"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Una reflexión breve sobre redes sociales.

Este texto lo escribí para incluirlo en un fanzine que me encuentro editando sobre seguridad en los movimientos sociales. 

Las redes sociales son un fenómeno que se ha ido extendiendo en los últimos años hasta formar parte de nuestro día a día, del mismo modo que irrumpieron en nuestras vidas los teléfonos móviles. Son el nuevo ejemplo del gran hermano que alguien ya predijo en su distopía 1984.

Se habla de que son geniales, una manera moderna y fácil de conocer gente y de compartir información pero, ¿compartir información con quién o quiénes?, ¿os habéis parado a pensarlo?.

Pasando por alto el hecho de que internet es un proyecto militar estadounidense que terminó siendo una especie de tercera revolución industrial, la red social Facebook (por poner un ejemplo de la más extendida y globalizada) se encuentra, a día de hoy, vigilada y controlada por la CIA, cuyxs agentes se dedican al espionaje.

Si ésto no te dice nada, añadiré que en las redes sociales como Facebook, Tuenti, Myspace, Twitter y similares toda la información y/o datos compartidos en el espacio de la misma son automáticamente encriptados desde el instante mismo en el que nos hacemos usuarixs y almacenados en un servidor al cual, evidentemente, no tenemos acceso de ninguna manera pues puedes denunciar mil veces, te seguirán diciendo que no tienen nada tuyo y todo tu material seguirá en sus manos. Acéptalo. Material e información no sólo sobre nuestra identidad sino también acerca de aquello que nos gusta, aquello que odiamos, aquello que deseamos, sobre nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, relaciones, todo está en sus manos, les estás contando no sólo cómo encontrarte sino también cómo domesticarte.

Evidentemente, no sólo la CIA controla esos espacios. En el Estado español es de sobra conocida la intromisión constante de los cuerpos policiales en las redes sociales bajo mil pretextos. Combatir la pederastia, hacer unas redes y una sociedad "más seguras" (más seguras para SU modelo de sociedad, para SU paz social), controlar las fotos de quiénes maltratan animales (en cambio, les pegáis palizas con porras a quien cuestiona la tauromaquia ¿verdad?), ver fotos de sospechosxs... Por si fuera poco, la mayoría de sustento de estas redes viene por parte de grandes empresas y entidades a cambio de publicitar sus productos o servicios en las mismas. Coca-cola, Telefónica, Vodafone, BBVA, Nike, Adidas, marcas de bebidas alcóholicas o grandes fabricantes de coches. Ésto hace que podamos pensar, sin resultar exageradxs, en que estas redes se encuentran a plena disposición de sus intereses económicos, es decir, al servicio del enemigo. ¿Le confiarías a un/a poli tus fotos, tus datos, tu intimidad?, ¿y a un/a periodista de Telecinco?, ¿por qué entonces sigues en esa jaula?.

Lxs usuarixs, especialmente lxs más jóvenes, terminan distanciándose del mundo real, se encierran en universos virtuales y cada vez es más difícil pasar un puto día sin escuchar hablar de ellas (por no decir que es ya imposible).

Piénsalo, ¿cuánto tiempo pasas conectadx y cuánto pasas en la calle jugando al fútbol o las cartas con tus amigxs, conversando, tomando algo en un garito cualquiera de la ciudad o sencillamente, paseando?, ¿cuánto lees, cuánto empleas en comer, en hacer algún ejercicio, en preocuparte de tí?. Ahora pregúntate, ¿cuánto tiempo empleabas a cada una de esas actividades a priori de irrumpir en tu vida estas cárceles de mentes?. Bingo.

No estaría siendo justo si no reconociese que, hasta hace muy poco, yo también era un siervo de las redes sociales, de su atractiva presentación, de sus intuitivos menús y de la sensación que me proporcionaba conectarme y ver que tenía comentarios, que alguien quería decirme algo. Sin embargo, hace poco me he decidido por fin a darles pasaporte a mis perfiles y ahora mismo estoy en proceso de desintoxicación. Sí, de desintoxicación, porque ¿acaso no son una maldita droga?.

Se suele soslayar un poco la nocividad de este tipo de páginas web sacando a relucir constantemente la parte por así decirlo buena de las mismas. Es cierto que hacen mucho más fácil interactuar con compañerxs y amigxs que viven muy lejos y facilitan la difusión de textos, ideas y proyectos a escala internacional. No obstante, conviene reparar en lo siguiente: 

Respecto a la afirmación de que molan porque gracias a ellas se conoce gente, yo digo lo mismo que cuando dentro del debate sobre la tecnología aparece el argumento de que de no ser por la tecnología, no habríamos podido viajar a otras partes del mundo. Yo pregunto, ¿de verdad es éso una necesidad o supone un lujo creado?, y ahora volviendo al tema de las redes sociales... es cierto que mucha gente se conoce a través de ellas pero, ¿de verdad hablamos de relaciones sinceras?, ¿podemos llamar amistad a un simple click, a una emoción previamente vaciada de todo contenido humano y sincero y mediada a través de una tibia pantalla de cristal líquido?. La forma en que han cambiado nuestra forma de relacionarnos es absolutamente enfermiza, superficial, fría. Un puto dibujo de una carita sonriendo o llorando transmite sentimientos mucho más profundos y la humanidad desaparece para ser sustituida por el vacío que supone estar hablando con una máquina que jamás podrá imitar lo que es el contacto cara a cara. 

De no ser por las redes sociales, posiblemente no habríamos conocido a mucha gente pero por otro lado, estoy seguro de que los lazos con la gente con la que convivimos serían mucho más sólidos y sinceros.

Me gustaría ahora referirme a un par de especies cuya fauna prolifera por doquier en estos espacios

Por un lado, tenemos a la gente que no sé si por voluntad o descuido olvidan por completo el papel de las redes sociales dentro de la sociedad tecno-industrial capitalista y deciden crearse un perfil, llenarlo con fotos suyas (algunas de ellas encapuchadx, haciendo pintadas o posando con su navaja en plan chungx) y proporcionar datos “irrelevantes” como su edad, su lugar de residencia, su nombre real o su fecha de nacimiento. Tras ésto y asegurándose de estar identificadx y bien a la vista de todxs, decide comentar en plan destroyer reiterando una y otra vez (que quede bien clarito) a cuántxs nazis va a matar, cuántos cristales va a reventar, a cuántas manis ha ido o la cantidad de colectivos en los que ha participado. En serio, la próxima vez que salgáis a la calle, dirigíos a comisaría y entregaros. Será lo mismo, pero le ahorraréis a la policía el tener que colarse en vuestras cuentas para tener acceso a numerosas confesiones escritas y una cara a la cual colgárselas. ¿Tan poco valoráis vuestra seguridad?... 

Por el otro, tenemos a la peña que pese a no militar en colectivo alguno, no mantener contacto con ninguna lucha en la realidad (en la realidad real, no en la virtual) e ignorar por completo lo que supone implicarse en ciertos proyectos, se recrea con cinismo en universos virtuales donde sube su ego con discursos incendiarios propios de Alfredo María Bonanno o de Massimo Passamani que se quedan ahí mientras demuestra a todxs lxs contactos que ha agregado a ciegas y que no conoce ABSOLUTAMENTE DE NADA (tú tranqui chaval/a, que la poli no sabe usar internet...) lo super-antisistema que es. ¡Oh, joder, qué guay, tengo 43745763764764 contactos a lxs que no conozco de nada, soy importante!. Patético. La lucha está en las calles, en las asambleas, en los centros sociales y en los colectivos, no en internet. No son pocxs los casos que yo he conocido de gente que da el pego en internet de activistas mazo comprometidxs pero que luego en la realidad no son más que pose, excusas y conformismo y personalmente, ésa peña me pone de mala hostia.

Ahora, hablando de la parte en cierto modo positiva de esas telarañas podríamos citar que, como dije antes, facilitan mogollón la difusión de información, material y sucesos importantes dentro del marco de las luchas y proyectos antagonistas. Si se toman las pertinentes precauciones, considero que, en efecto, las redes sociales al igual que el e-mail y en definitiva, toda la red de redes, son un vehículo muy útil para difundir e intercambiar material, reflexiones y alimentar el debate (siempre que el debate no sea la coartada para el morbo y el espectáculo) en torno a unas cuestiones que necesitan de presencia antagonista en todos los frentes posibles.

De todas formas, toda precaución que podáis tomar es poca por lo que si usáis este tipo de herramientas para difundir o para mantener contacto con compañerxs, igual que chats y otras por el estilo, no estaría mal que aprendieséis a enmascarar la IP o que usaséis algún puente o mecanismo para no dejar rastro ya que de lo contrario, por mucho que no subáis fotos, que mintáis sobre vuestros nombres, sobre vuestra edad, procedencia o por mucho cuidado que tengáis al aprobar las peticiones de amistad que os lleguen, si quieren localizaros les bastará con rastrear la IP y es un proceso que lleva escasos minutos si se sabe lo que se está haciendo. Aún así, el material que almacenéis terminará en sus manos y no podréis hacer nada por evitarlo así que ojito al dato.

No pretendo con ésto estigmatizar ni juzgar a nadie y es tarea de cada unx valorar en qué grado le puede comprometer el uso de las redes sociales y tomar las medidas que crea oportunas. No obstante, hay cosas que en mi opinión rozan el ridículo más absoluto. Un poquito de seriedad, por favor. No eres más rebelde por llamar mil veces a la revuelta en el Tuenti si luego no lo aplicas en tu vida cotidiana, al menos en aquello que esté en tu mano y que las circunstancias te permitan.

Por cierto, parece ser que lxs de Anonymous han amenazado con que el 5 de Noviembre (continuando con su idiosincrasia en plan Guy Fawkes y V de Vendetta) facebook dejará de existir.

Es muy curioso, pues han posteado la citada amenaza precisamente en facebook. Quién lo haya hecho, se ha lucido sobremanera vaya.


En fin... os deseo mucha suerte, la vais a necesitar si pretendéis cargaros Facebook y lo digo sin acritud, dado que en caso de que lo logréis (que aunque me pese, lo dudo mucho), os habréis ganado que me calle las críticas a vuestro ciberactivismo durante una buena temporada.

A partir de aquí, es tarea de cada unx el considerar si vale la pena convertirse en parte de un espectáculo virtual mayoritariamente mediocre, triste y tan monótono y alienante como el resto de esta asquerosa realidad carcelaria.

Muerte al Capital.
Año 27 era Orwell.