"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

jueves, 28 de febrero de 2013

[Texto] Toda negación es determinación.

Es por todxs sabido que en Cataluña la victoria en las últimas elecciones autonómicas del partido CiU (de exagerado tinte neo-liberal) ha hecho correrse de gusto a la burguesía catalana, que ahora contempla cómo el antes obstáculo Estado español se dirige hacia su desaparición del territorio catalán, lo que a su vez permite a esas élites aprovechar al máximo sus "recursos" y establecer sus propios códigos para su saqueo y explotación (y cuando digo recursos me refiero también a las propias personas, su fuerza de trabajo, su vulnerabilidad a los deseos publicitarios y su consumismo etcétera).

Si atendemos, es cierto que hay un independentismo de izquierdas (por llamarle de algún modo, pues a mí me toca bastante la moral el discurso de derecha vs izquierda) que contiene facetas que, al menos a mí, como anarquista, me parecen plausibles (siempre con mis profundas críticas a varios aspectos de estas, por supuesto, como el especismo o el sexismo, presentes en todas y cada una de las culturas y tan desechables en unas como en otras) como por ejemplo la cuestión de la conservación cultural (lengua, costumbres, folclore...). Sin embargo, no debemos confundir ese posicionamiento a favor de una recuperación cultural y de una lucha contra unas instituciones determinadas, con la ya harto típica estrategia burguesa de, en un momento de inestabilidad, rabia popular emergente y descontento (provocados por una crisis neo-liberal sin precedente que exprime las últimas gotitas de nuestro hermoso jugo de vida), aprovechar las condiciones para introducir un discurso no basado en identificar y destruir las estructuras e individuxs que generan esa miseria y esa situación de injusticia social, sino en simplemente convertir, con cuidados discursos de tecnocracia a la catalana, todo ese deseo popular creciente de derribar la mole que les oprime, en una mera cuestión de gentilicios, como si el hecho de que te explotasen lxs grandes empresarixs catalanxs fuese menos humillante o destructivo que si hiciesen lo propio lxs empresarixs españolxs. Para que me entendáis, yo vivo en Galiza, pero le cortaría la cabeza con mucho gusto a Amancio Ortega, que aunque esté explotando niñxs en el 3º mundo, también es galego.

Es fundamental identificar y desenmascarar a estxs fantoches y atacarles frontalmente, demostrando que no sólo no pensamos reducir nuestra alegría ni nuestras ganas de vivir a ninguna frontera o límite (tú establece tu cultura donde te dé la gana, yo la haré mía si me place y si no me empaparé de otras, y no seré de ninguna parte, pues no pienso auto-limitarme de un modo tan patético) sino que además no vamos a permitir que nadie nos gobierne o domine, sea quien sea, y lo haga bajo la bandera que lo haga. Todas nos dan el mismo asco.

A continuación, difundo un texto que recibí el otro día en el correo electrónico (el motivo por el cual no lo publiqué hasta hoy es que entre unas cosas y otras no había tenido tiempo de leerlo) y que está extraído del número #6 de la publicación anarquista Aversión (Barcelona). En él, se reflexiona desde una perspectiva anti-capitalista y anarquista sobre la actual coyuntura dentro de Cataluña en cuanto a la cuestión del independentismo. Recomendado echarle un ojo.

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Toda negación es determinación
Algunas ideas sueltas sobre la independencia en Cataluña

Natio

Pese que a los defensores del concepto de nación les duela, dicho concepto tal como hoy lo concebimos, es una idea relativamente nueva —hablando en términos históricos—, que surge y se consolida con la llegada de la burguesía al Poder, con el nacimiento del Estado y con el afianzamiento del capitalismo como sistema de intercambio y producción.

Por eso, cuando se habla de nación difícilmente se puede desenmarcar el discurso de las cuestiones relativas a la burguesía (oligarquías locales), al Estado (burocracias administrativas, represión institucional e ilusiones democráticas izquierdistas) y al capitalismo (tanto desde la visión de la izquierda como de la derecha se encuentra la idea de que hace falta una «independencia» económica[1] pero sin cuestionar el modelo en sí).

Algunas cosas en esta dirección se están moviendo en Cataluña y nos han obligado a reflexionar un poco más sobre ellas.

Las aguas de la burguesía

Los dirigentes políticos y los políticos profesionales aspirantes a serlo, coinciden en algo: siempre es bueno canalizar las emociones de los futuros seguidores y votantes o de posibles detractores y revoltosos. En este sentido, la burguesía catalana, la que gobierna —ahora formalmente, pero los que «tienen» siempre han gobernado a los que «no tienen»— ha sabido como reconducir, exitosamente para ellos, toda esa mezcla de rabia e impotencia que el acrecentamiento de la miseria material podría hacer estallar. La situación, lejos de ser un «polvorín» como a muchos les gustaría creer, es más bien una pequeña marea en un océano de aguas estancadas por la pacificación social. Pero las protestas aumentan, y aunque fuertemente marcadas por el civismo y la noción de «participación», con ellas la capacidad de desbordamiento. La burguesía gobernante supo como actuar a tiempo.

Las situaciones de polarización social tienen salidas bien conocidas. Una es negar que se estén produciendo, pero cuando éstas ya son imposibles de ocultar, existe la siguiente opción que innumerables veces ha dado su fruto: al son de «somos una nación» se nos hace creer que hay un barco que, por arte de magia, navega en unas aguas hostiles pero que la unión de identidad, los rasgos comunes como la lengua, la región, el folclore son verdaderamente más fuertes que la evidencia material de que ese barco no es más que una galera y que los que reman para mantenerlo a flote se encuentran y se encontrarán siempre en las peores condiciones. Para la burguesía no hay mejor aliado que el sentimiento de que, pese a las sutilezas, tenemos un interés común[2].

Raison d'Etat

Como es sabido, todos los Estados necesitan una serie de órganos para su existencia, y a la vez son estos mismos los que lo hacen merecedor de este nombre y los que lo diferencian de otras formas de organización regional no estatales: órganos burocráticos —administrativos, políticos, judiciales— y de control/represivos —ejércitos, policías, cárceles, pero también hospitales, escuelas, psiquiátricos—, etcétera. El Estado necesita de estos órganos porque estos son a su vez el Estado: sin ellos no existe y al mismo tiempo todas estas instituciones necesitan de una organización jerárquica tal para retroalimentarse.

Como parte de la confusión, de la falta de análisis y la repetición de consignas, de las formas actuales de «instrucción» política como son las redes sociales y del exceso de mediatización, aunque también de la contaminación socialdemócrata y ciudadanista dentro de todos los movimientos (o mejor dicho, de todo lo que «se mueve»), una gran parte de la izquierda independentista sueña con un «Estado independiente», como si tal cosa fuese posible. Independiente de qué, no queda del todo claro.

Terræ Sanctæ

Para las cosas difíciles de explicar la religión siempre ha sido la mejor salida, ésta siempre ha encontrado la posibilidad de recurrir a lo divino para explicarlo todo. Además, de esta manera no hay posible discusión. En este sentido los nacionalismos y las religiones tienen mucho en común, aunque les separa un elemento muy importante: el nacionalismo tiene un aspecto territorial que la religión normalmente no tiene. Así, el hogar de Dios al que tantos credos recurren para justificar su papel, los nacionalismos lo encuentran en su propio terreno. O lo pretenden, ya que «su» territorio no pertenece más que a terratenientes, latifundistas, empresarios y propietarios, los cuales en muchos casos ni son de ni viven en el lugar —y en muchos otros ni siquiera son «personas» sino empresas—. En pocas palabras, el territorio del nacionalista ya hace tiempo que está vendido. Y su dueño a estas alturas no reconoce fronteras.

La nación como algo ideal también es comparable en sí misma con Dios, o por lo menos por la manera en como los fieles lo sienten: pese a no haber visto, su «existencia» es suficiente para crear un sentimiento de pertenencia, amor y cercanía hacia él.

Otra sacralización de una región se consigue por medio de la idealización (o falsificación) de la Historia. Cosa que no sólo los israelíes hacen: la burguesía catalana, principalmente en Barcelona, también ha creado su tierra santa a imagen y semejanza de sus sueños de grandeza, aunque el resultado, más que un lugar de culto para los fieles, ha sido un parque temático para turistas.

¿Independencia?

En la multitudinaria manifestación del 11 de septiembre de 2012 alguien quiso colgar una pancarta escrita en catalán con la frase «Una Cataluña independiente será un Estado neoliberal». La intención de los que osaban intentar colgarla, o por lo menos la lectura que hacemos nosotros, es bastante simple y es difícil creer que los sectores más «autónomos» de la izquierda no lo vean. Las ilusiones de independencia (independencia de qué, repetimos, todavía no lo sabemos) que se viven en este momento son el fiel reflejo de otra ilusión mayor: la de la democracia. Es decir, la idea de que la democracia es otra y no ésta, una democracia más ideal y perfecta, más real. Pero sabemos que la trampa está preparada. Lo mismo con la independencia. No se dice independencia respecto a qué, porque si sólo se refiere a la cuestión de administración estatal ya está todo dicho. Las ideas de dependencia e independencia están íntimamente relacionadas con la idea y el fenómeno de Nación y se refieren constantemente a ella y a sus derechos. El Estado-nación moderno, el derecho de los pueblos a autodeterminarse recurriendo a las leyes internacionales así como las «igualdades jurídicas» son consecuencia de las dinámicas que llevaron al fin del colonialismo, pero no un fin —como siempre nos quieren hacer creer— para que estos pueblos sean independientes en un sentido real del término, sino sólo respecto a la dependencia política de las colonias con sus antiguos Estados colonizadores. Por ejemplo, en África lo que ocurrió fue un proceso de sustitución de las élites coloniales por las élites locales sin poner en discusión la entidad administrativa de los que partían y, simplemente, transformando las colonias en Estados según la religión nacionalista europea. Esta independencia, lejos de crear más autonomía, al estar basada en un modelo capitalista, estatalista y burgués, sólo los ha hecho ser totalmente dependientes cultural y económicamente del resto de los países capitalistas y ha socavado (y continúa minando) las formas relacionales pre capitalistas existentes.

Ius Sanguinis
Muchos ya habrán olvidado que uno de los platos fuertes de CIU[3] en la campaña para las elecciones autonómicas de Cataluña de 2006 fue el DNI por puntos para extranjeros, idea que dos años más tarde Sarkozy también incluiría en su propaganda electoral en las elecciones francesas.

Ya nos podemos imaginar cómo será y, entonces, cuál será la suerte que correrán los condenados de la Tierra que, por diferentes motivos, han dado con sus carnes en estas tierras. Las razones por las cuales la gente migra son tan particulares que ni siquiera un sólo caso puede ser interpretado, ya que el receptor es incapaz de saber a ciencia cierta todos los motivos que llevan a una persona a moverse, motivos que no tienen por qué ser explicados para quien no pueda hacer un esfuerzo por comprenderlos. Por lo tanto, esa parte la dejamos para los sociólogos y los xenófobos.

Nada indica que ese Estado catalán que muchos sueñan (y que algunos hace años creemos que está cerca de ser una realidad) no vuelva a hacer renacer esa vieja idea del carnet por puntos. Muchos pensarán que será igual que el carnet de conducir por puntos. La diferencia es que la penalización de no poder conducir un coche jamás puede ser comparada con una expulsión.

Incluso los izquierdistas más sensibles a la desigualdad no deberían olvidar que la concepción territorial de soberanía y sus fronteras comporta la distinción jurídica entre ciudadanos y extranjeros que justifica todas las demás desigualdades.

Conclusión

Más que concluir, esto sólo puede ser un llamado al debate. Resumiendo, como anarquistas estamos por una independencia pero, como dicen los compañeros de El Pèsol Negre, de raíz, ya que lo que muchos llaman independentismo no es más que nacionalismo[4]. Pero este debate es estéril cuando se plantea en términos irreconciliables. Se tiene que tener en cuenta cuándo se habla de liberación de los pueblos y cuándo se habla de puro nacionalismo, cuándo se habla de emancipación y cuándo se habla de crear nuevas cadenas. Muchos prefieren hablar de autodeterminación, un concepto quizás más digerible que el de independencia para muchos antiautoritarios, aunque incluso en este caso si se habla de la creación de un Estado o de formas de organización que sean un reflejo de éste, el pantano es el mismo.

Extraído de la publicación anarquista Aversión # 6, diciembre de 2012




[1] Recientemente se podían ver mensajes firmados por algunos colectivos independentistas de izquierda en los que se decía algo así como «independencia económica para construir el socialismo». O sea, la vieja fábula de que es posible transformar el capitalismo (hacia un «socialismo» que, a estas alturas, ya no se sabe qué quiere decir) empezando por gestionar el dinero público (del Estado, o sea aquel que viene de impuestos, multas, concesiones, etcétera) para construir un mundo feliz.

[2] Claramente, el nacionalismo no es el único credo utilizado para provocar este sentimiento de un interés común. Encontramos por ejemplo, entre otros, al humanismo, al ecologismo y a los llamados «derechos universales».

[3] Convergència i Unió, federación de dos partidos políticos nacionalistas catalanes, integrada por Convergència Democràtica de Catalunya, de ideología neoliberal y de centro-derecha, y Unió Democràtica de Catalunya, de ideología democristiana.

[4] «Nacionalisme 2.0» en El Pèsol Negre 58.