"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Tamara, condenada a 8 años de prisión.

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La compañera Tamara iba a ser juzgada ayer en la audiencia de Barcelona pero ha "aceptado" finalmente la oferta de la fiscalía, aceptando los cargos a cambio de que redujeran a la mitad la condena que en un principio le pedían.

Así, finalmente han sido 8 años los que le han caído a una joven anarquista por el simple hecho de solidarizarse con las personas presas que el capitalismo encierra en sus campos de exterminio donde bajo la mentira de la reinserción, son despojadxs de sus deseos y de sus esperanzas, convertidxs en simples despojos condenadxs al aislamiento, la explotación laboral (no olvidemos la nueva reforma que permite al poder sacar beneficios de los talleres de trabajo que se realizan en los talegos convirtiendo a lxs presxs en mano de obra esclava), el suicidio inducido y la arbitrariedad de las torturas, las palizas y la prepotencia de lxs carcelerxs.

Tamara reconoció haber enviado el paquete con pólvora al por aquel entonces ex-secretario de servicios penitenciarios Albert Battle como acción para exigir la puesta en libertad de Amadeu Casellas (que de hecho, cumplió varios años más de los que le correspondían, otra de las "irregularidades" y de los "fue sin querer" con los que el capital hace lo posible por extender las condenas). No obstante, la compañera no envió en ningún caso una bomba, sino un paquete con pólvora y que simulaba ser una bomba con el objetivo de amedrentar y no de matar y de hecho, los propios informes policiales corroboran esta versión. Sin embargo, Tamara, al igual que muchxs otrxs presxs libertarixs y/o sociales, ha sido víctima de un montaje en el cual se la presenta como una terrorista en potencia y la sociedad, como buen ganado, asiente y pide condena para la compañera sin darse cuenta de que el único terrorista es este sistema asqueroso que continúa sometiendo al mundo a su lógica, asesinando, contaminando y destruyendo todo lo que queremos para sustituirlo por ciudades grises, artificialidad, máquinas y una existencia vacía, mediada y desoladora basada en hipotecar nuestra vida al trabajo y la rutina para poder acceder a todo ese abanico de pseudo-necesidades que la industria publicitaria y las grandes multinacionales han producido para mantenernos felices. Un mundo donde lxs niñxs que fabrican las videoconsolas y los balones de fútbol que regalarás a tus hijxs por navidad no sólo no conocen a Santa Claus, sino que además reciben minas antipersona, ausencia de servicios sanitarios mínimos, bombardeos "democráticos" de la OTAN y trata de blancas como sus regalos en Nochebuena.

Esta realidad no es, de todas maneras, diferente a una cárcel. Es una sociedad de soledad, de personas aisladas y alienadas esforzándose por aparentar, producto del espectáculo y del onanismo de la imagen y el rechazo a unx mismx. Barrotes invisibles nos encierran y nos reducen a roles que aparentamos según el contexto, una triste obra de teatro en esta sala que hemos llamado no-vida cuya entrada es cada vez más cara y en cuyas puertas están lxs perrxs del Estado y su burocracia dispuestxs a evitar a toda costa que alguien escape del manicomio, de esta neurosis colectiva.

Pero cada persona presa, cada compañerx entalegadx o cada voz que sigue en lucha aún detrás de los muros es un motivo más para seguir adelante. Disfrutad de la función miserables, nosotrxs sabotearemos el espectáculo.

El Estado es el único terrorista.
Abajo los muros de las prisiones, ¡¡Tamara libertad!!.