"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

martes, 31 de julio de 2012

Sobre el juicio al compañero Luciano Pitronello "Tortuga"

Lo que sigue es un resumen de los últimos avances en el desarrollo del proceso represivo que atañe al compañero Luciano Pitronello, apodado "Tortuga" por sus amigxs y compañerxs cercanxs, que últimamente está afrontando finalmente su juicio, tras concluir la preparación oral de este. Las fuentes son los resúmenes que lxs compañerxs cercanxs que estuvieron en el juicio pudieron elaborar de las distintas jornadas y que yo encontré en la web Viva la anarquía (aquíaquíaquí aquí, en orden cronológico).

Hay que señalar, como dato importante y antes de nada, que el compañero se ha declarado en una huelga de visitas, es decir, que se ha privado a sí mismo del derecho a ser visitado por sus seres queridos o allegadxs. Las razones las explicó en una carta que podéis leer en Liberación Total, aquí.

También es importante mencionar que según lo publicado por la web "Viva la anarquía", el compañero llevaría castigado desde el jueves 19 de Julio, mediante régimen de aislamiento. Al parecer, esto no habría sido notificado a nadie, y pudo saberse gracias a su abogado, que cuando fue a la prisión para una de sus reuniones con su defendido, encontró a Luciano en una celda de castigo y además, esposado a la cama. El abogado habría exigido explicaciones de la razón de la medida en la audiencia y a su vez, lxs jueces/zas habrían dado a lxs carcelerxs un plazo de 24 horas para que presenten dichas explicaciones. Finalmente, se hizo público que el "motivo" del castigo vejatorio (y arbitrario) fue que el compañero, que iba a ser trasladado a otra habitación que contaba con un sistema de duchas que él no puede manipular, se negó a que le cambiasen de celda, y por esa "razón" le habrían golpeado y posteriormente encerrado en aislamiento durante un periodo que, en un principio, sería de un mes (¿un mes de aislamiento y una paliza por negarse a que le cambien de agujero?, ¿pero cómo podéis ser tan despreciables?). Por suerte, lxs jueces/zas han revocado el castigo porque consideran que en un momento como este, puede afectar al compañero negativamente al impedir que se mentalice sobre el proceso que afronta. Sorprendente, pero cierto, lxs jueces/zas preocupándose por la capacidad del acusado de defenderse... ¡llamad a Mulder y Scully!

Dicho esto, al grano.

El proceso judicial comenzó en el 4º tribunal oral en lo penal de Santiago de Chile el pasado 20 de Julio.  El tribunal, para respetar la presunción de inocencia del compañero, prohibió terminantemente a la prensa publicar fotos de él (aunque a estas alturas, esa medida llega con retraso y de hecho, se han visto periodistas tratando de fotografiar a escondidas, lo que demuestra su sed de carroña morbosa para ofrecer a su clientela, ¿verdad que os morís de ganas por manipular, bastardxs?). A grandes rasgos, la primera jornada mantuvo la tónica de las anteriores vistas. La parte querellante, formada por el ministerio público, el ministerio del interior y la entidad Banco Santander (a la cual pertenecía la sucursal que Tortuga pretendió atacar, y en donde sufrió su accidente) , intentó explicar por qué consideran que la acción de Luciano es constitutiva de un delito de terrorismo. Por su parte, la defensa del compañero defendió una vez más su tesis de que el bombazo perpetrado por Luciano no se puede considerar terrorismo, dado que no entrañó daños físicos para ninguna persona (salvo el propio Luciano), ni tampoco iba destinado a causar terror en otras personas con un fin político-social determinado, sino más bien a dañar la propiedad de una entidad bancaria que sí se sirve del terrorismo y el asesinato para lograr sus macabros fines (hostigamiento a lxs mapuches, destrucción medio-ambiental, explotación laboral, desigualdades económicas, control social, violencia, represión etc.) También se argumentó que, puesto que la bomba colocada por Luciano estalló de madrugada, aún en el supuesto de que la ejecución de la acción hubiese tenido éxito y hubiese salido bien, ningún/a trabajador/a del banco saldría heridx, además de que tampoco hubo ningún/a cliente que dijese sentir terror por culpa del petardazo.

También hubo una pronunciación de la defensa en lo referente a la supuesta responsabilidad de Luciano en el robo y conducción bajo matrícula falsa de una moto, que habrían usado él y la persona desconocida que le acompañó en la noche del ataque fallido para desplazarse hasta el banco objetivo. La defensa sostuvo que no existirían pruebas de que Luciano fuese realmente el que conducía la moto, ni tampoco de que él robase una patente para sustituir la oficial del vehículo. Lo único de lo que habría evidencias es de que Luciano cogió aquella moto aquella noche, pero no de que la culpa de que la matrícula fuese falsa sea de él, así como tampoco de que estuviese conduciendo él y no su acompañante.

Por estas razones, el abogado que asiste al compañero ha declarado que pedirá la absolución de Luciano respecto a los cargos actuales, para que la acusación vuelva a plantearlos sin buscar, con la ayuda de los medios de comunicación burgueses y sus campañas de criminalización sensacionalista, situar deliberadamente y de antemano a Luciano como responsable de haber violado la ley anti-terrorista, una herencia pinochetista que permite aún hoy al Estado encerrar en sus campos de concentración democráticos a todxs cuantxs osan discutir sus leyes o sus relaciones.

El compañero por su parte, habría rehusado tomar la palabra, y así se habría dado paso a la presentación del primer testigo de la acusación, un madero que habría trabajado en el caso encargándose del interrogatorio realizado a la compañera sentimental de Luciano (con la cual él tiene una hija). El poli habría contado sus impresiones trabajando esos días en el caso, yendo al lugar de la explosión, observando cómo un grupo de solidarixs colgaban una pancarta en apoyo a Luciano mientras él estaba todavía en el hospital y cuando registró lo que había en el disco duro del ordenador que usaba Tortuga. Finalmente, el carabinero habría mostrado algunos de los documentos que el compañero guardaba en el citado computador, como panfletos, fanzines como "Terror en la ciudad" (de la editorial Niñxs Salvajes, aquí y aquí dejo los dos primeros números) o el documento "Quema tu móvil", sobre control social a través de la telefonía y que podéis encontrar aquí en su versión digital. Recomiendo echarle un ojo, tenerlo en cuenta en vuestras vidas y romper el móvil, o al menos, tener cuidadito de a dónde lo lleváis y sobre todo controlar lo que decís a través de él, pues puede ser que, sin saberlo, estéis hablando con más personas de las que pensáis.

La audiencia terminó ratos después, y fue entonces cuando algunxs solidarixs allí presentes pudieron dar a Luciano cartas de apoyo, que afortunadamente, y gracias a la decisión del tribunal de mantener el derecho a la intimidad del compañero, le fueron entregadas sin que pasasen antes por las manos de lxs carcelerxs.

Además, mientras se desarrollaba la audiencia, un grupo de 50 personas se dejó ver por los alrededores de los juzgados, portando pancartas con lemas en apoyo al compañero. Aunque estas personas no mantuvieron enfrentamientos, se encontraron con los maderos que habrían intentando intimidarles y presionarles para que abandonasen la zona, donde pegaron carteles y repartieron panfletos informativos sobre la situación del compañero. También una falsa amenaza de bomba en uno de los edificios de los juzgados obligó a evacuarlo, aunque ello no afectó al desarrollo de la audiencia.

Tengo que decir, en plan comentario personal, que por lo general me molan mucho las pancartas que se hacen lxs chilenxs.


La segunda jornada continuó donde lo había dejado la anterior con el testimonio del madero testigo, pero esta vez interrogado por la defensa, que interrogó al agente con cuestiones que iban encaminadas a tratar de desmontar las acusaciones de terrorismo que pesan sobre el compañero. El policía mostró como pruebas panfletos con información sobre el veganismo, pero la defensa del compañero logró aclarar a lxs jueces/zas la diferencia existente entre anarquismo y veganismo, señalando que son dos movimientos que si bien se pueden encontrar relacionados en algunos casos, son independientes uno del otro (por desgracia, que a algunxs, como a mí, no nos hace ni puñetera gracia que haya anarquistas especistas, y mucho menos que existan "animalistas" progres y neo-bienestaristas, pero bueno, eso es otro tema). También se aclaró que, per se, el veganismo no tiene ninguna relación con el uso de la violencia (aunque existan grupos e individuxs que no la descartamos a la hora de actuar, ya  que hacerlo abriría la puerta a una violencia mucho mayor, la del especismo y la sociedad industrial).

Tras la pantomima del veganismo, se dio paso a otra en la cual el policía mostró fotografías personales de Luciano con amigxs suyxs, asegurando que algunas de las personas con las cuales salía en las fotos contarían con antecedentes policiales por desórdenes públicos y otros delitos, pero esto, una vez más, cayó por su propio peso cuando la defensa desmintió tal afirmación. Por otro lado, me pregunto si, siguiendo la regla de tres del policía y la fiscalía que preparó su discurso y las pruebas que mostraría (no penséis que el policía actuaba por iniciativa propia, no me seáis ingenuxs), el hecho de que una persona tenga un colega con antecedentes por asesinato (por ejemplo) convierte a la persona en culpable de asesinato. ¿Qué importa que Luciano tenga colegas con antecedentes por desórdenes?, yo también lxs tengo, ¿soy por ello culpable de desórdenes?

Luego de terminar de declarar el madero, se llamó a una mujer que trabajaba entonces en un establecimiento de comida rápida situado a una manzana de distancia del lugar de la explosión, y que habría escuchado el estruendo. Según el resumen de lxs compañerxs, la actitud de la fiscalía, una vez más, habría ido dirigida a condicionar las respuestas de la testigo para que dijese que había pasado mucho miedo, legitimando así en cierto modo las acusaciones de terrorismo que la fiscalía lanza contra Luciano. Sin embargo, no lo consiguieron y la testigo no reconoció tal cosa, y de hecho, la mejor prueba la encontramos en que habría seguido currando en el mismo lugar 8 meses más, hasta que habría cambiado de empleo por otras razones ajenas al "terrorismo insu".

Siguieron las declaraciones de un testigo que sí podría ser determinante, el taxista que socorrió a Luciano de las llamas después de que la bomba incendiaria que este manipulaba en la sucursal de Banco Santander le explotase en las manos pillándole de lleno. El taxista sí reconoció (y no me extraña, la verdad) haber tenido secuelas a nivel psicológico tras aquel suceso, y dijo que sufrió un estado de shock y que además, tuvo pesadillas atroces durante 5 meses en las que veía el cuerpo quemado y mutilado de Luciano y recordaba escenas de aquella fatídica noche. Así mismo, también dijo que su automóvil sufrió daños leves (rasguños y otros daños superficiales) dado que estaba muy próximo al foco de las llamas. Sin embargo, el taxista demostró no guardar ningún rencor a Luciano, y de hecho, denunció en la sala la actitud de quienes viendo cómo el compañero se quemaba vivo, no acudieron en su ayuda. Además, durante la intervención del taxista, Luciano pidió la palabra para agradecerle de corazón el haberle salvado la vida, tras lo cual el taxista habría incluso solicitado permiso para abrazar a Luciano, siéndole concedido y abrazándose en el centro de la sala, con lo que queda probado una vez más que el único terrorismo existente es el del sistema asesino que con sus modelos relacionales enfermos y sus roles de egoísmo y apatía, lo que intenta, precisamente, es que desaparezca la posibilidad de ver situaciones como esta, en que dos personas tan diferentes (o quizá no tanto a fin de cuentas..) se muestran afecto mutuamente aún a pesar de sus seguramente numerosas discrepancias en lo político o lo social.

En el resumen de lxs compañerxs presentes, se describe la situación como sigue (copio y pego del resumen publicado en "Viva la anarquía"): Cuando terminó de declarar, Luciano decidió tomar brevemente la palabra para decirle algo al taxista: “Hola don Rodrigo… Bueno,yo no soy muy bueno con expresar lo que siento, pero quería agradecerle su acción, lo que hizo… de verdad que le quiero dar las gracias por haberme ayudado”. El taxista le respondió: “Sí, osea… yo, lo vuelvo a decir, no sé por qué lo hice, quizás fue una cuestión de instinto. En ese momento fue muy choqueante, pero ahora me alegro de verlo así, sonriente como está”. Luego le preguntó a lxs jueces “Sé que yo soy una simple persona, pero me gustaría saber si puedo dirigirme a abrazarlo…” El permiso se le concedió y en ese momento ambos se dirigieron al centro de la sala para abrazarse muy emotivamente, además de agradecerse y felicitarse. El taxista salió de la sala saludando a Luciano.

Sobra decirlo, pero por si algún/a maderx que todavía tenga neuronas en la cabeza lee esto (cosa poco probable, y no precisamente porque este espacio tenga poca difusión - que soberbia aparte, creo que no la tiene -sino porque encontrar polis con neuronas no es tarea fácil)... lxs anarquistas no somos terroristas ni autoritarixs asesinxs que vayamos poniendo bombas a todxs lxs que no piensan como nosotrxs. Esta es una actitud cobarde y despreciable, más propia del Estado y el sistema que nos hemos propuesto abolir que de lxs anarquistas. Eso no quiere decir que encontremos tolerable el abuso de poder, ni la imposición por cualquier medio de la voluntad de unxs sobre el bienestar o los derechos y libertades fundamentales de otrxs, y esa es la razón por la cual se producen ataques como el de Luciano, porque ninguna bomba contra una estructura inanimada (como las paredes de un banco) será nunca tan violenta como la paz en unos tiempos en los que una persona ha de morir de hambre entre un montón de cartones en la calle para que otra pueda ampliar su mansión. Como dice el dicho (valga la redundancia), mientras haya un/a pobre sin pan, habrá un/a ricx sin paz.

En fin, reflexiones aparte, el juicio continuó con las declaraciones de un segu-rata que hacía el turno de noche en un lugar cercano y que demostró que, o bien en la declaración que hizo ante el departamento de carabineros, o bien en su declaración en el juicio, mintió. Según lxs compañerxs, en su declaración a la policía, el testigo habría declarado haber visto a una persona desconocida que huía corriendo del lugar, y momentos después, haber oído la explosión. Sin embargo, al parecer en el juicio habría declarado otra cosa distinta, además de afirmar que la firma que rubrica el documento de la declaración a la policía no sería la suya (cuando en otras ocasiones había afirmado que sí). Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo (hoy va de citas y refranes la cosa).

Tras esta declaración, y después de un descanso para comer, llegó  el turno a un madero de la DIPOLCAR (Dirección de Inteligencia Policial de Carabinerxs) que nuevamente, optó por contar mentiras (tralará). Empezó su declaración afirmando que, en un primer momento, el nombre de Luciano Pitronello figuraba en una lista (que podéis consultar por cierto aquí, aunque el Caso Bombas ya haya concluido de forma satisfactoria) que reuniría los nombres de personas supuestamente vinculadas a cierta organización terrorista cuya inexistencia ya fue reconocida incluso por la propia justicia burguesa hace tiempo (la organización a la que se refería era aquella cuya supuesta - falsa - existencia desencadenó el famoso Caso Bombas, al que también dí cobertura y difusión en este blog). La única explicación que encuentro al hecho de que se siga haciendo referencia al montaje del Caso Bombas en términos acusativos y represivos, es que la poli tiene algún tipo de minusvalía psíquica que hace que sean un poco lentxs y tarden más tiempo en atar cabos de lo que tardan otrxs en plenas facultades. Esto lo digo con todo el respeto a las personas con problemas de verdad, pero es que si no, no lo entiendo, de verdad. La cuestión es que al poli le preguntaron  a continuación acerca de cómo había ido a parar el nombre de Luciano a la lista que mencionó el testigo, ante lo cual, él se niega a contestar amparándose en un presunto "derecho de inteligencia policial" pero el tribunal le recuerda que está obligado a contestar y el madero termina reconociendo que esa información fue, en realidad, obtenida de una página de Internet. Pero vamos a ver alma de cántaro... ¿primero te niegas a responder alegando que se trata de una especie de secreto de sumario de la DIPOLCAR, y luego dices que la info la sacaste de una página de internet? Joder, si este tío es de la inteligencia, no quiero saber cómo son lxs otrxs. La cosa mejora cuando en el resumen, lxs compas aseguran que luego se puso de manifiesto que el madero que declaró lo de la lista habría supervisado la declaración del guardia de seguridad que se contradijo.

Declaró como último testigo de esta segunda jornada de juicio un amigo del compañero, que fue detenido a su vez al día siguiente del accidente de Luciano, mientras transoportaba para su casa algunos efectos personales que el compañero tenía guardados en un centro social okupado. La acusación, al parecer, habría seguido en sus trece de aprovechar las declaraciones de lxs testigos para sembrar el pánico en torno al espectro anarquista y sumar morbo al espectáculo. Así, y también con la clara intención de sonsacar de soslayo información al compañero (deben pensar que todxs somos tan "inteligentes" como el madero que declaró lo de la lista) le preguntó si en esa casa okupada se "imprimían cosas" (¿?), qué clase de actividades se llevaban a cabo en su interior y qué temas se trataban en ellas, y la más curiosa, por qué el testigo optó por trasladar los enseres de Luciano a su casa y no directamente a la policía (¿esperabais de verdad que después de trincar a un amigo y compañero suyo, os llevase a comisaría más material para manipular y preparar otro montaje como el del Caso Bombas?). A esta última pregunta, el propio tribunal pide al testigo que no responda, por considerar que tenía como fin inculpar de soslayo al testigo sólo por tener relación con el compañero y transportar sus cosas.

La tercera jornada comenzó interrogando como testigo al guardia de seguridad del edificio donde vive el hermano de Luciano (y a quien pertenecería la moto que Luciano cogió para colgarle la matrícula falsa y usarla para desplazarse al lugar del ataque). El guardia reconoció como hermano del dueño de uno de los apartamentos a Luciano, pero sin embargo cuando le muestran la moto que Luciano habría cogido en casa de su hermano reconoce el color pero no el modelo y además dice que no vio la matrícula y que tampoco vio a Luciano cogiéndola.

Luego del guardia vino el propietario de la moto a la cual Luciano habría robado la matrícula para usarla luego, presuntamente, en la moto de su hermano. El testigo reconoció que la matrícula que llevaba colocada la moto que fue encontrada en el lugar de la explosión se correspondía con la que le robaron hace un tiempo en el centro de la ciudad.

Tras esto, vino un nuevo testigo, esta vez un comerciante que tiene su tienda cerca de la casa okupada donde supuestamente vivía Luciano. Según el resumen de lxs compañerxs, este tipo habría contradicho, al igual que el agente de la DIPOLCAR, contradijo su versión dada en el tribunal con respecto a la proporcionada a la policía. El comerciante afirmó en su momento que él no sabía nada acerca de Luciano, ya que sólo tenía contacto con él cuando pasaba por su tienda para hacer la compra. Sin embargo, cuando en el tribunal le preguntan si conoce el mote que lxs amigxs y compañerxs de Luciano tienen para él, responde afirmativamente y dice "Tortuga". Cuando la defensa, releyendo la declaración a la policía, le pregunta cómo sabe eso si antes había dicho que no sabía nada sobre los datos personales de Luciano, el testigo se pone nerviosillo y contesta que lo supo porque se lo oyó decir a sus amigos cuando fue con ellxs a su tienda, ante lo cual la defensa, una vez más, le recuerda que él declaró anteriormente que Luciano siempre iba solo a comprar allí. El tipo, no contento con hacer el ridículo aquí, sigue su pantomima alegando que no sabía dónde vivía Luciano pero que sabía que era "de ese grupo, de esos que se hacen llamar okupas" (¿?) y cuando la defensa del compañero le pregunta sobre las razones para pensar eso, alega que siempre venía de "esos lados" (supongo que refiriéndose a los centros sociales okupados como el que se encontraría junto a su tienda) "vestido con una chaqueta negra que ponía okupa" y que en la casa había pintadas que también ponía "okupa". A mí me pica la curiosidad y si el señor comerciante lee esto algún día, le invito a enviarme a la dirección de e-mail del blog una explicación más detallada de lo que él comprende por ser "de ese grupo, de esxs que se hacen llamar okupas". También me gustaría que me explicase desde cuándo las personas que tenemos afinidad o participamos de espacios okupados nos hacemos llamar okupas. Yo no me hago llamar nada, salvo mi nombre.

La defensa hizo las cuestiones oportunas para dejar claro que el compañero nunca compró nada que no fuese comida en el bazar del testigo, y también que nunca aparecieron allí policías ni bomberos, ni la casa era nada fuera de lo legal. Además, cuando le preguntan sobre los nombres y apellidos que da en su declaración escrita, el testigo sólo responde que a él le enseñaron fotos y fue reconociendo a las personas. Ante esto, surge la duda de quién elaboró la declaración escrita, ya que como pasó en otro caso el segundo día del juicio, esta podría haber sido presentada como del testigo sin ser realmente suya.

Tras este testigo, le toca a una de las personas que trabajaron arreglando los desperfectos causados en el Banco Santander por la explosión. La parte querellante muestra todo el rato un discurso alarmista, en el que intenta que se vea el ataque como causa de unos desperfectos terribles y extremadamente caros, pero la defensa se encarga de que quede claro que los trabajos para reparar todo el daño no demoraron más de una semana, mientras que al día siguiente de la noche en que fue atacado el banco, el banco sólo abrió al público media hora más tarde de lo previsto. El testigo además dijo que se podría comparar la gravedad de los daños con los producidos por un alunizaje (consistente en estampar un coche contra la fachada de un local para romperlo y acceder al interior). Esto hace que las fotos que mostró la acusación (de cristales destrozados, una puerta rota y el techo lleno de hollín) con la intención de sumar gravedad al asunto, no sirvan de mucho.

Al parecer la declaración policial escrita de este tío también presentaría contradicciones respecto a lo dicho en el juicio. Cuando le inquieren sobre ello, simplemente responde que no leyó la declaración porque lxs maderxs le interrogaron cuando él estaba en pleno proceso de reparación de la sucursal, y que además había muchxs clientes y tuvo que darse prisa, por lo que simplemente contestó a las preguntas vagamente y luego firmó la declaración que la policía redactó (supuestamente) basándose en sus respuestas pero sin leerla. Esto quiere decir que en la declaración podría poner cualquier cosa y llevaría su firma, y está siendo usada como documento legal y tal vez concluyente en un juicio. Otra irregularidad...

Siguieron como testigos finales de esta tercera jornada, un madero, también de la DIPOLCAR, que habría sido quien retiró una pancarta solidaria colgada junto al hospital donde se encuentra Luciano (la pancarta fue presentada luego como prueba en este juicio) y el director de la clínica INDISA donde Luciano estuvo hospitalizado. El objeto de su declaración era esclarecer los daños físicos que la explosión causó a Luciano, aunque como punto importante en el desarrollo del proceso a nivel político-represivo se puede destacar que el testigo habló acerca de una mujer desconocida que habría llamado a la clínica amenazando con que un grupo de personas, disfrazadas de personal sanitario, iban a atentar contra Luciano. Para "salvarle", la policía uniformada tomó también la custodia del compañero, mientras que antes sólo podían hacerlo con ropa de civil. Terminó su declaración con la lectura de los informes médicos sobre la evolución positiva en la recuperación del compañero.

Es extraño que, desde el resumen de la que sería la tercera jornada de juicio, se pase directamente a la quinta, sin haber podido encontrar nada con referencias a la cuarta. Si alguien encuentra algo, agradecería que me lo mande para poder echarle un ojo. El quinto día habría tenido lugar la declaración de dos peritos del GOPE (Grupo de Operaciones Policiales Especiales) y del LABOCAR (Laboratorio de criminalística de lxs Carabinerxs). El primero habló mayormente sobre el informe realizado a la motocicleta encontrada y en la que se habrían desplazado Luciano y su acompañante desconocidx, y descartó la posibilidad de que la moto llevase adosada algún tipo de bomba. Por su parte, el segundo, llamado Rafael Cares, habló del informe realizado a la escena de los hechos, es decir, el levantamiento de todo aquello que pudiese servir como evidencia y su posterior traslado al laboratorio para realizar las pruebas correspondientes (y entendiendo la "escena de los hechos" como el interior del banco donde tuvo lugar la explosión, su entrada y los alrededores de la calle). Como dato importante, señalar que se habría comparado, en términos de clase de pólvora y de mecanismo de activación utilizadas en un explosivo y en otros, los restos del artefacto usado por Luciano con otros 150 artefactos colocados y, tras cotejar los restos, se habría determinado que el usado por Luciano guardaría muchas similitudes con otros dos petardos colocados en una sucursal de los bancos BBVA y BCI, los días 10 y 11 de Febrero de 2011, respectivamente. Espero que con esto no intenten culpar también al compañero de estas otras dos acciones.

Y bueno, hasta aquí llega, por ahora, la información disponible. A la espera de más datos sobre esto y de ver cómo se desarrolla este juicio en el cual el compañero se enfrenta a una posible pena de 15 años de cárcel por colocación de artefacto explosivo con (falsa) finalidad terrorista.

Mientras, ¡a seguir solidarizándose!