"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Invertir la realidad no nos libra de sus miserias. Sobre patriarcado, matriarcado y supuestas disidencias.

Antes de nada, quiero dejar clara una cosa. Cuando hable de mujer o de hombre, lo hago para facilitar la escritura y no tener que estar explicándome cada vez que quiera hacer referencia a una persona de sexo masculino o a una de sexo femenino. Sin embargo, personalmente reniego de las identidades / roles generados a lo largo de los siglos y que hoy se han convertido en verdaderas jaulas, en modelos estandarizados dentro de los cuales toda persona habrá de encajar para ser "normal". La "mujer" y el "hombre" deben tener una personalidad determinada, aspirar a un físico concreto, tener unos deseos particulares y entregarse a un limitado abanico de modelos relacionales, rechazando los demás porque atentan contra la "normalidad" burguesa establecida. Más allá de esto, además, asistimos a cómo incluso lo presuntamente divergente en esto (por ejemplo, las personas homosexuales o transexuales) terminan haciendo lo mismo. Lxs homosexuales (con todo el respeto a las personas que se definan y consideren homosexuales lésbicas o gais, que quede claro) tienden a etiquetarse de esa forma sin percatarse de que están perpetuando esa concepción binaria que de entrada excluye un montón de sexualidades no hetero-normativas que rompen con el paradigma dominante y pondrían en entredicho toda la ingeniería social tanto en cuanto al cuerpo como en cuanto a la mente y lo conductual. Al decirte homosexual, haces que la gente entienda que te gustan lxs individuxs de tu mismo sexo, atribuyendo a esto una estructura de exclusión, ya que se supone que sólo te pillas de personas con pene si eres un tío, y de personas con vagina y tetas si eres una tía, sin ver que, a veces, las personas con pene son en realidad más parecidas a una con vagina, y vice-versa (según lo socialmente establecido para cada una de ellas). Por otro lado, al ser transexual y cambiarte de sexo, cambias de un rol a otro, pero mantienes la dualidad sin romper el cerco.

¿Qué propongo entonces?, pues si bien confieso que soy "tío" y nunca me he sentido atraído por una persona de mi mismo sexo, debo decir que últimamente me siento bastante afín a la teoría queer y a los géneros disidentes, gracias a un compañero y amigo de Madrid muy metido en el tema al que agradezco bastante que me abriese los ojos a este nuevo mundo (un saludo y un pedazo de abrazo, Piro). Por ello considero que más allá de los modelos "hombre" versus "mujer", deberíamos comprender que hay personas, y que cada persona es un mundo, y que no tiene por qué encajar dentro de lo supuestamente propio de "hombres" o "mujeres". Por la misma regla, las relaciones interpersonales de tipo afectivo/sexual tampoco deberían limitarse a una esfera dicotómica, y quizá deberían evolucionar hacia el amor a una persona. Liberarnos de los condicionamientos es tarea de todxs, aunque cada unx sabrá qué es lo que le asalta en sueños húmedos y mientras actúe con respeto y sin ofender la dignidad de otras personas, debería ser libre de actuar como crea conveniente (tampoco considero muy lógico ni coherente que porque alguien lea ahora teoría queer de repente intente forzar el sentirse atraídx o excitadx por personas que no le llaman la atención lo más mínimo).

Por otro lado, ojo. La lucha por librarnos de los prejuicios y condicionamientos del género y experimentar otras perspectivas es distinta a la lucha contra el patriarcado. Ambas son importantes, pero por mucho que reneguemos del género y sus agresiones al/a la individux, no podemos perder de vista que biológicamente hablando existe una dualidad definida y que más allá de eso, está el aquí y el ahora, es decir, el escenario donde millones de personas están sometidas por el simple hecho de nacer en un cuerpo determinado, etiquetadas y condenadas. La lucha contra una cosa no sólo no ha de restar importancia o dedicación a la lucha contra la otra, sino que ambas deben complementarse e ir más allá del feminismo tradicional y más allá del género, donde laten las conciencias y el deseo y el amor traspasa el mundo de lo físico para abrir la puerta a todo un mundo de relaciones desconocidas, apasionantes e intensas.

Explicado esto, voy al grano.

El otro día en Madrid, tuvo lugar una charla de Pamela Valenciano sobre las agresiones machistas y la violencia de género. Personalmente no asistí (yo me encontraba en el encuentro del libro anarquista en la escuela libre de Prosperidad, en el barrio con el mismo nombre, también en Madrid), pero poco después de terminar la misma, me topé con un par de compañerxs que sí fueron, y una vez me comentaron cómo había sido, su testimonio me dejó atónito (aunque no debería sorprenderme, pues no es la primera vez que oigo algo de este estilo) y me impulsó a escribir esto.

Dentro del debate/coloquio que tuvo lugar tras la charla, algunas personas presentes entre el público (la mayoría de sexo femenino, aunque no faltó por lo visto el factor "chico supuestamente comprensivo que apoya de forma acrítica a la misándrica de turno y es por tanto cómplice de un comportamiento sexista") mostraron posturas altamente sexistas e incluso de falofobia preocupante. Si me apuráis, diría que parecían sacadas del mismísimo manifiesto SCUM. Comentarios como "Yo antes que una persona soy una mujer" (¿?) u otros que aseguraban de forma tajante que el individuo masculino siempre intentará estar por encima de la mujer porque esa es su naturaleza me parecen de lo más escalofriantes a estas alturas, y no hacen sino fortalecer la convicción que algunxs tenemos de que uno de los debates más urgentes dentro de los movimientos sociales (y en concreto, dentro de aquel en el que yo me muevo, el anarquismo) es el del patriarcado y el cómo librarnos de él. Un compañero solo frente a una constante acusación y un constante señalamiento de tías que le acusaban gratuitamente de ser como sus agresores, que se reían ante los argumentos que el compañero usaba para responder a los de las devotas de Valerie Solanas o que le amenazaban y le deseaban a grito pelado lo mismo que sus respectivos agresores les habían hecho a ellas, es una situación muy desigual, muy injusta y muy vomitiva. Hablamos de un compañero que en un momento dado y si le apetece podría salir vestido "de tía" a la calle sin problema, y que se cuestiona bastante el género y todo lo que gira en torno a él. Una persona que no se merecía ser sometido a eso, y todo por tener polla

Yo ni siquiera he estado presente en la charla y de hecho, dudaría si fuese una sola persona, pero es que fueron dos las que me lo comentaron, y para colmo, ya no es la primera vez que escucho casos así, por lo que no es algo aislado. Sin embargo puedo garantizar que no me gusta saberme ni por encima ni por debajo de nadie, y odio a quien se pasa todo el día maquinando nuevas formas de dejar bien claros sus complejos de autoestima exaltando algo tan superficial y mediocre como la "virilidad", agrediendo personas del otro sexo para esconder la debilidad propia mediante la creación de una ajena que sería presuntamente inherente a la figura femenina (si algún machito quiere, le presento a una chica que conozco y practica Muay Thai, y veremos dónde está la "debilidad" y "fragilidad" presuntamente inalienables a la mujer).

Considero que muchas veces se dan por supuesto demasiadas cosas. Parece que al entrar en un centro social okupado o en un local anarquista para asistir a alguna actividad, damos por sentado que cruzamos alguna clase de halo mágico a través del cual nos purificamos y quedamos libres de todo prejuicio racista/xenófobo, heteropatriarcal/sexista, especista, chovinista o autoritario en general. Parece que suponemos de entrada que aquello es el perfecto mundo utópico que todxs soñamos, donde la gente es buena y no existen discusiones ni pasadas de rosca. Pues lamento desilusionar a lxs más rezagadxs, pero eso no es así. No entraré aquí a valorar el grado de sexismo presente en nuestro vocabulario, lenguaje, gestos, espacios o actitudes diarias. De esto ya hay muchos textos y yo quiero tratar otro asunto.

Vivimos en un mundo totalmente patriarcal, donde a lo largo de la historia, y de muchas formas distintas, la mujer, no en tanto que rol social, sino en tanto que persona de sexo femenino, ha sido degradada, infravalorada, sometida y hecha presa de una violencia estructural ejercida a través de numerosas formas pero siempre por la misma raíz podrida, lo que llamamos Patriarcado, es decir, la ideología subyacente en casi todos los elementos culturales que conforman el imaginario común (configurado, reglamentado y normalizado tanto por las instituciones como por la publicidad y el márketing) por la cual la mujer es usada como objeto de placer, como mero reclamo publicitario, como pedazo de carne que babosear como un imbécil (las miradas lascivas también son sexismo, y el acoso, así que si te dice que no, te aguantas) o como ser débil, frágil e incapaz al cual atar a relaciones de heterodependencia defensiva, causando que la mujer común tenga miedo y adopte una serie de roles y complejos anómalos y artificiales, por la cual necesita siempre un "macho" que la proteja, en lugar de aprender a defenderse sola.

En estas circunstancias, muchas mujeres han sufrido agresiones sexistas graves. Violaciones o intentos de violación, palizas y violencia doméstica, complejos físicos derivados de los "inofensivos" comentarios de algunos gilipollas sobre sus cuerpos (que si estás gorda, que si estás flaca, que si qué buena estás, que si bla bla bla culo, que si bla bla bla tetas...) o trastornos derivados de esos complejos (bulimia, anorexia, vigorexia...), acoso sexual etcétera. Algunas de esas personas guardan un profundo rencor hacia quienes les causaron ese daño, y en mi opinión, se trata de un rencor totalmente legítimo e incluso necesario para no volver a caer en el "te perdono para que mañana vuelvas a hacer lo mismo". Hay cosas que son imperdonables, y que sólo la distancia y el tiempo pueden cicatrizar (aunque hay heridas que nunca terminan de curar...). Sin embargo, situaciones como la que se formó en la charla de Pamela Valenciano evidencian que una parte de esas mujeres agredidas no guardan rencor y odio hacia las personas concretas que fueron autoras de la agresión, ni tan siquiera contra las personas que hicieron caso omiso (por amiguismo, por miedo, por comodidad...)  que ayudaron al agresor en su vulgar tarea, sino que extienden su desprecio a todas las personas que comparten órgano sexual con el cabroncete de turno. Conclusión, tenemos a un grupo de mujeres que odian a los tíos y consideran que todos son iguales, igual que tenemos a un grupo de hombres que consideran que las mujeres son inferiores y que deben someterse a la voluntad y el deseo sexual del macho alfa. Esto puede traer varios problemas.

Para empezar, si una persona de sexo masculino, ajena al pensamiento antisexista más allá de lo políticamente correcto de rechazar el machismo (aunque luego muchas personas sean cómplices de la industria publicitaria patriarcal o de otros micro-machismos difíciles de percibir), acude a la charla y se encuentra con semejante inquisición hembrista* generalizando de esa manera sobre los hombres, lo más probable es que se vaya asqueado y que incluso esos comportamientos tengan un efecto a la inversa, es decir, que el tío termine desarrollando una postura o pensamiento de que todas las mujeres son unas rencorosas, unas autoritarias, que si maldito gueto endogámico de corta-pichas, que si normal que luego pasen las cosas que pasan... en fin, todo este conjunto de planteamientos nada positivos dañan seriamente el avance hacia una convivencia sana entre compañerxs en pos de una conciencia colectiva (que no común, pues en la variedad está el gusto) basada en el respeto y la libertad individual tanto en lo sexual como en el resto de esferas de la vida. Lo mismo sucede con los grupos de gente negra que en algunas ocasiones optaron por asimilar un racismo sistemático contra lxs blancxs como medio de respuesta al racismo al cual ciertxs blancxs les sometían a ellxs. Esto no ayuda a solucionar el problema, sino que lo perpetúa y alimenta, acumulando más mierda que luego tendremos que limpiar. Como dijo el compañero que fue testigo (y víctima) de ese alarde de "misandría" gratuita, el racismo no se combate con más racismo, y el sexismo no se combate con más sexismo.

Podemos citar también que de aquí se derivan situaciones que ya han pasado en más de una ocasión (conozco más de un caso, aunque por razones obvias no daré detalles de los mismos) en las que una ruptura en una relación se convierte en una caza de brujas contra el tío, acusándole falsamente de cosas que no ha hecho para victimizar a la persona con la que ha roto. Ese tipo de embrollos pueden hacer mucho daño a una persona, y ni el amiguismo, ni nada puede justificarlas. Está claro que hay bastardos cuyos abusos sexistas se merecen una respuesta que contenga algo más que palabras (por ejemplo, unos dientes rotos), pero no se puede ir crucificando a todo el mundo por ser hombres. Cosas como lo sucedido tras la charla, conducen a que cosas como esa sigan sucediendo.

Estos son solo dos de los problemas principales que se me ocurren, pero no son los únicos...

No quiero que se me malinterprete. Esto no es una crítica facilona al feminismo, ni mucho menos un intento de coartar la capacidad de las mujeres agredidas de defenderse. Pretende ser, por otro lado, una crítica a quienes aprovechan su situación de vulnerabilidad para ensañarse con personas que no les han hecho nada y que, de hecho, sólo quieren ayudar a que esas personas superen sus traumas y enfoquen toda la rabia que estos les producen contra quienes de verdad se merecen sufrirla en sus carnes de una vez por todas (violadores, maltratadores, babosos en general, publicistas sin escrúpulos, psiquiatras...).

Tampoco quiero que parezca que mi crítica se centra en el individuo masculino. Soy consciente de que en los últimos años muchas mujeres, como ya he dicho, han pretendido tirar de la supuesta vulnerabilidad que la arquitectura social y relacional les otorga "de serie" para intentar obtener un rédito aunque eso implicase exprimir a otra persona, aprovechándose de que, al ser esa persona un tío, resultaría más creíble. Podemos citar como un ejemplo de esto algunas denuncias falsas por maltrato doméstico contra personas inocentes por parte de mujeres que tenían los mismos remordimientos y la misma vergüenza que los verdaderos agresores (es decir, ningunos/ninguna).

Sin embargo, no hay que olvidar que actualmente, en el Estado español y muchos otros países, se siguen dando diferentes formas de agresión sexista. Unas más imperceptibles y otras más evidentes a simple vista, unas más conscientes y por lo tanto repudiables y otras que son reproducidas de forma tan sutil que a veces no nos damos cuenta hasta que es tarde, pero todas corroen las relaciones interpersonales y envenenan los corazones, bloquean los sentimientos y hacen imposible la convivencia. Es tarea de cada unx y al mismo tiempo tarea de todxs trabajar para sacar de nuestras mentes todo aquello que pueda dar lugar a situaciones no deseadas, y perseguir y contra-atacar (física o verbalmente, según lo requiera cada caso) a quienes no sepan controlarse solitxs.

En base a lo anterior, hay quien, en vez de romper la jodida balanza de una vez, pretende igualar los pesos en "ambos lados", y para ello, actúan de manera fascistoide, excluyente y cruel, causando daños físicos o psicológicos a personas por su mera condición y olvidando cuál es el origen de la mierda que provocó tanta furia y sed de venganza en las víctimas.

Es urgente e importante poner todo el seitán en el asador (versión vegana de la expresión, para que no me acuséis de especista además de tildarme de sexista -doy por sentado que con este escrito, más de unx me pondrá de machista para arriba, pero bueh... realmente en este caso me da igual, a buenxs entendedorxs pocas palabras). Hay que seguir trabajando en las okupas pero también en casa, en la calle, en el curro, en todas partes. Impulsar las asambleas y colectivos para crear ambientes cómodos donde las personas puedan expresarse libremente y en horizontalidad sin miedo a ser "quemadas en la hoguera" por grupitos de micro acumulación de poder del tipo que sea, y dotarnos de herramientas cada vez más precisas con las que sobrevivir al patriarcado y su violencia cotidiana, que por otro lado, no sólo afecta a la mujer (si bien esta es efectivamente su principal víctima, en tanto que sujeto femenina).

Y poco más tengo que decir. Un saludo enérgico y lleno de amor y calor para "las mujeres" que sufren violencia doméstica, o alguna otra forma de patriarcado o violencia sexista. También para "los hombres" que plantan cara a ese rol que les viene dado y que reniegan del falso privilegio de la dominación social para posicionarse al lado de las víctimas. Cuando los corazones laten juntos, los golpes nos duelen a todxs.

Hasta aquí he llegado. Aunque una cosa más...

* Cuando he puesto "hembrismo" he puesto un asterisco para poner aquí la siguiente explicación. Me he encontrado personas que me han criticado de diferentes maneras (unas de forma más constructiva, otras de un modo más estéril e impertinente) por usar esa palabra, sosteniendo que el hembrismo no existe puesto que en cualquier caso, no hay una violencia de la individua femenina hacia el individuo masculino ejercida de forma estructural o sistemática, y por lo tanto, no está bien usar un término que pretenda equiparar la violencia excluyente de algunas mujeres hacia los hombres con la violencia machista definida y deliberada que durante siglos se ha ido perfeccionando y ejerciendo sistemáticamente contra todo el colectivo femenino.

Sin embargo, yo discrepo. Creo que la razón por la que algunas mujeres no ejercen esa violencia del mismo modo que es ejercida la machista es porque no cuenta con los medios. Para mí, ciertos comentarios y actitudes tienen un contenido gravemente discriminatorio, y peligroso, y el hecho de que vengan dadas por individuas que se presuponen parte del colectivo que casi siempre ocupa el banquillo de la víctima, no hace la situación menos importante o menos censurable y reprochable.

Podemos llamarle de una forma o de otra, pero lo importante es que la agresión y el contenido de la misma prevalecen. Para mí, el hembrismo (o llamémoslo "X") sí existe, aunque debo decir que es cierto (muy cierto) que todavía no existe al mismo nivel que el machismo y quizá lo que cabría preguntarse es los límites que tales hechos alcanzan en cuanto a gravedad. Hay que distinguir el empoderamiento radical de las mujeres (legítimo y necesario ante una sociedad patriarcal que las subyuga psicológica y físicamente a roles, cadenas invisibles y agresiones constantes), del abuso y la instrumentalización de esa posición de relativa indefensión para atacar a otras personas por su simple condición sexual, reproduciendo el mismo esquema de comportamiento que el machismo más asqueroso.

Dicho esto, construyamos un mundo de relaciones placenteras, hermosas, saludables y libres de autoridad.

Salud, anarquía y muerte al patriarcado (en todas sus formas y expresiones).