"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

jueves, 16 de febrero de 2012

Consideraciones en la distancia del Estado español, tras la huelga del 12 de Febrero en Grecia.

Ante los últimos sucesos de este pasado fin de semana en Grecia, algunxs extraemos como conclusión que se trata de un momento crucial para el desarrollo de nuestras luchas y de nuestras experiencias como anarquistas y como anticapitalistas.

En un momento en el que todo parecía estancado, la jornada de huelga del pasado domingo mostró a unas clases oprimidas milagrosamente revitalizadas por la rabia acumulada tras haber alcanzado el límite de su tolerancia y de su paciencia. Ésto, como si de un brillante faro iluminando un oscuro mar de miserias y contrariedades se tratase, nos hizo recuperar a muchxs la fe en que no existe lo imposible y en que podíamos ir más allá del discurso y construir en colectivo una práctica revolucionaria real que se corresponda con nuestros deseos de superar los muros de lo existente como primer paso necesario hacia su destrucción.

Es cierto que la situación que vivimos en el Estado español no puede compararse a la de Grecia. Vivimos en un país donde la gente ha, literalmente, olvidado su pasado y perdido la esperanza, condenándose al auto-secuestro cotidiano de la resignación a una existencia miserable, servil y vacía, carente de sueños y de pasión, que sobrellevar con consumismo, drogas y alienación. Se han acomodado, han dado por muerta una dictadura que sólo cambió su estructura pero que nunca ha desaparecido y han vendido sus almas a la ilusión de la democracia y la prosperidad. Ahora un gran sector de las masas se muestra desorientado y asustado ante la descomposición paulatina pero salvaje del Estado de bienestar por políticxs que se turnan al frente del gobierno para defender los intereses de las oligarquías financieras y, que con la excusa de la crisis, nos venden al gran capital, haciéndonos retroceder varias décadas y arrebatándonos los derechos por los que otrxs compañerxs tan valientemente lucharon y por los que tantxs dieron sus vidas en tiempos pretéritos.

Muere así toda posibilidad de un futuro para lxs desposeídxs de este mundo, no obstante, es entonces cuando la revuelta, la huelga y el levantamiento de todas las clases oprimidas contra las estructuras políticas, económicas y sociales que conforman este sistema asesino deja de ser una elección para convertirse casi en una obligación, en una cuestión de supervivencia para evitar caer en el abismo al cual nos arrastran banquerxs y empresarixs con la complicidad de partidos y sindicatos, que a cambio de unas migajas del suculento banquete de la clase dominante, continúan manteniendo en la inopia a lxs explotadxs y canalizando su furia por vías inocuas e inofensivas que no afecten realmente a la integridad del statu-quo e impidiendo que reaccionen con una represión quirúrgica e invisible, que se desarrolla a través de cárceles, tecnología de control social, interdependencia, miedo y aumento exponencial del número de policías en las calles bajo excusas como proteger a lxs ciudadanxs del cada vez mayor índice de delincuencia. No hace falta aclarar que dicha problemática es una más de las consecuencias directamente derivadas de la injusta organización de este mundo, y que ese Estado policial que lentamente van instaurando, lejos de proteger a la ciudadanía, sólo protege los ingresos y caprichos de lxs amxs, ante una sociedad cada vez más enferma, harta y enloquecida.

La señal ya ha sido emitida desde Grecia, y seguida desde los suburbios londinenses o belgas hasta El Cairo egipcio, pasando por los valles y ciudades de Italia o las islas de Indochina. Día sí y día también, cortinas de humo se elevan hasta el cielo como mensajes de esperanza y rebelión lanzados a todo el mundo desde las hogueras de la metrópolis. Es hora de estar más que nunca en las calles, en los curros, las facultades y los institutos. Es hora de dirigirnos a las masas, de permanecer presentes en todos y cada uno de los procesos sociales que tengan lugar, incidiendo en ellos desde nuestras perspectivas particulares para evitar que el capital y sus recuperadorxs profesionales puedan llevarlo todo por cauces estériles que se integren en el programa de la democracia.

Porque nada ha terminado, todo comienza ahora.
Basta de conformarse con migajas, ¡prendamos fuego a la panadería!.