"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

miércoles, 30 de enero de 2013

El enmascaramiento de la ciudad.

Madrid. Ciudad sin sueños. Ciudad sin sonrisa. Ciudad de sombras que corren como locas sobre el vacío. Ciudad psiquiátrico. Una metrópolis muerta más, donde todo está en su sitio: Las drogas, los suicidios, los desahucios y las redadas policiales xenófobas en los suburbios. Lavapiés y Ghettuán (perdón, Tetuán). El glamour, las mansiones, los coches deportivos y la gente snob y gilipollas en la Moraleja, Salamanca y el centro. Los sueños en los escaparates. La seguridad en las cámaras que cuelgan de cada esquina. El miedo en todas partes. La felicidad... bueno, esa todavía no la he encontrado. Cada unx sabrá dónde está la suya.

Madrid es como una fachada. Es una ciudad que esconde otra. Tras las fachadas constantemente cubiertas por carteles de inmobiliarias y andamios, se esconden la especulación, la gentrificación y la insaciable codicia. Un sueño engañado que viaja en un barco de papel hacia su inminente naufragio, mientras las instituciones desvían las miradas de las masas que recorren sus superpobladas arterias. Es de eso de lo que nos habla este ingenioso texto, que he sacado del blog "¡TERRIBLE!" (aquí) y que he querido difundir.

Bienvenidxs a Madrilonia, la ciudad de cartón piedra:

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El enmascaramiento de la ciudad.

LA VUELTA AL CARTÓN PIEDRA...

Durante los próximos cien años la ciudad se irá deteriorando lenta pero inexorablemente hasta el colapso. Pero no todo son malas noticias, tenemos propuestas para que a pesar de todo la ciudad mantenga su apariencia con "cierta dignidad" hasta su caída definitiva

Ya no se trataría tanto de hacer ciudad ni de rehabilitar, sino de enmascarar, por eso proponemos la vuelta al cartón piedra. Si las fachadas continúan deteriorándose construiríamos una fachada falsa, una máscara,  que ocultara el verdadero rostro de la ciudad. La función de esta máscara permitiría no solo esconder la realidad y generar una apariencia vacía, sino que podría dotar a la ciudad, una ciudad que está a la vista de todxs, de un poderoso arma, la del engaño. A pesar de la decadencia nos dotaríamos de máscaras urbanas que no solo mantendrían el estatus y el esplendor pasados, sino que nos permitiría mediante el engaño de la máscara encumbrar la ciudad. Imaginen una ciudad en pleno proceso de deflacionario como Mandril donde se dejara de construir grandes edificios de hormigón y cristal y se elevara la ciudad a los cielos gracias al cartón piedra, que reemplazará edificios en ruinas por fachadas luminosas y modernas de cartón piedra, donde se reemplazará cualquier intervención por una mascarada. Durante algunas decenas de años Mandril todavía podría ser la capital de mundo. Una imagen falsa de Mandril todavía podría salvar un Mandril que habría dejado de existir, al menos hasta que el gran vendaval llegara a la ciudad y arrancara de cuajo toda apariencia y Mandril se mostrara tal cual es, como una ciudad en ruinas, de edificios y calles que hace mucho tiempo han dejado de existir.

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Quisiera añadir para terminar Desde Madriz, un tema de la banda de hardcore-punk Ugly Bastards que me viene a la cabeza leyendo este textillo:


Desde Madrid no se ven las estrellas
la noche se la ha tragado la luz que destella

La naturaleza es historia, agua pasada
desde que la técnica del hombre dominará al propio hombre
creando un contexto en el que la lucha de clases
parece desfasada, parece una chorrada

- A dos voces simultáneas -

Mientras cumplamos los deseos - La luz se ha tragado las estrellas
de nuestrxs gobernantes la noche se ha apagado
no veremos el cielo y ciudades aplastantes Madrid es una urbe de aire contaminado
caerán sobre nosotrxs, conseguirán sacarte - su cruel maquinaria fijada en el asfalto
todo tu dinero para así hacerse más grandes - personas desoladas que observan con espanto

No quiero aguantar el ritmo de mi ciudad
cierro los ojos y pienso cuándo acabará
el ritmo del trabajo y del dinero marca pautas
en un engranaje al que debemos decir basta