como para valorar otras posibilidades diferentes de la verdad oficial que ofrece el stablishment alternativo, se repite el comportamiento de la gran masa frente a las verdades oficiales de los mass-media solo que en este caso la verdad oficial parte de la organización-partido, del sindicato o del movimiento según el caso. Esta situación se repite una y otra vez, es curioso ver como desde la transición hasta nuestros días el Caso Scala sale a la luz cada vez que, o bien se sucede un golpe represivo (se habla de montajes) o bien ocurre un ataque decidido y violento perpetrado por compañerxs (en este caso se habla de infiltradxs y provocadorxs). Lxs agorerxs del movimiento amenazan con la destrucción del movimiento como el cura amenaza con el infierno, sin contar que para destruir el movimiento primero tiene que haber un movimiento real al que destruir, y siendo francxs, más que un movimiento lo que hay es un ligero “meneíllo”. Una y otra vez se repite la misma perorata sobre el Caso Scala y el daño que este hizo al movimiento, “...la CNT quedó diezmada...”, “...Martín Villa nos asestó un duro golpe...”, “...lxs ilusxs que se dejaron seducir por el engaño de la acción contribuyeron a la destrucción de todo lo que habíamos logrado...”, “...para el régimen era más peligrosa la CNT que la ETA...”, de tanto oírlo ya aburre. Esta claro que el Caso Scala fue obra de un infiltrado, está claro que fue trágico para las víctimas (algunas de ellas afiliadas a la CNT) que murieron en el incendio, pero descargar toda la responsabilidad del desmoronamiento de la lucha anarquista a los hechos del Scala es algo desproporcionado e irresponsable, eso sí, es útil para no asumir responsabilidades, para no hacer auto.crítica de como si vendes una moto descafeinada, a la que las cosas se complican parte de los “traga-motos-de-manera-acrítica” salen en desbandada, es útil para no asumir responsabilidades respecto a lo asquerosamente dañinas que eran y son las pugnas de poder y “batallitas” entre “familias confederales” y de como estos asuntos monopolizaban el tiempo, los esfuerzos y la paciencia de la mayoría de la organización y espantan a cualquiera que se tome la CNT como lo que debería ser, una herramienta para gestionar y coordinar las luchas contra el opresor y para acabar con la explotación del hombre por el hombre (la mujer por la mujer, etc,etc,etc.), es útil para no asumir responsabilidades en el hastío y desmotivación que se fomenta con la afición a la expulsión cual tribunal de la anarco-inquisición de cualquier sindicato, grupo u organización que se desvíe de las directrices marcadas por la jerarquía dominante en ese momento, (¡joder que parecemos comunistas!), se llame expulsión-escisión CNT-CGT, se llame desfederadxs o Joaquín Costa en Catalunya, o tantas y tantas actitudes mezquinas más propias de partidos autoritarios que de organizaciones anarquistas. ¡Parecía que la expulsión del disidente era el deporte de moda en el movimiento!, y eso no, eso no tira a la gente para atrás, que va... ¡la culpa es del Caso Scala y punto!.

Aquí estamos, en pleno siglo XXI y todavía vendemos motos descafeinadas, no somos capaces de ponernos de acuerdo para hacer un 1º de Mayo unitario y combativo, y lxs compañerxs que atacan al opresor son infiltradxs, locxs y provocadorxs... ¡y la culpa de todo la sigue teniendo el Caso Scala!

Es bien cierto que el Estado se sirve de montajes para atacarnos, pero eso no indica que seamos buenxs chicxs, tan sólo indica que en esos momentos los servicios de coerción de la maquinaria represiva son tan patanes como para no encontrar pruebas reales con las que acusarnos y se las tienen que inventar. Basar la defensa en la inocencia es cosa de lxs abogadxs y decisión personal del/de la acusadx, basar la defensa en la inocencia de lxs compañerxs por parte del movimiento-meneíllo es irresponsable y perjudicial, sobre todo para aquellas futuras detenciones en que la inocencia es improbable o se reivindica orgullosamente la culpabilidad como antaño se hacia de manera más o menos habitual. Esparcir alegremente el discurso de que somos buenxs chicxs, responsables trabajadorxs, ejemplares estudiantes, buenxs padres/madres de familia y que las bombas, el fuego y el puñal no es cosa de lxs anarquistas buenxs, es mezquino, ruin y sobre todo mentira, una gran mentira que se vuelve arma mortal contra lxs compañerxs de acción que asumen las bombas, el fuego y el puñal como parte de la lucha contra el opresor. Dejemos para los tribunales y lxs perrxs del opresor el vocabulario repugnante de culpable o inocente, lxs represaliadxs son ante todo compañerxs y como tales nuestra solidaridad y respeto es indiscutible. No por eso el apoyo incondicional se hace de manera acrítica, no quiero decir eso ni mucho menos, las críticas y las discrepancias son tan intrínsecas al movimiento como lo es la acción directa, siempre y cuando se hagan con el cuidado y la mesura necesaria como para que no sirvan de munición al enemigo contra nuestrxs compañerxs.

Ellxs buscan culpables, nosotrxs no somos inocentes...
Que la solidaridad entre ácratas no sea tan sólo palabra escrita.

Ácrata