"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

martes, 30 de abril de 2013

Ver para creer: Un sucedido y varias reflexiones.

Hay cosas que sabemos que suceden y que están ahí, pero a las que nunca terminamos de habituarnos o que nunca dejan de sorprendernos. Esto es una historia que nos sucedió recientemente en el metro de este monstruo que es Madrid, y sobre la cual he querido reflexionar en este texto.

Uno de estos días, un compañero y yo transitábamos por los alrededores del barrio de Moncloa cuando fuimos a pillar el metro en una de las estaciones de la calle Argüelles. Ante la ausencia de personal de seguridad, la decisión fue la de colarnos sin pagar billete. Nos dirigíamos a uno de los andenes cuando, maldita sea, aparece un control en medio del pasillo formado por dos revisoras y un segurata. Amablemente, nos piden el billete y nosotros les contestamos que no tenemos y que además, no pensamos pagarlo pues se trata de una empresa de especuladorxs y explotadorxs de mierda, responsables en buena medida de los procesos de gentrificación y urbanismo carcelario que se desarrollan en los barrios de la metrópolis y que, además, ni siquiera teníamos dinero encima para abonar el precio. Ante tal respuesta. el guardia avisa a una de las revisoras que, muy maja también, nos dice que si tenemos abono lo mostremos porque no es sancionable, y que si no tendría que multarnos (me parece que son 30 pavos). La cosa es que estábamos sacando el DNI y soltando un discurso-apología de por qué no pagábamos cuando de repente la revisora nos dice que se conoce el diálogo, que ella había estado en las Juventudes Libertarias de los '90, que formó parte del Madrid okupa de aquellos "maravillosos" años para el anarquismo de la capital y que además es vegana. Nuestra sorpresa fue tremenda, pero no tardó en cambiar hacia una empatía cada vez mayor cuando la tía dijo que se había rendido porque las dinámicas y cosas que observaba en mucha peña del "gueto" terminaron quemándola demasiado y llevándola a perder las ganas.

Es cierto que no todxs nos rendimos ante las mismas adversidades y que, para mí, sólo muere quien así lo desea, quien se acomoda en la inmunda comodidad capitalista, forma una familia, se hipoteca y se encadena a un trabajo que en realidad odia, pero que necesita para seguir sobreviviendo encajonadxs entre edificios, selvas de ejecutivos donde el dinero devora sin piedad los corazones y el asfalto pinta de gris las conciencias y apaga las voces. Es cierto, sí, que es culpable por rendirse, pero seamos honestos y honestas, ¿Acaso no es cierto lo que dice?

Reflexionemos. Nosotrxs también éramos niñxs sin experiencia, pajeándonos con vídeos del black bloc, soñando con vivirlo algún día. Fuimos niñxs que nos prometimos no rendirnos nunca, intimando con nuestras pasiones más hermosas entre libros de Malatesta y canciones de Eskorbuto y de Elektroduendes. Creíamos que entrar a un centro social okupado era cruzar una puerta mágica más allá de la cual todo problema desaparecía y se abría ante nosotrxs la magia de una vida libre y alejada de la autoridad y su mundo podrido. Lxs anarquistas tenían razón y nada nos quitaría eso de la cabeza. Ay... qué tiempos aquellos ¿Verdad?

Luego llegó el día en que contemplamos la primera agresión sexista en una okupa, y la segunda, y la tercera, y vimos cómo mucha gente que considerábamos mega-coherente miraba hacia otro lado por amiguismo, buenrollismo y demás pretextos casi tan apestosos como la propia agresión. Asistimos con rabia y mala hostia a cómo la misma gente que decía odiar la autoridad se reía de nosotrxs por ser veganxs, olvidándose de que el especismo también es autoritario y se puede evitar al menos en una gran medida. Vimos a compañerxs ponerse hasta las trancas de spiz y otras drogas, a lxs mismxs que luego despotricaban mil y una veces al día contra el sistema y sus cadenas sobre nosotrxs, con la boca y con los parches de la ropa. Vimos a personas que parecían muy válidas y luchadoras convertirse en chivatas de la policía o caer en actitudes de macarrismo más estériles que el útero de una menopáusica y terminar a hostias, porque al parecer no les parecía suficiente con soportar los golpes de lxs nazis y de la policía y querían enfrentarse también a lxs que consideraron un día sus hermanxs. Hemos visto muchas cosas. Nos hemos sentido parte de un gueto, hemos querido ser parte de un gueto y ahora nos asquean los guetos. Nos asquea el anarquismo, y amamos la anarquía.

¿A dónde quiero llegar con todo este rollo nostálgico? Pues a que no sé vosotrxs, pero yo sí me he sentido quemado, sí he terminado tan agobiado que he querido tirarlo todo por la borda y aun hay días en los que me planteo seriamente si todo esto vale la pena, y no me lo pregunto por las masas que pasan de nosotrxs y siguen consumiendo recuerdos empaquetados, encuentros tecnológicos y sueños de tele-tienda, sino también por toda la gente que en nombre de la anarquía me hace sentir vergüenza ajena. Esto me llevó a mirar con complicidad a la revisora (que por cierto, al final no nos multó) y a tener más claro que nunca que es necesario acabar ya con el gueto y des-educarnos para empezar de nuevo, para terminar de una vez con el policía que llevamos dentro y para amanecer cada mañana en entornos cómodos, sinceros y realmente combativos lejos del sistema y de sus tóxicos, de sus géneros, de sus sentimientos bloqueados, de sus inseguridades, de sus límites. Porque le hemos declarado la guerra al mundo y ni siquiera nos hemos visto a nosotrxs mismxs introspectivamente hablando, y eso nos lleva a caminar en círculos, con miedo al miedo.

Respecto a esa persona y a todxs lxs que os habéis rendido, con esto no excuso vuestras opciones. Cada persona es dueña de sus decisiones y responsable de las consecuencias. A mí ya no me convence el cuento de "es que la gente está alienada", pues los mismos televisores, las mismas vallas publicitarias, los mismos escaparates, la misma neurosis colectiva que llaman normalidad, me rodean a mí y nos rodean a todxs. La pregunta entonces es ¿por qué unxs ceden y otrxs no? Algunxs dirán que es por miedo, pero eso no es cierto porque el miedo es una reacción a lo desconocido y en el caso que comento la tía conocía perfectamente la vida más allá de las normas bajo las que reglamentan nuestros destinos. Otrxs dirán que por ignorancia, pero vuelvo a decir que esta tía no era ignorante pues supo salir de su jaula y además, me reitero en que a mí nadie me vino a "iluminar". Un día un libro titulado La Conquista del Pan y firmado por un tal Kropotkin cayó en mis manos y decidí apagar la tele y leérmelo, eso es todo. La ignorancia no es un factor externo al/a la individux y sus posturas. Es cierto que las condiciona, pero igualmente dicha ignorancia se alimenta y perpetúa dentro de esas posturas. La información está ahí, cógela, úsala o pasa de todo y sumérgete en tu rutina diaria sin ver más allá, pero entonces no culpes a lxs demás del resultado de tu indiferencia.

Entonces, partiendo de esto, la única razón que encuentro para rendirse es la comodidad y ante eso sólo puedo decir que me avergüenzo de vosotrxs. ¿De verdad no echáis de menos cuando vuestra vida os pertenecía? La sensación de robar tu almuerzo en un supermercado de empresarixs explotadorxs esquivando reponedorxs y cámaras. La alegría de liberar espacios de la especulación y llenar de vida los edificios muertos de la ciudad. La adrenalina de correr en unos disturbios supurando por cada poro de tu cuerpo y la rabia que sentiste tras la primera hostia de un madero. Aquellas noches de pintar las paredes con frases que esperan ser leídas por una sociedad sorda y ciega, silencio roto como un cristal del banco, las risas, soñar despiertxs y cumplir los sueños por nosotrxs mismxs. La solidaridad y el cariño más allá de trasnochados modelos de familia generados por la televisión, relaciones estáticas, con la intensidad recluida en psicofármacos y parques de atracciones. El mañana era vuestro y lo dejasteis marchar. Sucumbisteis a la máquina y marginasteis lo que os recordaba que un día vosotrxs también fuisteis jóvenes que quisieron cambiar las cosas. ¿Por qué?, ¿por qué habéis claudicado?, ¿qué os asusta tanto?

No hablo de ir a trabajar, es una opción que encuentro razonable dadas las circunstancias. Hablo de seguir luchando a pesar de ello, dentro de las posibilidades de cada unx y tratando de forzar los márgenes. Pero ni siquiera eso. Os excusáis en el trabajo y las responsabilidades que os atraparon un día os sirven hoy para justificar vuestro encierro en la fábrica social. Creo que nunca os entenderé pero si algunx de vosotrxs despierta, si alguien logra salir de Matrix, os estamos esperando, tirándonos en bicicleta cuesta abajo y sin frenos, sin los pies en los pedales envueltxs en carcajadas, sabiendo que tarde o temprano llegará el momento en que frenaremos con los dientes pero al menos nos habremos sentido libres durante unos instantes. ¿Podéis decir lo mismo?

Viva la anarquía. La conspiración continúa...