"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

martes, 5 de junio de 2012

Jean Marc Rouillan, histórico preso político, en libertad condicional

Jean Marc Rouillan, perseverante activista político que actuó como fundador de los llamados G.A.C. (Grupos Autónomos de Combate), que luego serían más conocidos como MIL (Movimiento Ibérico de Liberación), y escritor de varias obras donde relata sus experiencias en el marco de esas guerrillas y grupos armados anti-fascistas que trascendieron más allá de la mera lucha anti-fascista y se enfocaron luego hacia la lucha contra el capitalismo y el Estado, se encuentra en libertad condicional desde el pasado viernes 18 de Mayo, después de que el martes 15 de Mayo la apelación de la fiscalía contra la decisión del tribunal de conceder a Jean Marc la libertad condicional fuese rechazada.

Habiendo sido capturado ya a priori, y posteriormente amnistiado, Jean Marc fue detenido en 1987, cuando era miembro del grupo Action Directe, una organización revolucionaria responsable de audaces acciones y atentados contra símbolos y representantes del poder político y financiero, que surgió a través de la confluencia entre los GARI (Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista, nacidos tras la disolución del MIL y que actuaron mediante las armas, en Francia y otros países europeos, contra los intereses de la España de Franco) y los NAPAP (siglas en francés de Grupos Armados por la Autonomía Proletaria). En este contexto, se le acusa de unos asesinatos de los que él nunca se arrepentirá (hasta entonces no lo ha hecho, por lo menos) y es condenado a cadena perpetua.

Tras más de 20 años en el talego, bajo un estricto sistema de control y un terrible régimen de aislamiento, Jean Marc recibe en el año 2007 la semi-libertad, una especie de preludio a la libertad condicional, una prueba por la cual debía ir a trabajar en el exterior de la prisión, pero durmiendo dentro  y siendo controlado en todo momento por una pulsera electrónica. Los fines de semana, además, debería pasarlos íntegros en la cárcel. En otras palabras, le dejaban salir para ir al curro y aún por encima más controlado que un islamista en una cumbre del G-20. Además, se encontraba sujeto a varias medidas restrictivas. La infracción de cualquiera de ellas suponía el regreso a la cárcel, y así fue cuando, en una entrevista concedida a la publicación "L'expres", publicada en Octubre de 2008, el compañero fue interrogado sobre si se arrepentía de haber matado al empresario Georges Besse (director general de la conocida empresa Renault, ejecutado como venganza por los más de 50.000 despidos en sus fábricas de los que él era directamente responsable), y respondió lo siguiente: "Tengo prohibido expresarme sobre eso... Pero el hecho de que no me exprese ya es una respuesta. Pues es evidente que si escupiese a la cara de todo lo que hicimos podría expresarme. Esta obligación de silencio nos impide también hacer un verdadero balance crítico de nuestra experiencia".

La "justicia" del Estado francés consideró que, con esta declaración, había violado una de las condiciones de su libertad vigilada, la de no hablar con nadie y bajo ningún concepto sobre los hechos que le condujeron a prisión. Fue devuelto a la cárcel, y ahora llevaba un año de nuevo bajo ese régimen, yendo a trabajar a la editorial Agone, y haciendo vida "normal" aunque sin poder salir de Marsella y controlado con un dispositivo en su muñeca.

Ahora accede a la libertad condicional, pero antes de que la cosa siga mejorando, deberá someterse a, al menos, 6 años de periodo de prueba, durante los cuales no podrá abandonar el departamento de Bouches-du-Rhône, ni hablar con nadie sobre su pasado militante. También estará obligado a ir a trabajar y a destinar parte de su salario mensual a indemnizaciones para las familias tanto de George Besse como del general Audran, por cuyo ajusticiamiento popular (yo prefiero decirlo así, ya que asesinar es lo que hacen impunemente el capitalismo y el Estado día tras día y lo llaman "austeridad", "misión humanitaria", "progreso", "globalización" o "seguridad civil", así que yo también usaré eufemismos) fue condenado.

Jean Marc Rouillan es el autor de algunas obras, como "De memoria" (tomos I y II), dos libros que serán sus memorias y donde describe su proceso de toma de conciencia y primeros contactos con la política revolucionaria a través de militantes anarquistas del Estado español exiliadxs en Francia, sus primeras acciones y su participación activa en varias luchas del momento, así como otras facetas más personales e introspectivas de su vida y también sus vivencias como parte de aquel histórico estallido social de creatividad, rabia y pasión que fueron los bellos sucesos del Mayo Salvaje de 1968, donde la contra-cultura, la nueva izquierda y la vida en comuna esbozaban las primeras resistencias autónomas de corte revolucionario al proceso de afianzamiento de la nueva vuelta de tuerca del capitalismo (en términos de Bonanno). Habla también sobre sus experiencias como militante del MIL o de los GARI, así como aborda su estancia en prisión en otra de sus obras, titulada "Odio las mañanas", contenedor para un desgarrador testimonio sobre un sistema de exterminio de disidentes y pobres que el compañero conoce bien, y que se manifiesta mediante aislamiento, torturas, encierro, relaciones de poder, embaucamiento y corrupción.

Hoy el compañero es un poco menos libre que mañana, pero más que ayer, y lo más importante es que a pesar de todo el capital no ha logrado robarle su dignidad ni su insobornable amor por la libertad. Uno de esxs compañerxs cuya historia abruma sin duda y nos lleva a nosotrxs, herederxs quizá sin merecerlo de sus esfuerzos y aprendices de sus pasos y palabras, a preguntarnos si llegaríamos tan lejos sin ceder en el intento, sin que nos venciesen la desazón, el miedo a mantenerse activxs o la inefable presión a la que se ven sometidxs lxs guerrillerxs en lucha contra el sistema de la represión omnipresente, en unos tiempos en que, como ya dijo otro activo personaje de aquel Mayo francés, ya no es necesario seguir escribiendo consignas poéticas, porque lo que hace falta es ejecutarlas.