"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

viernes, 1 de febrero de 2013

A 15 años del asesinato de Jill Phipps.

Jill Phipps era una joven británica y una comprometida activista contra la explotación de animales. Aquel 1 de febrero de 1995 se encontraba junto a varias decenas de activistas en el aeropuerto de Coventry, en Benington. El motivo era una protesta contra la exportación por vía aérea de terneras vivas, que eran enviadas a Amsterdam para su distribución posterior por distintos lugares de explotación repartidos por toda Europa.

En un momento dado de la intervención de lxs anti-especistas, un grupo de manifestantes rompió por la fuerza el cordón policial y tomaron la pista de aterrizaje, encadenándose, formando cadenas humanas y abordando y asaltando los camiones donde se transportaban lxs animales a los aviones para intentar liberarlxs. Jill estaba entre esas personas, y decidió ponerse frente a un camión para impedirle el paso. Se sentía segura, ya lo había hecho otras veces y no tenía miedo, pero aquella vez el conductor no se detuvo. Jill fue atropellada, arrollada literalmente por las ruedas de aquella bestia y asesinada por el simple hecho de no permitir el sufrimiento, hacinamiento y exterminio innecesario de criaturas que, como nosotros y nosotras, pueden sentir, pensar, sufrir y regocijarse de placer en la hierba, esa hierba que les roban lxs asesinxs bastardxs que, en un mundo desnaturalizado y enfermo, donde la industria cárnica produce hambruna y muerte en cantidades industriales, se lucran violando mecánicamente vacas una y otra vez, insertando electrodos en animales vivxs y sin anestesia, obligando a fumar hasta la muerte y sin descanso a lxs primates, sometiendo a crueles experimentos conductistas a lxs roedores, torturando y desollando vivxs a visones y zorrxs confinadxs en horribles granjas o apaleando brutalmente a focas para hacer abrigos con sus pieles, rajando los ojos de lxs cachorros de perro para verter luego en ellos sustancias tóxicas o separando los polluelos por sexo y mandando a la muerte a millares a todos los que no son rentables. 

Hoy hace 18 años desde aquel fatídico 1 de febrero de 1995 en que una mirada llena de compasión, de decisión y de ilusiones por un mundo sin jaulas, se apagó, asesinada por la brutalidad de quienes no tienen corazón y viven empecinadxs en hacer daño innecesario a otrxs seres para su propio y único beneficio. Pero tened claro que todo el dolor, el sufrimiento y el miedo que sembráis día a día en tantxs animales os será devuelto con toda nuestra rabia pero también con un hermoso sueño, el de un mundo sin amxs ni esclavxs.

Por la liberación animal, humana y de la tierra. El mejor homenaje, continuar la lucha.
Hasta abrir la última jaula.

Os dejo con este documental sobre la vida y la muerte de la compañera.