"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

lunes, 11 de marzo de 2013

Sobre pedir el número de placa a los maderos.

Difundo a continuación esta reflexión que encontré en Abordaxe (aquí) y que traduje a la lengua del imperio para darle una mayor difusión. Dicha reflexión surge en el contexto de las concentraciones contra el desahucio de Aurelia Rey, de cuyo desarrollo en la ciudad galega de A Coruña tenéis más información en este mismo blog aquí, donde publiqué un artículo de un urbanista sobre la situación de Aurelia y el proceso general de gentrificación que experimenta la ciudad y cuyas consecuencias han sufrido ya numerosxs vecinxs.

Dichas acciones tuvieron como consecuencia la detención y proceso judicial a tres personas, por impedir la ejecución del desahucio, pero esas tres personas, además, cometieron el error de confiar, como bien dice la reflexión de lxs compañerxs de Abordaxe, en esas sandeces que dicen que la ley es igual para todxs (cuando a todas luces vemos que no es así pues si tú robas para sobrevivir en un supermercado te joden vivo, mientras que si robas millones arruinando miles de vidas, las leyes del sistema te amparan). Respecto a esto, surge el siguiente escrito, que espero que llegue a alguna de esas conciencias mojigatas que, aunque con la mejor de sus intenciones (no me cabe duda de eso), no ayudan sino a reforzar al enemigo y exponerse a sí mismxs y a lxs demás a consecuencias legales o incluso a daños físicos quizá irreparables (muertes, ojos reventados, órganos internos dañados, parálisis parcial o total del cuerpo y demás vestigios de cargas policiales "pacíficas" que podemos encontrar en cada vez más habitantes del Estado español y del mundo).

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El otro día trascendió en la prensa, y nosotrxs nos hicimos eco aquí, que tres personas fueron imputadas por el juzgado número 3 de A Coruña en relación al desahucio de Aurelia Rey. Las diligencias por desobediencia estarían supuestamente motivadas por el hecho de haber impedido el paso a policías y bomberos al portal donde pretendían realizar el lanzamiento. Pero la realidad es otra. Efectivamente, un nutrido grupo de gente trató de impedir que el camión de bomberos requerido para cortar la cadena que aseguraba la entrada al portal accediese al perímetro de seguridad con el que la policía cercaba el inmueble. Efectivamente, ese grupo de gente fue disuelto a empujones por la policía. Pero no fue a estxs a quienes ahora se imputa, sino a aquellxs que, ante los empujones y tira y aflojas entre maderos y manifestantes, no tuvieron otra ocurrencia que pedir a los policías su número de placa.

Sabemos que las intenciones de estos tres cándidos activistas eran buenas, que era su forma de ayudar y desde aquí evidentemente nos solidarizamos con ellos y con su desgracia. Pero también nos gustaría reflexionar sobre algunas actuaciones ampliamente extendidas en el nuevo panorama contestatario “chachi-guachi”, y que nosotrxs juzgamos como absurdas y contraproducentes.

Para empezar, la actuación de los agentes no fue desproporcionada, ni mucho menos. Lxs manifestantes trataron de impedir la llegada de los bomberos bloqueando la calle y los antidisturbios lxs apartaron a un lado. Para aquellxs que estamos acostumbradxs a padecer intervenciones policiales lo único sorprendente es que los maderos no les hubiesen inflado a hostias (lo que posiblemente se explique por la desmesurada presencia de los medios informativos y la sensibilidad pública hacia este tema). Lo raro es que nadie acabase con la cabeza abierta.

¿Quiere decir esto que defendemos la actuación de la policía? Por supuesto que no, la única actuación de la policía que desde aquí vamos a defender será cuando se tiren por un barranco. Pero a las cosas por su nombre. La verdad es que en este caso los maderos actuaron con bastante profesionalidad y ajustados a sus propios reglamentos, que, por otro lado, acostumbran a pasarse por el forro.

El problema viene de que algunas almas cándidas se creyeron todo ese rollo de la transición y de la democracia, pensando que aquellos policías franquistas de las torturas y las palizas, imbuídos por el espíritu “buenrollero” de los setenta, se transmutaron mágicamente en amigables y tolerantes funcionarios al servicio de la ciudadanía. La verdad es que no dejo de maravillarme de la forma en que consiguieron convencer al común de lxs mortales de que la policía arranca confesiones con piruetas dialécticas, disuelve manifestaciones con bonitas palabras y mantiene la paz social bajando gatitos de los árboles

Pues no, amigos, no. Pidiendo el número de placa a un policía lo máximo que puedes conseguir, en el mejor de los casos, es cabrearlo mientras que él, pidiéndote a ti el D.N.I., cosa que hará con toda seguridad después de tu impertinente petición, te puede meter un puro que se te va la olla amparado por la más peregrina acusación que se le pueda ocurrir, puesto que él tiene “presunción de veracidad”. O sea, que en un juicio lo que él diga va a misa y lo que tú digas no vale una mierda.

Puede que en ciertas situaciones, cuando la multa o sanción ya no te la quita ni Dios, sea conveniente intentar conseguir el número de placa del policía en cuestión; por eso de poder utilizarlo para un eventual recurso judicial, mejor hacerlo siempre sin que el madero se dé cuenta, si es que es posible. Pero usar la petición del número de placa antes de ser identificadx, como quien dice “que conozco mis derechos”, al más puro estilo resabidillo, no sólo refuerza la sensación de confianza en un supuesto “Estado de derecho” que en realidad nunca existió, sino que sólo puede traerte nefastas consecuencias.

Así que aquí va nuestra recomendación: Si lo que quieres es joder a un madero, dale con un ladrillo en la cabeza y luego sal corriendo, puesto que compitiendo con él a ver quién sabe más de leyes o jugando al juego de “que te denuncio - no, que te denuncio yo” es seguro que llevas las de perder. Si no puedes darle con el ladrillo (o no puedes salir corriendo) pues haz lo que tengas que hacer, pero no discutas con él porque NO, NO son parte del pueblo, NO son pacifistas, NO son tus amigos y NO se van a poner de tu lado en la lucha contra el poder.