"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

jueves, 30 de mayo de 2013

Sobre la minería a cielo abierto en Galiza.

Panfleto redactado acerca de los proyectos de minería a cielo abierto que asolan este fragmento del territorio dominado por el Estado español y amenazan flora, fauna y vida para, una vez más, el lucro exclusivo de multinacionales asesinas, empujando al mundo a la agonía y destruyendo la vida comunitaria que queda en el rural y la naturaleza.

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Ahora que las fuentes de capital escasean, la nueva fuente de beneficios se encuentra en la minería a cielo abierto, una catastrófica propuesta que consiste en remover la capa superficial del terreno para dejar al descubierto grandes cantidades de mineral. Esta propuesta fue desestimada años atrás por poco rentable, dado que la proporción de minerales de calidad por terreno estragado era insignificante, pero ahora por lo visto este método extractivo para despertar la curiosidad de la Xunta de Galicia, que, sin pelos en la lengua, lanza su nuevo eslógan: “Galiza es una mina”.

Nosotrxs sabemos que el desarrollo capitalista no sale gratis. Vivimos en un sistema donde el desarrollismo industrial requiere una cantidad cada vez mayor de recursos, necesidad que para ser abastecida necesita a su vez de una destrucción cada vez mayor del medio ambiente, lo que no es sostenible dado que los recursos naturales son limitados y los métodos para obtenerlos empleados por las principales empresas con el beneplácito de los gobiernos, además, suelen imposibilitar una regeneración posterior. En concreto, la minería a cielo abierto acarrea una serie de consecuencias que se encuentran vinculadas respectivamente a cada una de las cuatro etapas de las que consta cada proyecto: Prospección de los terrenos, preparación de la mina, extracción de los minerales y preparación de los mismos para su uso.

Algunas de estas consecuencias son:

  • Alteración del terreno: Alterar la morfología del terreno implica la destrucción irreversible de muchos acuíferos y desplazamiento de cursos de agua, además de dejar al descubierto yacimientos con grandes cantidades de materiales tóxicos.

  • Contaminación del aire con polvo residual y outros elementos nocivos originados a lo largo del proceso.

  • Contaminación del agua: Las aguas contaminadas, fruto del contacto entre los cursos de agua y los tóxicos presentes en la mina, se filtran y en ocasiones llegan a las fuentes naturale de abastecimiento, afectando a todo el agua.

  • Contaminación del suelo: El retiro de grandes masas de terreno para abrir la mina deriva en un proceso de erosión antinatural y constante que suele afectar también al área periférica esterilizando el suelo cercano con vertidos “accidentales”, además de causar destrucción de acuíferos.

Por supuesto, la puesta en marcha de unos mecanismos en condiciones para la gestión de residuos y de restauración de los terrenos afectaría seriamente a la rentabilidad del proyecto, y por eso las medidas tomadas suelen ser muy insuficientes (aunque nosotrxs nos oponemos de manera total a que estas minas inicien sus proyectos, independientemente de las medidas de “seguridad” que puedan tomar). Cuando agotan los últimos beneficios, las empresas recogen el tinglado y se marchan, dejando a su paso terrenos muertos y aguas envenenadas que jamás volverán a tener una utilidad para ningún/a animal, pero con los que las comarcas de alrededor tendrán que aprender a convivir en el futuro.

En el mes de enero la Xunta sometió a información pública los expedientes de diversos proyectos mineros en los ayuntamientos de Xinzo de Limia, Forcarei, Corcoesto, Castrelo de Miño, Ramirás y Cartelle. Parecen muchos pero sólo son una pequeña muestra de las múltiples solicitudes para concurso de derechos mineros que recibió la Consellería de Economía e Industria en los últimos años.

El proyecto minero de Corcoesto es uno de los más conocidos pero no el único aunque sí que es el que más daño ambiental provocaría. Este proyecto afecta a los ayuntamientos de Carvallo, Cabana de Bergantiños y Ponteceso, Coristanco y principalmente a las parroquias de Cereo y Valenzá. La Xunta del Partido Popular aprobó un permiso para que la multinacional canadiense Edgewater reabra la mina que había sido cerrada por una empresa inglesa en el año 1910 y amplíe a 700 las hectáreas para la extracción de oro y otros metales. Cabe destacar que a día de hoy los efectos de aquella pequeña mina siguen existiendo al verter 850 kilogramos de arsénico y gran cantidad de cianuro cada año y los efectos llegan hasta el día de hoy. No queremos imaginar el efecto que tendría una mina de 700 hectáreas... Esto por no hablar de las explosiones, en las que volarán por los aires una superficie equivalente a 530 campos de fútbol sólo en Corcoesto.

En un momento en el que se hace patente la vulnerabilidad de la estructura sobre la cual se sostienen los privilegios de la misma clase corrupta que lleva décadas enriqueciéndose a nuestras espaldas, no nos sorprende que aparezcan estas búsquedas desesperadas de beneficios, con los que la debilitada Unión Europea pretende recuperar el aliento y asegurarse un buen puesto en la jungla competitiva de los mercados internacionales, donde controlar las actividades extractivas de minerales que constituyen la base de nuestro “espléndido” y “perfecto” estilo de vida moderno supone estar en la cumbre. Los políticos hambrientos (de poder y dinero, el estómago lo tienen bien lleno no como las familias desahuciadas o en el paro) venden la tierra a capitales extranjeros y especulan traficando con el expolio de los recursos para competir con otras potencias y cuando vienen las consecuencias miran para otro lado (ver si no el desastre que dejaron en Nova Rumasa). Nosotros creemos que hay motivos suficientes para posicionarse y para actuar en contra de esta y de otras intentonas del delirio asesino de la mercancía de arrasar con nuestros montes, con nuestros ríos y con nuestras propias vidas.

Minería ni aquí ni en ninguna parte.
La naturaleza no es un centro comercial.

Gobierne quien gobierne, la tierra no se vende.