"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

lunes, 4 de marzo de 2013

Crónica de la huelga estudiantil del 28-F en Barcelona.

El otro día, un compañero de Contrainfo redactó esta crónica sobre los hechos vividos en la huelga estudiantil del pasado 28 de febrero en Barcelona, cuando lo que comenzó con el aspecto de una nueva convocatoria mediocre, secuestrada por el ciudadanismo y la izquierda reformista, no tardó en desbordarse sucediéndose una jornada de sabotajes, enfrentamientos con la policía y lucha callejera no sólo por la educación pública, sino también por la demolición del mundo del capitalismo y el Estado y, por lo tanto, también de los sistemas educativos de reproducción ideológica que lo sostienen.

La dejo a continuación (extraído de Contrainfo, aquí).

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La huelga estaba principalmente convocada por la organización ciutadanista PUDUP (Plataforma Unitaria en Defensa de la Universidad Pública) y el sindicato de la izquierda independentista catalana SEPC, aunque en muchas facultades e institutos fueron las asambleas de dichos centros quienes decidieron la adhesión a la huelga. Los días anteriores se habían ocupado facultades y realizado cortes de tráfico o pasacalles por los campus con el objetivo de promocionar la huelga.

La jornada empezó a primeras horas de la mañana cuando centenares de estudiantes de la Universitat Autònoma de Barcelona, localizada en las afueras de la ciudad, cortaron una carretera secundaria (se intentó cortar la autopista, pero estaba protegida por lxs maderos) y bloquearon el interior del campus a base de barricadas de fuego. En otros campus de Barcelona se bloquearon las entradas de las facultades y se fue desde ellas hacia la manifestación central.

La manifestación de Barcelona partió como ya es habitual de plaça Universitat, situada en el centro de la ciudad, y a ella habían convocado tanto lxs promotores de la huelga y asambleas de estudiantes como grupos anarquistas y anticapitalistas. Durante todo el recorrido, varios símbolos capitalistas como bancos, Starbucks y otras multinacionales fueron atacados con pintura, piedras, martillos y bengalas. A la llegada a la sede del partido ultraderechista Unió, miembro de la coalición gobernante en Catalunya, CIU, encapuchadxs levantaron barricadas de fuego y lanzaron piedras contra lxs maderos que custodiaban armadxs con escopetas de balas de goma la entrada a la sede. En ese momento, las lecheras cargaron contra lxs manifestantes, que se dispersaron al cabo de unos minutos por las calles aledañas. Cinco personas fueron finalmente detenidas.

En general, la jornada ha sido percibida por algunxs como un paso adelante respecto a las huelgas vividas el año pasado, tanto en el número de participantes en la huelga y manifestación como en la combatividad e intensidad de ésta. Además, la lucha y la acción directa de lxs estudiantes se ha combinado con las reivindicaciones de otros colectivos (por ejemplo, antes un ataque contra la sede de Movistar en plaça Catalunya, los estudiantes se han solidarizado con un grupo de trabajadores de dicha empresa ahí presentes que pedían la readmisión de un compañero despedido por baja médica) y ha convertido la marcha más en una manifestación de ataque contra el sistema, que una protesta estudiantil en sí. Más allá, el debate principal entre algunos compañeros anarquistas sigue siendo cómo superar el discurso reformista de los líderes sindicales y cómo mostrar y plantear la alternativa a la empresa-universidad estatal.

¡A por la huelga indefinida!

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Cabe señalar que una buena parte de esa neo-izquierda que reclamaba educación pública como si el hecho de que el adoctrinamiento financiado con dinero robado por el Estado fuese menos vomitivo o peligroso que el adoctrinamiento financiado con dinero robado por empresas privadas, se apresuró a desvincularse de los incidentes violentos que tuvieron lugar en algunos momentos de la jornada de huelga.

No es mi intención convenceros de que la violencia es la solución, ni tampoco sacralizar o idealizar los disturbios frente a otros métodos de lucha no tan espectaculares pero sí igual de importantes, a veces incluso más, tales como la proliferación de colectivos y asambleas, el reparto de panfletos, la okupación de aulas o los piquetes informativos. Esta es una postura inmadura que conduce a la misma praxis hipotecada que el pacifismo dogmático que, precisamente, critico. Sin embargo (y sé que esto es más que cansino, pero bueno) si algunx de vosotrxs lee esto, y hablando con el corazón, ¿de verdad podéis llamar violencia a responder a los ataques de la policía o a tomar la iniciativa de atacar los símbolos y sedes del poder que ahoga y mata por beneficios, teniendo en cuenta que esas acciones tienen lugar en una realidad social como la que atravesamos, donde los derechos más básicos y las necesidades más fundamentales del pueblo como vivienda, sanidad o educación, son llevadas a subasta para regocijo de las oligarquías neo-liberales europeas y de las corporaciones mundiales, mientras escuadrones de mercenarixs psicópatas protegen los privilegios de esas élites terroristas con toda la brutalidad que su armamento les permite mostrar (pelotas de goma que revientan ojos o hieren órganos vitales, porras que rompen huesos, vehículos que atropellan deliberadamente manifestantes como forma de dispersión, granadas lacrimógenas que convierten la calle en una cámara de gas, palizas, torturas en comisaría...)? Sinceramente, no me lo creo. No me creo que en vuestro interior no sintáis esa explosión de contra-violencia queriendo salir cada vez que un policía os provoca, os pega u os humilla en nombre de un orden tan injusto como este. No me creo que no sintáis rabia, desazón e incluso odio cada vez que veis a otro chaval currando para poder pagarse los estudios, o a otra persona desahuciada. No puedo creerlo, porque eso significaría que no tenéis sangre en las venas ni corazón, y me niego a creer eso. Lo que me queda entonces por comprender es por qué, ante todo esto, seguís poniéndonos del lado contrario al vuestro, sin ver que nuestro enemigo es el mismo. Seguís reprimiendo esos instintos de supervivencia que motivan los fuegos que iluminan las ruinas del capitalismo y seguís justificando la represión con el torpe argumento de igualar una violencia que busca someter inocentes, de otra que busca liberarse de ese yugo. ¿Por qué lo hacéis?, en serio, ¿por qué?... Me gustaría tener una respuesta, la verdad.

Hasta entonces, ¡rabia!