"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

domingo, 3 de marzo de 2013

El Corazón Enjaulado. Reflexiones desde la cárcel de Chambéry.

A continuación difundo una carta recibida en el correo electrónico de este blog tras ser enviada por lxs compas del periódico anarquista Aversion (desde la gran ciudad de Carcelona) a quienes una vez más agradezco sus aportes.

La carta que os presento a continuación la escribe un preso anarquista desde la prisión de Chambèry (Francia), donde se encuentra cumpliendo una condena de 4 meses (que comenzó a cumplir de manera efectiva el 7 de enero) por la fabricación y detonación accidental de un artefacto explosivo en 2009. La explosión, además de causarle a él varias heridas graves y hacerle preso sabiendo que el objetivo al que iba destinada la bomba no llegó a ser atacado, se llevó por delante también la vida de su compañera sentimental. Un hecho trágico sin duda, pero que ni siquiera sumado a la prisión ha conseguido minar la moral del compañero, que dedica estas palabras.

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EL CORAZÓN ENJAULADO. LA RABIA EN EL CORAZÓN

Algunas noticias desde la cárcel de Chambéry

Desde el 7 de enero, estoy cumpliendo una pena de 4 meses por la fabricación de un artefacto explosivo en 2009 que provocó una explosión accidental en la que mi compañera Zoé murió y en la que yo fui gravemente herido.

No quiero que os compadezcáis de mi suerte. No soy una víctima inocente frente a una justicia desproporcionada sino un individuo entre otrxs que no ha querido entrar en la triste realidad que la sociedad le reserva y que el Estado encierra para acrecentar su control e intentar mantener su autoridad.

Yo no soy un vanguardista revolucionario que muestra un ejemplo a seguir y que busca sufrir para avivar la revuelta de compañerxs, no soy más que un individuo que busca la emancipación colectiva  para una destrucción de las estructuras sociales y de las normas provechosas al Estado y al capital.

Teniendo deseos revolucionarios, rechazo la separación entre presos/as “sociales” y “políticos/as” y me considero “preso político” de la misma forma que todas las personas encerradas.

No soy más que un ser humano sediento de libertad y que intenta vivir y luchar según su ética anti-autoritaria en una sociedad construida bajo la opresión y la dominación y que padece lógicamente las consecuencias de sus elecciones.

Si mi situación provoca cólera, cada uno/a es libre de cultivarla y de darle la forma que desee.

Para que la rabia no se borre bajo el miedo.
¡Vivan las revueltas!
¡¡¡Muerte a la cárcel y a este mundo de cemento de mierda!!!
¡¡¡Libertad para todas y todos!!!

Mike

P.S: durante estos pocos meses de encierro, es posible escribirme a este contacto

Michael Dupanloup, numéro d’écrou (número de interno) 23007 M.A de Chambéry, 151 rue de Belledonne, 73011 Chambéry (France)

Para aquellas/os que nunca saben qué escribir a las personas encerradas, podéis igualmente participar en el gran concurso de postales sin riesgo al ridículo.

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Ante esta situación, las sensaciones que pueden invadirnos varían tanto como tipos de personas hay en el mundo. La noticia de una nueva compañera muerta en lucha es una maza capaz de demoler sonrisas y optimismos, y de sumirnos en el hastío, y ya que hablamos de Francia, esto me recuerda a una pintada en el mayo francés del '68, que decía "El hastío llora". Llora de rabia, y de rencor, pero también de risa y nervios cuando corre de regreso a casa después de haber salido airoso de otro ataque a los altares de sus templos de consumo y producción donde día a día son sacrificadas nuestras vidas.

Zoé se suma a Mauricio Morales, muerto en circunstancias similares, cuando explotó la bomba que transportaba en la mochila en aquella noche de Santiago de Chile. También se suma al compañero Luciano Pitronello, quien pese a no morir, perdió una mano y parte de la otra y estuvo a punto de perder la visión (afortunadamente la recuperó). Y como ellxs, otrxs compañerxs que se lanzaron al asalto sin más demora dejando a su paso dudas y miedos, y que quizá por partir sin la experiencia necesaria o con demasiada impulsividad, o quizá sólo por tener mala suerte en esa ruleta rusa, terminaron muertxs.

Por esto quisiera difundir también el siguiente texto publicado en Contrainfo (aquí) y que firmado como "Tita Clora y sus cautos sobrinitos" reflexiona sobre algunos consejos prácticos a la hora de manipular y utilizar explosivos. A lxs señoras y señores de la Brigada de Información, si no os gusta que publique estas cosas, podéis inventaros que el pedazo de "desgraciao" que administra este blog (o sea, yo) ha publicado un "manual extenso y detallado" para fabricar bombas, en el juicio mostrar alguna captura de pantalla de este post, cargarme unos cuantos años de talego y luego instar a vuestrxs coleguitas de la prensa a extender la versión policial a cada puto televisor del país. Últimamente, eso de los montajes se ha puesto de moda otra vez ¿no?

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Destelladorxs precavidxs.

Si hacemos un repaso a los accidentes, algunos fatales, de los últimos años, da la impresión, a falta de más información, que el error es casi siempre (el que le costó la vida a Zoé sugiere más de una posibilidad) el mismo: el cierre accidental del circuito electrónico. A continuación se detallan unos pocos y sencillos consejos para evitarlo. Partimos del común ingenio formado por pila a detonante, temporizador, bomba propiamente dicha y todo ello metido en algún tipo de bolsa o mochila.

- Debe ir bien aislado todo lo susceptible de provocar una conducción involuntaria de electricidad. Todos los elementos del artefacto han de estar bien sujetos y presentados de manera tal que faciliten el siguiente paso, que es:

-Tras comprobar, en el lugar de definitivo emplazamiento, que no se ha producido un cierre accidental del circuito, poner la pila. Una alternativa es llevar la pila ya conectada, pero en tal caso se deben interponer al menos dos interruptores de seguridad que se accionarán también una vez verificado que no se ha producido ningún contacto fatal y con el artefacto en el objetivo a golpear. Si se considera un riesgo invertir incluso los pocos segundos necesarios para esta maniobra, se puede dar el accionamiento en un lugar lo más próximo posible y a reparo, y luego ir hacia el objetivo, pero conste que no es lo ideal. Lo que en cualquier caso facilita que podamos acabar muertxs o mutiladxs es hacer todo un trayecto con el circuito a merced de una única y nada descabellada conexión casual.

Al menos por estos pagos es cada vez más difícil hallar relojes mecánicos. Se nos acabó el viejo, entrañable (y por lo general eficaz) despertador de cuerda y similares. Así que cada vez más parece que se recurre a despertadores a pila con manipulaciones externas o internas, digitales, o programadores de pared con reserva de carga. A estos dos últimos se les presupone infalibilidad y además la ventaja de que pueden proporcionar mucho más tiempo (o muchísimo, hasta semanas) desde la colocación hasta su luminoso final. Ahora bien, junto a los despertadores a pila con manipulación interna, tienen un inconveniente: no podemos saber a simple vista si se ha producido la temida conexión accidental en el propio organismo interno del reloj, o un error en la programación. Esto se puede subsanar con un pequeño circuito paralelo acabado en dos o tres bombillas (según del tipo que sean) o en un téster fiable. ¿Por qué más de una bombilla? Pues porque toda precaución es poca. No es tan improbable la rotura de la resistencia de una bombilla durante el trayecto, de dos o tres es más difícil. Esto mismo se debe tener en cuenta en los detonantes de fabricación propia con base en resistencia de bombillitas.

Otros consejos:

Hacer siempre lo mismo es aburrido, ineficaz y peligroso, muy peligroso, si te pillan con las manos en la masa.

Almacenar explosivos ya fabricados tampoco es lo ideal, ni para la salud ni para una posible defensa legal si te pinzan. Si por vete a saber qué motivos se rompe con esta norma, el mal menor (es un decir) consiste en almacenar sólo el componente más precioso en caso de que el explosivo sea de factura propia; por lo general el oxidante, por lo general un nitrato o clorato.

Si somos nosotrxs lxs fabricantes, además de respetar las normas de seguridad de mera lógica, hacerlo en pequeñas cantidades, poco a poco, nada de mezclas abundantes de una sola vez que nos resultarán fatales en caso de accidente.

Comprobar siempre los componentes electrónicos y químicos y ensayar los circuitos.

Que reviente lo que tiene que reventar

Tita Clora y sus cautxs sobrinitxs