"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

viernes, 8 de junio de 2012

Texto sobre la redada policial de calle Amparo en Lavapies (Madrid)

A continuación, quisiera difundir un gran texto que encontré en el dossier contra las redadas policiales racistas contra personas migrantes que ayer difundí en este mismo blog (aquí) junto con más información de la manifestación que saldrá de la Plaza de Lavapies (en el madrileño barrio homónimo) a las 19:00, en repulsa a las últimas escenitas protagonizadas por lxs "valientes" agentes de policía en la ciudad.

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El pasado domingo un par de secretas se encontraban combatiendo el crimen en las calles del centro, concretamente en Duque de Alba, al costado de nuestra Tirso de Molina. Este par de puntales de la sociedad, de valientes gladiadores de la libertad, perseguían a un puñado de enemigos del orden, el mercado y la convivencia. Su objetivo era un grupo de vendedores ambulantes. La carrera bajó hasta la calle Amparo, donde lograron trincar a uno. Golpes, gritos, chulería. El resto se revolvió, increpó a los estupas. Uno de ellos hizo el amago de enfrentarse armado con su propia zapatilla. Una deportiva gastada contra una porra extensible. Un gesto, un desafío. El policía que arrastra al detenido parece tener algún problema con sus esfínteres. Sin duda el tipo ha visto la tele, ha crecido con ella. Siempre le encantaron las series de polis, siempre quiso ser uno de ellxs. Zurrar a lxs malxs, besar a la chica guapa. Un tipo duro, curtido, alguien a quien temer. Va al gimnasio, tiene una buena colección de poses estudiadas. Y sin embargo ahora le baila el suelo bajo los pies, le gritan y alguien agita una zapatilla a escasos metros. Saca su pistola y encañona. Nadie parece achantar. La situación es triste y patética a la vez. Nuestro heroico secreta dispara al aire en mitad de la angosta calle madrileña. Dos veces.

Es la hora de comer, hace calor y la paella ya está sobre la mesa. Lxs vecinxs se asoman a las ventanas y portales. Llegan los refuerzos, lxs curiosxs y lxs indignadxs. El asunto se despacha y a las pocas horas la policía mueve una nota de prensa. Un dispositivo policial había sido asaltado por una coalición insurrecta de miembros del 15M e inmigrantes subsaharianxs. Los agentes de la autoridad recibieron una lluvia de escombros y se vieron obligados a realizar un disparo disuasorio. La patraña quedó desmontada gracias al vídeo de un transeúnte. No sabemos qué contaría el pistolero en el gimnasio, a su pareja, a su familia. Nos habría encantado escuchar sus argumentos. ¿Dónde están los cascotes, dónde la jauría de subversivxs, dónde quedó su dureza?, ¿tan mal olía la zapatilla, chico duro? La alcaldesa, esa mujer terriblemente desagradable, ha sacado la cara por él. Por supuesto, es uno de lxs suyxs. El problema es la presión a la que se ve sometida la policía, lxs ciudadanos desafectxs que cuestionan las redadas racistas, los bolsos chinos con las marcas falsificadas. Nuestro problema es ella, son ellxs. Nos da igual que alguien se gane la vida vendiendo en la calle o reponiendo estanterías del Carrefour, nos dan igual todas esas leyes que solo les protegen a ellxs. Nosotrxs sacamos la cara por lxs manterxs, son de lxs nuestrxs: gente que se busca la vida en las calles de esta ciudad sin hacerle daño a nadie. Los pistoleros simplemente están al otro lado, y nuestros sueños apuntan al día en que sencillamente no estén, pues no habrá nadie que necesite de sus servicios. La frase tan gastada que afirma que “sin pistola no son nada” ha cobrado todo su sentido en la calle Amparo, y también ha sido llevada un poco más lejos. En verdad, con el arma empuñada son todavía menos. Una imagen ridícula y distorsionada que viaja directamente desde la pantalla del televisor. Una amenaza real, pues las balas cercenan la carne y truncan la vida, que se manifiesta en un gesto tan repulsivo como impotente: encañonar a personas desarmadas y dispararle a nuestro precioso cielo —quizás le peguen tiros porque no han podido recortarlo ni privatizarlo—. Ahora bien, el domingo aprendimos una valiosa lección: lxs malxs están empapadxs por el miedo. Como todxs. Nosotrxs luchamos a diario por sacudírnoslo de encima. Ellxs chapotean en su cobardía. Esta noche dormiremos a pierna suelta. Aunque vayamos perdiendo la partida, sonreímos…