"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

sábado, 26 de mayo de 2012

Ley de la capucha en el Estado español

No hace tanto que el gobierno anunciaba su intención de convertir los delitos de vandalismo en terrorismo de baja intensidad, de convertir en atentado a la autoridad la desobediencia, de responsabilizar a quien convoque por internet manifestaciones que luego deriven en disturbios de todo lo que suceda, e incluso acusándoles de terrorismo y ampliaba sobremanera la lista de razones por las cuales podría ser decretada la prisión preventiva, por no hablar de la iniciativa de la Generalitat en Cataluña de crear una página web donde se instaba a la ciudadanía a denunciar a manifestantes que habían participado en alguna protesta que derivase en disturbios (que esos disturbios los provoquen activistas o las cargas y prepotencia de la policía poco importa, lógicamente). A todas estas medidas, que asfaltan el camino hacia el totalitarismo, se le unía estos días la reforma de la Ley de seguridad ciudadana, por la cual, se podrán imponer multas de entre 3.000 y 30.000 laureles del ala por llevar cualquier tipo de prenda que oculte la identidad del/de la acusadx (cascos de moto, pasamontañas, capucha...) dependiendo la cuantía de la sanción del daño causado.

La cosa no se queda aquí, y será considerada falta grave toda aquella perturbación del orden público que no sea constitutiva de un delito. Aquí puede entrar de todo, desde cortar una calle, hasta obstaculizar el tráfico momentáneamente o hacer una concentración ilegal en la vía pública, por ejemplo. Respecto a las faltas de respeto y la desobediencia a la policía y autoridad, será tipificada como falta grave o muy grave. Aquí podríamos hablar de que si un madero te pega de hostias, y tú le insultas, estarías ya incurriendo en falta grave o muy grave. Lo mismo si no le permites registrar lo que quiera (aunque no tenga autorización para hacerlo, por ejemplo, cuando te paran por la calle y sin razón se ponen a registrar tu maleta o tu bolso) o si en una manifestación alguien grita aquella consigna de: "¡La policía tortura y asesina!", y algunx de lxs maderxs presentes opina que gritaste demasiado alto. Vamos, que como sigamos así, al final nos van a poner una multa por pasar por delante de un/a policía y no levantar el brazo en plan saludo romano.

Es digna de mención la declaración que hizo Jorge Fernández Díaz, nuevo cabecilla del ministerio de hostias públicas (más conocido como ministerio del interior), donde el tío señalaba que este nuevo conjunto de medidas iba encaminado a nada menos que a "garantizar mejor el derecho de manifestación" y "para que lxs violentxs no puedan contaminar el libre ejercicio del derecho de reunión y manifestación". Bueno, si el ministro del interior no quiere que haya violentxs que impidan a la gente reunirse y manifestarse, lo único que tiene que hacer es no enviar a la policía a reventar a porrazos toda protesta que no agrade a lxs jefazxs económicxs o a lxs políticxs que defienden sus intereses. Por otro lado, resulta curso ver cómo el poder, desesperado ante la cada vez mayor participación ciudadana en las protestas (y ante el hecho de que esa población empiece a desconfiar cada vez más de sus tretas y de sus excusas), el poder se apresura a reforzar sus mecanismos represivos (y además, amparando ese agravio con que es por nuestra libertad, ¡hay que joderse!, ¡ahora nos quitan libertades para garantizar nuestra libertad!) y a tratar una vez más de que nos traguemos esa supuesta (y absurda) dicotomía entre manifestantes buenxs, "tolerantes" (no toleran que otrxs se manifiesten de otra forma), masoquistas, predecibles y pacifistas dogmáticxs que consideran que es lo mismo pegarle un martillazo a la pantalla de un cajero que apalizar brutalmente manifestantes desarmadxs y sentadxs en el suelo, y manifestantes malxs, es decir, aquellxs que, pese a no descartar la vía no-violenta en determinados momentos, y habiendo valorado y reconocido la efectividad que ésta tiene para ciertos contextos o luchas, no descartamos tampoco la respuesta violenta y contundente ante las agresiones del Estado y el capital, dado que hacerlo supondría suicidarse y resignarse a la inoperatividad reivindicativa y a agachar la cabeza cada vez que la madera levante sus armas en nombre del latrocinio, la masacre, el imperialismo, la pobreza, la desigualdad y la injusticia patrocinadas por las multinacionales y los intereses fondomonetaristas de las políticas de la U.E.

El Estado/Capital intenta de nuevo hacernos quedar como lxs violentxs a quienes no aceptamos su estilo de vida ni la sumisión impuesta por las pelotas de goma, las porras y la tortura. No obstante, no somos nosotrxs lxs que desahuciamos familias engañadas por la banca convirtiéndoles en otra de las sombras invisibles destinada a morir de frío entre cartones, no somos nosotrxs quienes han financiado un banco con dinero público y han dejado irse de rositas al artífice de la operación, no somos nosotrxs quienes han asesinado a un chaval en Euskal Herria sólo por celebrar la victoria de su equipo de fútbol favorito, ni tampoco quienes durante la huelga del 29 de Marzo, detuvieron y torturaron en la calle y en comisaría a decenas de personas, dejando a alguna al borde de la muerte, como es el caso de Xuban Nafarrete y tantxs otrxs. Tampoco somos nosotrxs quienes hostigan y encierran a personas cuyo único delito fue buscarse la vida lejos de la miseria que el capital les impuso en sus países, colonizándolos a través de la las transnacionales y de la financiación de guerras de falsa bandera que justifiquen la ocupación militar desenvuelta por la OTAN, ni tampoco quienes arruinan países sistemáticamente para mantener vivo un sistema auto-destructivo que hace aguas. No somos nosotrxs quienes patologizan lo divergente con respecto al statu-quo dominante, y lo tratan con medicación forzosa, psiquiatría, represión, marginalidad y aislamiento, ni quienes continúan usando los medios de comunicación para esconder las más viles atrocidades.

Pero os estamos perdiendo el miedo, y poco a poco somos conscientes del potencial que tenemos.