"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

domingo, 26 de mayo de 2013

Resumen sobre los hechos de Estocolmo.

Esto es un resumen de la situación que se ha estado viviendo en la periferia de Estocolmo esta última semana, donde estalló una revuelta tras el asesinato racista de un anciano de 69 años a manos de la policía en su apartamento del precario barrio de Husby. Teniendo en cuenta que escribo sobre una experiencia no-vivida, sólo puedo ceñirme a lo que he ido encontrando en diferentes páginas web de contra-información, y no puedo negar que quizá tenga equivocaciones o errores respecto a la realidad, fruto de la distorsión que la información sufre al traspasar fronteras y ser interpretada por unxs y otrxs. Pido disculpas si se diese el caso e insisto en que mi intención es simplemente contribuir a una comprensión del conflicto más allá tanto de los prejuicios de la clase media que señala sin entender sólo porque les da miedo todo lo que rompa su normal convivencia ciudadana arraigada en la miseria de lxs sin-suerte, como de los prejuicios y análisis de lxs académicxs de la revolución que se apresuran a condenar lo que consideran estallidos espontáneos sin sentido.

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"[...] Pueden los bárbaros liberarse. Pueden afilar sus espadas, pueden blandir sus hachas de guerra, pueden golpear a sus enemigos sin piedad, pueden aborrecer tomar el lugar de la tolerancia, puede la furia ocupar el lugar de la resignación, puede la barbarie ocupar el lugar del respeto. Pueden las hordas bárbaras asaltar, autónomamente, de la manera que crean oportuno. Y pueden no volver a crecer tras su paso parlamentos, instituciones de crédito, supermercados, barracas, fábricas. Contra el cemento armado que se levanta para dañar nuestro cielo y la polución que lo ensucia, uno puede asegurar como decía Dejacque "No es la oscuridad lo que los Bárbaros esta vez traerán a este mundo, es la luz" — Bárbaros, la insurgencia desordenada, por Crisso y Odoteo.

El asesinato de un inmigrante a manos de la policía en un suburbio de la periferia de Estocolmo (Suecia) ha vuelto a prender la chispa, desencadenando disturbios, asaltos y sabotajes que traen de nuevo al frente la reacción a la deshumanización que se vive en los márgenes de sus paraísos consumistas, donde ni las luces de neón, ni las farolas ni los escaparates iluminan la vida de quienes nacieron sin futuro, condenadxs a buscarse la vida lejos de la miseria que las multinacionales del progreso occidental crearon en sus lugares de origen. Hoy, lxs hijxs de aquellxs inmigrantes ven que la vida en Suecia es intolerable, sin poder salir de la pobreza y por debajo incluso de sus amigxs pobres pero suecos, quienes reciben escasas ayudas frente a la total exclusión social que se realiza contra lxs migrantes. Ante esto, reaccionan de forma natural calcinando todo aquello que les recuerda que son lxs desposeídxs de la tierra, que todas las promesas eran mentira y que el Estado de derecho es una frivolidad.

El domingo 19 de mayo la policía tiroteaba en su domicilio de Husby (área de 12.000 habitantes de lxs cuales un 85% son migrantes de primera o segunda generación) a un anciano migrante de 69 años, en lo que posteriormente lxs vecinxs describirían como una ejecución racista a sangre fría. El suceso hizo estallar esa misma noche los disturbios, que entre coches ardiendo, comercios saqueados y enfrentamientos a pedradas con la policía convertían las calles en una zona de guerra en uno de esos lugares donde ya no se disimula el racismo de la sociedad y de la democracia burguesa.

Sólo durante la noche del domingo, se estima que el número de coches quemados rondaba los 100. Como alguien dijo refiriéndose a la quema de coches durante los disturbios del otoño de 2005 en las banlieues francesas "lxs jóvenes que incendian coches han comprendido por qué lo hacen. No los queman por no tenerlos, los queman para no tener que desearlos".

La cosa, sin embargo, no se quedó ahí. El lunes la juventud salvaje volvió a tomar la calle, donde 11 coches más fueron quemados y diferentes escaparates de bancos y tiendas de lujo fueron arrasados, mientras los enfrentamientos con lxs represorxs continuaban y se extendían a otros barrios como Kista, Rinkeby, Jakosberg y Norrsborg. La chusma del gueto le había declarado la guerra a la políticamente (cínicamente) correcta Suecia.

En toda esta vorágine de espontaneidad incontrolable, Fredrik Reinfeldt, ministro conservador, salió a la palestra a dar el típico discurso bocazas donde sentenciaba: “Hay grupos de jóvenes que piensan que pueden y que deberían cambiar la sociedad por la fuerza. Seamos claros: eso no está bien. No podemos dejarnos gobernar por la violencia” Esto lo dice el mismo que envía tropas a Afganistán a masacrar inocentes a cambio de materias primas, lo dice el que envía la policía racista a patrullar barrios-basurero aislados del centro de sus lujosas metrópolis, lo dice el que sigue obedeciendo y haciendo cumplir a su vez por medio de la fuerza los designios de un sistema terrorista e injusto. Él habla de violencia, y lxs jóvenes del suburbio hablan de justicia.

El martes la revuelta continuaba ampliando sus fronteras contagiando a otros barrios y los enfrentamientos se recrudecían. Un chaval de Kista, de 23 años, decía: “Me temo que esto irá a peor. Será como en Francia”, en referencia a los hechos de octubre y noviembre de 2005. También denunciaba que llevan años sufriendo acoso policial, racismo por parte de las instituciones del Estado y represión, y que el próximo muerto tras el anciano de 69 años del domingo pasado podría ser su padre o su hermano.


El miércoles había ya 9 personas detenidas, de las cuales 6 tienen menos de 20 años. En esta nueva jornada fue incendiada una comisaría de policía en Rågsved y los enfrentamientos volvieron a sucederse en Husby, Hjulsta, Hagsätra y Fruängen, con al menos otra persona detenida en este último. Otras zonas afectadas fueron Huddinge, Botkyrkavägen, Fittja o Tensta. En Hagsätra un policía tuvo que ser hospitalizado tras resultar apaleado por lxs revoltosxs. Los daños materiales continuaban creciendo, entre coches incendiados, vehículos policiales dañados, cristaleras de negocios de lujo destrozadas, daños en una escuela (esas escuelas donde se adoctrina a lxs suecxs y se margina a lxs migrantes) y demás.


De todas partes de la ciudad se fueron aproximando grupos solidarios, pese a las dificultades que habían puesto para llegar tanto el transporte público (los autobuses suspendieron todas las líneas que pasaban por las zonas afectadas por los disturbios) como la propia policía, efectuando controles en las entradas. En uno de estos controles, en Södertörn, cuatro jóvenes fueron detenidos tras ser parados por la policía cuando iban en un coche. Tras registrar el automóvil la policía habría encontrado "material incendiario", aunque algunas fuentes hablan de que se trataba de la propia gasolina para el coche.

En Rinkeby ardieron cinco coches. En la estación de metro de Vällingby se destrozaron ventanas de un tren. En Kista fueron incendiadas una boutique de lujo y una escuela. En Älvsjö le tocó el turno a una oficina de impuestos y a una biblioteca. En ese mismo barrio, a las 23:13 grupos de jóvenes incendiaron la comisaría local, así como también rompieron cristaleras de la estación de autobuses y varias boutiques más.



De momento, la tensión sigue regalando a la juventud más noches calientes, pero la información es escueta. Como análisis, no diré nada que no se haya dicho ya, así que mejor me lo ahorro. No me corresponde a mí analizar estos sucesos, sino a aquellxs que los viven y protagonizan, con su rabia y su desesperación como únicas armas contra un mundo que les niega y les ahoga.

La revuelta es reproductible...