"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

sábado, 1 de octubre de 2011

Sabotaje contra un campo de maíz transgénico en Extremadura.

Extraído de: Afilando nuestras vidas.

En un comunicado firmado como "Campesinas extremeñas en lucha" un grupo indeterminado de desconocidxs se atribuye la destrucción parcial de un campo experimental de maíz transgénico propiedad de semillas Pioneer. El campo, ubicado entre Valdivia y Zurbarán, era uno de los tres solicitados este año por la multinacional para experimentar a cielo abierto con las siguientes variedades de maíz OMG: 1057, 59122 y NK603 sin que se llegase a conocer cuál de ellas fue destinada a este campo.

Como bien dice el comunicado, el cultivo y producción de transgénicos es vendido a diario en televisión, revistas "de expertxs" y prensa comercial como la panacea de todos los males del mundo (respuesta al hambre, más sostenible, más limpio, más eficaz...) pero la realidad es otra y la imposición de los OMG (Organismos Modificados Genéticamente) responde a una lógica de mercado y tiene lugar en un contexto de contaminación y ruina de muchas cosechas, desperdicio de grandes cantidades de agua, aplastamiento de las economías locales y desaparición de lxs pequeñxs y medianxs agricultorxs, monocultivos y normativas que respaldan los intereses de unas cuantas empresas multinacionales que se disputan el control total de las semillas y otras problemáticas similares no derivadas en algunos casos directamente de los transgénicos pero sí del catastrófico progreso que padecemos por lo que si no se empieza ya a esbozar y poner en práctica una ofensiva efectiva y directa contra el agravio de esta problemática, en cuestión de unos años serán esas empresas quiénes controlen todo el sector agro-alimentario con sus químicos mientras que toda alternativa posible que permita, desde unos modelos mucho más sanos, naturales y tradicionales, satisfacer las necesidades básicas de territorios concretos (no las de los mercados ni sus caprichos) se disolverá en el olvido para dar paso a los transgénicos y su "grandeza" los cuales, en otras partes del mundo, ya se han traducido en deforestación, hambruna, intoxicaciones y sobre todo, en la destrucción de tierras enteras que quedan inutilizadas para siempre tras ser objeto de experimentación para esta basura.

La arquitectura del sistema tecno-industrial se basa en la imposición de modelos que obedezcan a la lógica capitalista y que no sólo contribuyan a sostener su peligroso e injusto modo de vida sino que además, destruye y niega a sus esclavxs toda posibilidad de poner en práctica otras alternativas que no sean la suya. Teniendo ésto en cuenta, no es descabellado plantear la hipótesis de que lo que se busca con los transgénicos no es hacer honor a todas esas hazañas de las que dicen ser capaces, no. Lo único que buscan es arrebatar a los pueblos, aldeas y pequeños territorios hasta cierto punto alejados todavía del modelo industrial su capacidad para alimentarse por sí mismos y de ser autosuficientes extendiendo a las zonas rurales el control absoluto que ya poseen en las ciudades donde la gente confunde felicidad con consumo y confunde vida con una existencia artificializada y mecanizada por el reloj, el trabajo y la rutina, repleta de deseos de mierda que tras los escaparates esperan ser pagados con otro pedacito de nuestras almas.

Evidentemente, el cultivo de transgénicos en ningún caso es compatible con el de otras cosas y por ello el sabotaje y acción directa contra las estructuras que se lucran con ellos ya ha encontrado varias expresiones en nuestro país y a lo largo y ancho de este planeta en ruinas y no sólo por parte de eco-anarquistas o similares sino también por parte de aquellxs que, viendo en riesgo su estilo de vida (la pequeña agricultura en sus pueblos), y al verse desamparadxs por las instituciones, se cobran la justicia por su mano y deciden tomar cartas en el asunto, atacando y destruyendo aquello que les roba el fruto y futuro de su trabajo. Por ende, concluimos que es una lucha totalmente legítima y que sí, en efecto, rompe con los cauces de la legalidad y la paz social del capitalismo pero es que cuando una ley sólo ampara a lxs poderosxs, que sus víctimas se levanten en pie de guerra es sólo cuestión de tiempo.

Como siempre, el poder ha ofrecido la típica solución enfocada a solucionar parcialmente el problema y con parcialmente me refiero a, como sucede siempre, contentar con falsos remedios a las masas pero sin cuestionar sus fuentes de riqueza y por tanto tampoco la raíz real de la problemática.

En este caso, para que la decisión final de aprobación y comercialización de esta clase de productos no parezca tan unilateral, el Estado creó la CNB (Comisión Nacional de Biotecnología), en cuyas manos dejó el visto bueno.

¡Qué casualidad que los siete representantes de la citada comisión estén todos vinculados al negocio y los lobbies internacionales que se forran gracias a esta nueva cara del progreso! ¿verdad?, eh, bueno, espera, ¿casualidad?, sí, los cojones.

Dado que el Estado no sólo no ampara a lxs pequeñxs productorxs que trabajan día a día por una economía autosuficiente, sostenible y natural sino que además, financia la industria que pretende enterrar para siempre su legado para imponer como sea sus envenenados modelos, nuestra rabia debe descargarse contra sus estructuras, contra sus fuentes de riqueza. Declarar la guerra a la artificialización de la vida.

¡¡Los laboratorios transgénicos siembran muerte!!.