"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

lunes, 13 de febrero de 2012

Texto de algunas individualidades de la FIJA en Barcelona, a propósito de la canonización del juez Garzón

Extraído de la web de la Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas: Aquí.

Texto redactado por individualidades anarquistas de Barcelona adheridas a la FIJA, y que contiene la opinión de éstas sobre todo el espectáculo mediático y canonización y martirio que desde la socialdemocracia y la basura izquierdista de bata de casa y zapatillas se ha hecho del juez Garzón, tras su inhabilitación por las escuchas del Caso Gurtell.

Podríamos añadir muchos otros ejemplos de cómo el juez Garzón ha servido durante toda su carrera (y continúa sirviendo) al mismo sistema asesino e injusto que nos ha conducido a esta situación crítica, en la que la revuelta y el levantamiento de las clases oprimidas contra todas las instituciones del Estado y el capital y contra los pilares que sustentan esta sociedad delirante y suicida, no es ya una simple alternativa dentro de una serie de opciones a considerar, sino que se trata de una cuestión de supervivencia. No obstante, el texto me parece bastante completo, conciso y claro.

Me he tomado la libertad, como siempre, de cambiar los morfemas de género en las palabras por las X, así como de intentar no dar preferencia al género en artículos y otros casos. Confío en que si la/s persona/s que lo ha/n escrito ve ésto, no le/s moleste.

Jueces/zas buenxs, jueces/zas malxs

Bomba mediática. Saltan las alarmas. El icono de la lucha contra la corrupción política ha sido condenado por las escuchas telefónicas en el caso Gurtell. En seguida las corrientes de opinión impulsadas por los medios empiezan a generar debates, tertulias, portadas de periódicos, minutos de radio y de televisión. Y se empieza a notar en la calle, en las redes sociales, en los puestos de trabajo, en los cafés. La gente que cree que es conservadora da saltos de alegría, la que cree que es progresista está indignada. El juez Garzón, símbolo de la justicia de Estado progresista y democrático, inhabilitado por posicionarse en contra de la corrupción política. ¿La democracia se cae a pedazos?, todo parece que encaja dentro de los esquemas mentales de una sociedad democrática en vías de descomposición. Gobierno conservador, recortes y justicia de derechas para condenar a la facción crítica y opositora. La socialdemocracia se erige de nuevo como la gran víctima de la derecha y sus maneras políticas. El inmenso monstruo del PP da su verdadera cara, y es mala, peor, nos dicen, que la que enseñó el mal llamado "socialismo" durante sus años de poder.

Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto?.

Baltasar Garzón lleva tiempo actuando como "juez coraje". Él es el abanderado de las investigaciones por los crímenes franquistas, ganándose la simpatía de un gran sector popular de la izquierda, sobretodo a raíz de las denuncias que se interpusieron contra él por parte de la ultraderecha española más rancia. Él fue quien se preocupó por condenar la actuación de Augusto Pinochet, dictador chileno, ordenando su puesta en busca y captura por crímenes y torturas. También indagó en la conexión entre EEUU y las dictaduras latinoamericanas, así como condenó a prisión a conocidxs protagonistas de la dictadura argentina. Todo un héroe de la democracia progresista, no cabe duda.

Sin embargo no es oro todo lo que reluce. Sin entrar en cuestiones sobre su persona, sí que debemos cuestionarnos si la figura de Baltasar Garzón responde o no a una forma determinada de interés político. Dicho de otra manera, Garzón es un buen juez, pero ¿eso qué significa?.

En el año '98, Baltasar Garzón regresa a la Audiencia Nacional tras su incursión por la política en las filas del PSOE. Justo ese año, comienza una de las batallas más conocidas en su carrera judicial: el acoso y la persecución de la izquierda abertzale vasca, bajo la excusa de la lucha contra el terrorismo. Entre otras joyas, este gran demócrata fue el responsable de la clausura del diario Egin, de la radio Egin Irratia, del asalto y registro de la Coordinadora de Alfabetización y Euskaldunización de Adultxs (AEK), del cierre del periódico Egunkaria, de la ilegalización del partido político Batasuna y de la persecución de todas y cada una de las formaciones políticas con base independentista de izquierdas. Todo ello bajo la supuesta excusa de colaboración o relación con la banda terrorista ETA.

Lo cierto es que la clausura de Egin o la ilegalización de Batasuna han sido algunos de los acontecimientos más penosos de la llamada "democracia española". Y no lo han sido porque se atacaran las libertades democráticas más fundamentales de un sector importante de la población vasca. Eso, aún siendo cierto, no nos preocupa, ya que no somos precisamente quienes más expectativas tenemos en las vías democráticas, al igual que rechazamos abiertamente la participación política por medio de partidos, sean todo lo revolucionarios que sean o digan ser. Es más, no defendemos la causa de "reivindicar un estado vasco" y no podemos menos que lamentar el cómo el nacionalismo ha sumido a gran parte de la clase trabajadora vasca en una trampa política que la aleja de la verdadera emancipación de clase, la cual no conoce patrias ni banderas. Sin embargo, pese a todo ello, entendemos que la persecución política que impulsó Garzón ha salpicado mucho más lejos de los círculos partidistas, y muchas personas han sufrido represión, cárcel, malos tratos y torturas por el mero hecho de defender una idea de liberación nacional, la cual es como mínimo respetable por mucho que no la compartamos. El juez Garzón es uno de lxs responsables de que detrás de la etiqueta "lucha antiterrorista" se ampare el acoso y la persecución de personas por sus ideas políticas. Y mucho más allá, ya que en ocasiones las personas detenidas no sólo no eran terroristas, sino que condenaban activamente el terrorismo del Estado, el más detestable de todos.

Y no han sido sólo los movimientos sociales de Euskal-Herría los que han sufrido el "azote democrático" de Garzón. En septiembre de 2003, el juez ordena la detención de seis anarquistas en Barcelona. Con la excusa de pertenencia a banda armada, se organiza un montaje jurídico-policial en el que se acusa a estas personas, entre otras cosas, de planear atentados contra importantes figuras mediáticas y policiales. La detención deriva en cárcel, y a alguno de ellos le mantienen secuestrado posteriormente incluso más tiempo del que debía haber pasado en prisión.

Estas detenciones se enmarcaron en una oleada represiva que condenó a prisión a muchxs compañerxs. Era el momento de criminalizar el anarquismo para librarse de él, condenándolo al escarnio público por violento y criminal, aún cuando los fundamentos de estas operaciones del Estado eran la mentira y la difamación gratuita. Y Garzón andaba por medio, sustentando montajes policiales y encerrando a jóvenes luchadorxs. Como ejemplo un botón, pero todavía habría más casos que relacionarían a Garzón con dudosos métodos jurídico-policiales, como el caso de la tortura y encarcelación de independentistas catalanxs en el año '92, hecho condenado por el Tribunal Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Más allá de la visión de juez progresista y modélico, Baltasar Garzón es el protagonista de golpes represivos contra personas que han dedicado su vida a luchar precisamente por la justicia social. A través de figuras como él, el régimen actual reprime a lxs disidentes, lxs tacha de terroristas y elabora absurdos montajes contra ellxs. Es por ello que la actuación judicial se convierte, en estos casos, en la imposición de la violencia del Estado contra todxs aquellxs que se le rebelan, incluso cuando esa rebelión persigue, precisamente, justicia.

Hoy en día existen plataformas de apoyo al juez, que nos piden firmas en nombre de la memoria histórica. Y surgirán nuevas iniciativas que presentarán su figura como un "mártir" de la democracia, como un luchador por lo derechos humanos, como un acérrimo defensor de la transparencia política. Y nadie dirá nada sobre su labor como represor a servicio del régimen. La figura de Garzón es la máscara que oculta la verdadera naturaleza de la democracia y sus demócratas. Dicen luchar por revisar los abusos de poder del pasado, pero son quienes cometen los abusos de poder del presente.

No nos engañemos, no existen lxs buenxs jueces/zas, ni políticxs, ni policías, ni curas, ni empresarixs, ni militares... Todxs tienen muy claro a quién defienden. Pero, ¿y nosotrxs, la gente común, a quién defendemos?.