"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Notas preliminares, por los Amigos de Ludd

El siguiente texto fue editado por el colectivo Amigos de Ludd a modo de manifiesto y de punto de partida para su proyecto de reflexión y debate, que se vería realizado en los boletines que editarían a posteriori así como en su participación en jornadas y luchas antitecnología de manera activa, ofreciendo charlas y contribuciones de varios tipos.

El texto es interesante en mi opinión en la medida que sienta las bases para una crítica global a la tecnología, alejándose un poco del discurso sesgado que promueven algunxs creyentes de la religión del progreso que especulan sobre un posible nuevo enfoque del entramado tecnológico para que éste sirva a las necesidades del pueblo sin comprender que su articulación y funcionamiento son consustanciales a la ideología que los ha creado.

El texto sirvió así mismo de introducción a un texto de Mandosio en uno de sus boletines. Lo dejo por aquí:

NOTAS PRELIMINARES.

"Corremos sin preocuparnos hacia el precipicio después de haber puesto delante de nosotrxs algo para no verlo". Pascal, en su obra "Pensamientos", IX, 5

1. El conjunto de términos y categorías que definen hoy la vida de las sociedades dentro de la civilización tecnológica deberían ser revisados no conforme a su uso admitido o a la convención aceptada, sino en razón de los males que quieren ocultar, de la misma manera que Marx en El capital cuando habla de las tergiversaciones de lxs economistas sobre los daños causados por la industrialización, denunciaba "Nominibus mollire licet mala", es decir, "Está permitido paliar los males dándoles otro nombre".

2. La industria no es, en ese caso, un mero sistema de producción entre otros, no significa una majestuosa adecuación de medios a fines según el sentido de los intereses reales de la sociedad. La industria y su robusta ideología, el industrialismo, significa la dominación tecnificada de los medios del capital para los fines del capital, a costa del sometimiento de lxs trabajadores y de la explotación irracional de los recursos naturales. La industria no es simplemente un medio, sino EL medio objetivo del capital donde éste consigue intensificar la producción y dirigirla hacia su rentabilidad máxima, mientras incorpora a lxs trabajadorxs a la actividad ciega de las máquinas y no al contrario.

3. La industria, por tanto, no nace de ninguna necesidad esbozada por la sociedad, y la máquina no contribuye pues a su liberación, y jamás nació con ese fin. La edad moderna no ha conocido, ni siquiera de forma parcial, la construcción de maquinarias o dispositivos técnicos que tuvieran como fin la emancipación de una sociedad. Todas las máquinas e instrumentos forjados en la edad moderna fueron diseñados dentro del proceso de necesidades industriales de la producción del capital, y la ley de su perfeccionamiento obedece a razones análogas; las técnicas anteriores o bien fueron destruidas o bien fueron integradas bajo formas irreconocibles en los muevos procesos de producción. Sólo pretendiendo ignorar el carácter sesgado de los fines a los que sirve, así como la gigantesca red de necesidades ficticias que ha engendrado para justificar la exigencia de tan altos rendimientos, se puede creer que el sistema de producción industrial haya ahorrado algún esfuerzo penoso a lxs seres humanxs.

4. La industrialización de la producción y de la vida social a partir del siglo XIX y las técnicas a ella ligadas representan una ruptura cualitativa en la historia de las técnicas. Una ruptura en primer lugar en cuanto a la relación del/de la hombre/mujer y sus útiles con la naturaleza. Luego, entre lxs hombres/mujeres mismxs. Por tanto, es aún más comprensible la necesidad, para una crítica de la tecnología, de contextualizar históricamente. No se trata tanto de establecer una fecha de nacimiento de la industrialización ante la cual trazar una línea de demarcación que permita decir "todo lo anterior era mejor", sino más bien de ver realmente, a la vez a través de la consideración de la larga duración y de las aceleraciones vivas de la historia, cómo aquella se realizó, y de poder así juzgarla por lo que es. Si se respeta esta exigencia, será difícil que se nos reproche alguna forma de diabolización de la técnica o una visión trans-histórica (es decir, a-histórica) de ésta última. Si es cierto que toda persona dispuesta a criticar la sociedad actual, dando ejemplos precisos de los síntomas de su derrumbamiento, tiene que referirse a un pasado -y efectivamente hay una necesidad de referirse al pasado- habría así mismo que arriesgarse a dar pistas sobre lo que es aún posible hacer a partir de la realidad presente, y así dar una coherencia más sólida a nuestras referencias al pasado, en lugar de servirse de él como contraste del presente. De ahí la necesidad de desarrollar y de apoyar las experiencias propuestas aquí y allá, de traer a la memoria de todxs los "callejones sin salida" y los olvidos de la historia.

5. Nosotrxs entenderemos por autonomía de la técnica:

a) La subordinación de lo social a lo técnico. Esto significa que "la técnica no es ya un simple medio al servicio de objetivos y de valores de la colectividad sino que llega a ser el horizonte insuperable del sistema" (Latouche, en la obra "La mégamachine").

b) Lo que conduce finalmente a lo que Ellul llama el "systeme technicien" (dejamos la expresión en francés porque no se puede aquí traducir "technicien" por "técnico" sin crear una confusión), el cual se caracteriza por el hecho de que tiende a resolver las disfunciones tecnológicas mediante más innovaciones tecnológicas y se asegura así un crecimiento sin fin.

c) Sin embargo, este desarrollo autónomo de la técnica cuya fuerza consiste en aparecer como inevitable, como el entorno fatídico en el cual somos de entrada, no sería en parte posible sin el prejuicio fundamental de lxs hombres/mujeres con respecto al progreso, favorable a este último, ni sin la simplificación de la vida en la cual lxs hombres/mujeres se sumergen, creyendo encontrar ahí el confort material (y sin duda la mayoría CREEN encontrarlo) y que señala en realidad su renuncia a poseer cualquier poder sobre su vida. Por otra parte, es evidente que lxs hombres/mujeres modernxs tan equipadxs han perdido todo dominio de un saber hacer particular, y se encuentran la mayor parte del tiempo desamparadxs ante un problema técnico a resolver y casi huérfanxs ante una máquina averiada.

6. No obstante, en el texto que proponemos en este boletín (Nota del blog: El texto se trató de un capítulo del libro de Mandosio, "Aprés l' effondrement", al cual este texto sirvió en el boletín de los Aimgos de Ludd a modo de introducción) el autor se desmarca de la posición de Ellul en cuanto a la autonomía de la técnica. Para Mandosio, el desarrollo tecnológico es ante todo "un programa político", una larga imposición y por tanto, en función de las resistencias encontradas, una larga guerra. No es en absoluto un destino. Sobre este punto, Mandosio se aproxima a la posición de David Noble (Consultar "En defensa del Luddismo, una visión diferente del progreso", de la editorial Alikornio y "El diseño de Estados Unidos" por el Ministerio de Trabajo y Seguridad social). Nos parece importante respetar este punto que viene a matizar la afirmación de una autonomía de la técnica sin que no obstante la cuestione de forma total. Ésta autonomía es ante todo posible desde el momento en que lxs hombres/mujeres renuncian a ser lxs dueñxs de sus propias condiciones de vida -renuncia de la que se puede y debe retrazar la historia (desestructuración social de lxs campesinxs y artesanxs, imposición del trabajo asalariado, consumo de masas, etc). Es la razón por la cual debemos insistir sobre la colonización del imaginario colectivo por la ideología del progreso, la fuerza del prejuicio. Se entenderá que, si "un sistema técnico no es exclusivamente técnico sino igualmente económico, social y político", la autonomía de la técnica es el resultado (y el fin) de una ideología materializada -se trata de una inversión de la realidad y al mismo tiempo algo muy real. Pero en contra de aquellxs que creen que esta autonomía de la técnica es el destino del/de la hombre/mujer, y que, por lo tanto, permanecen subyugadxs por este ídolo, nosotrxs pensamos que esta autonomía puede ser combatida, incluso si ésto implica de alguna manera arrancarnos la piel.

7. Si la dominación de la tecnología está tan arraigada es sobre todo porque ella invadió desde hace mucho tiempo todas las esferas de nuestra vida material que estaba en otro tiempo ciertamente limitada y rozaba las condiciones de miseria pero que podía enorgullecerse de ser dueña de una producción autosuficiente, complementada a menudo por intercambios diversos bajo la forma de trueque que satisfacían las necesidades básicas. En su lugar la implantación de la tecnología en nuestras vidas, bajo la forma de bienes de consumo, no ha hecho más que sujetarnos a pseudo-necesidades, mercancías sin nombre, producidas por otrxs, que no se pueden adquirir más que con la condición de producir para otrx, en un proceso de producción del cual no dirigimos ni la continuidad ni el contenido y cuyo espacio vital nos parece cada vez más fastidioso, degradante, a cambio de un salario que permite justamente alcanzar la nueva miseria así fabricada. Al mismo tiempo, las pseudo-necesidades del mundo moderno aparecen como insoslayables -y, de alguna manera, lo son. En efecto, no es solamente que se hayan vuelto culturalmente necesarias sino también estructuralmente, es decir, que modelan, de forma totalitaria, el espacio y el tiempo de nuestras vidas, tomándose el cuidado previamente de destruir o borrar toda alternativa posible. Es toda la vida material la que ha sido transformada.

8. De todo lo anterior se deduce que la sociedad moderna e industrial NO HA CONOCIDO JAMÁS UN USO INSTRUMENTAL DE LA TÉCNICA: Se trata de la primera civilización que se ha alienado de forma total en la identificación de un sistema técnico. Es aquí donde hay que matizar el sentido preciso de la alienación a un sistema técnico en relación a lo establecido por Mandosio. En él, el término de alienación tiene un componente neutro -de alguna manera, devuelve el término de alienación a su contexto Hegeliano y lo identifica con su sentido de objetificación- en cuanto la conciencia al vertirse en lo exterior. Para nosotrxs, es preciso señalar, sin embargo, la connotación negativa de toda forma de alienación en cuanto supone una pérdida de autonomía. Ya Lukács, en el prólogo de 1967 a su "Historia y conciencia de clase" trazaba una diferencia entre alienación como objetificación -a la que concedía un carácter neutro- y la alienación como tal: relación objetivamente social de extrañación. Si escogemos la noción de alienación como objetificación, tenemos que estar de acuerdo con Mandosio cuando afirma que no es posible -ni tendría sentido alguno- desembarazarse por completo de un sistema técnico, que la sociedad no puede romper con toda forma de técnica y es, por tanto, que estaríamos de acuerdo con él cuando afirma: "la ausencia total de alienación, es decir la autonomía pura, es imposible"; ahora bien lo que nos interesa aquí es subrayar ante todo el carácter alienante de la técnica -o de un sistema técnico- como fenómeno histórico-social, por el cual un tipo de sociedad (la nuestra) desde un momento determinado (siglos XVIII-XIX) delega en las estructuras técnicas, ligadas a las formas de productividad capitalista, las condiciones de su propia existencia. A la condición alienante de dicho sistema técnico hay que contraponer pues el proyecto de autonomía como vía de emancipación social e individual que no se reduce, como aún creían y creen hoy muchxs marxistas, a la supresión de la propiedad privada y a la apropiación de los medios de producción por parte de lxs trabajadorxs, sino que incluye el proceso por el cual lxs seres humanxs, fuera y dentro del ámbito productivo, toman las riendas de la organización de su propia existencia y deciden en común sobre la prioridad y satisfacción de sus necesidades. Ni que decir tiene que el sistema técnico que hoy impera constituye un medio OPACO para la clarificación social de esas necesidades y, por tanto su autocrecimiento supone una constante pérdida de autonomía para la sociedad en cuestión. Al perder el dominio sobre un sistema técnico determinado -en este caso, la industria y la ciencia puesta al servicio de la innovación tecnológica- la sociedad no puede sino instrumentalizarse ella misma de forma total y representarse técnicamente todas sus necesidades, no puede utilizar los instrumentos que produce sino sólo ser utilizada por dichos instrumentos.

9. La consideración abstracta que confía a las máquinas una neutralidad a priori incluye el prejuicio de que la industria o las máquinas podrían ser rescatas de su uso privado y totalitario y reorientar su rumbo dentro de un contexto social diferente: Dicha consideración pretende ignorar que toda la estructura técnica, desde sus presupuestos mínimos hasta sus creaciones más colosales, está fundada a imagen y semejanza de los intereses que representa. El análisis de la producción industrial y de todas las tecnologías puestas a su disposición ha de ser, por tanto, un análisis radical. No se trata de encontrar una vía para la reorientación de un sistema técnico determinado sino de desmantelar el fundamento ideológico que ata al conjunto de la sociedad a todas las necesidades engendradas por el sistema técnico bajo la forma concreta en que lo padecemos (la forma industrial desarrollada). Lxs que pretenden, bien-intencionadamente, reconocer a la técnica una cualidad positiva al margen de su "uso malogrado en manos de lxs jefxs de la dominación" no han entendido que para recorrer el camino de la desalienación técnica hay que recorrer primero el camino de la sociedad que se hace efectivamente autónoma de las exigencias de lxs dominadorxs ya que la supuesta cualidad positiva -o al menos, neutra- de un determinado entorno técnico es inseparable de su uso en la sociedad sometida como hoy la conocemos y, en consecuencia, no se podría pensar su utilidad o eficacia fuera de estas condiciones.

10. Es necesario que constatemos que la "fuerza de inercia" no se encuentra ya del lado de las estructuras tradicionales (campesinado, corporaciones de artesanxs, ciertos sectores de la clase obrera...) que impedían una implantación rápida de las innovaciones técnicas, sino del lado de esta ideología del progreso tecnológico donde cada innovación es acogida con entusiasmo. Se trata por tanto de comprender cómo y por qué finalmente esta "fuerza de inercia" ha "cambiado de campo", cómo, en lo que respecta a las condiciones materiales y mentales de las sociedades occidentales, ella actúa contra nosotrxs, contra todo cambio de perspectiva. Pero paralelamente, hay también que percibir los desmoronamientos, las deserciones que las últimas crisis han provocado. En fin, ver cómo es posible minar esta inercia actual que ha tomado partido por el todo tecnológico y por la industrialización de la vida. En esta perspectiva, es interesante ver lo que nos puede aportar el contacto con otros modelos de producción así como calibrar el peso de la "inercia occidental" a nivel mundial, en las sociedades más tradicionales. En fin, la crítica del poder omnímodo del sistema técnico sobre nuestras vidas, a la vez bajo la forma de nocividades mortíferas y de estructuras alienantes, no puede soslayar el rol que tal vez va a jugar el mundo obrero, a través de sus posiciones defensivas y legítimas como sostén directo de la industria.

11. Si el proceso de industrialización supuso una primera ruptura con los límites impuestos por la naturaleza al dominio humano y a su capacidad de expandirse, al menos sabíamos que esos límites existían y podíamos detectar claramente los efectos y consecuencias nocivas de dicho proceso, en el momento en el que saturaban los topes de resistencia del medio y provocaban desórdenes identificables. Pero el avance de la industrialización incluye ahora la total artificialización del entorno sobre el que proyectar marchar sin encontrar ya obstáculos. Es el caso evidente del desarrollo científico e industrial de las biotecnologías (como ya lo fue el caso de la energía nuclear). En este punto, la artificialización se encuadra dentro de dos factores. En primer lugar, el de la llamada "mejora de las especies" que, en sustancia, no trata sino de modificar la base genética de las especies para adaptarlas a un entorno que la industrialización y el mercado arrasaron previamente (polución de los elementos, sobreproducción, muerte de la diversidad, cambio climático, destrucción de prácticas agrícolas integradas, desbaratamiento de economías locales etc). En segundo lugar, a través de esta artificialización que se presenta como mejora y perfección de las especies, el nuevo mundo industrial trata de diseñar un terreno de experimentación y explotación donde los efectos nocivos no sean identificables pues, una vez rotos los límites del medio natural, no quedará un punto de referencia desde el que establecer la medida de un equilibrio entre las necesidades humanas y las necesidades de un determinado ecosistema, mientras que, al contrario, serán aquellas formas naturales que no respondan a criterios de perfeccionamiento y explotación las que aparezcan ahora bajo sospecha de causar graves desequilibrios. A tal punto de dominación totalitaria habrá llegado, ha llegado, la inversión de la relación del/de la ser humanx con su entorno natural.