"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

miércoles, 27 de julio de 2011

La eremita hereje

El relato que sigue lo he sacado de "Manifiesto anticivilización", un texto escrito por el colectivo antitecnología galego Re-evolución en el año 2003.

Desde mi punto de vista el texto constituye una crítica al actual concepto de "Caridad", "compasión" o "altruísmo". Un intento de romper con la caridad burguesa, civilizada y "humana" para de verdad poder actuar según lo que como antiautoritarixs predicamos, es decir, como si aquel/lla individux a quién estamos ayudando en ningún caso se encontrase (que de hecho así es) en una situación inferior a la nuestra sino simplemente menos agraciada. Un intento también de invitar a una ruptura con la cultura moderna, la cultura pseudo-moralista y absurda por la cual cuando vemos a un/a sin-techo pidiendo en la calle decidimos darle dinero e irnos a casa con la cabeza alta, orgullosxs, como si de verdad le hubiésemos ayudado. Pero lo cierto es que ese dinero, en nuestras manos o en las suyas, seguirá circulando y por lo tanto este sistema, fábrica de desigualdad, miseria e injusticia, seguirá produciendo situaciones como la suya. Como dicen, el banco del parque, tu banco y cada día el de más gente.

A su vez, el texto recuerda en cierto modo (o al menos a mí) al buque de lxs necixs, de Ted Kaczynski, pues es una metáfora de la sociedad en la que vivimos, donde una persona por así decirlo ajena a los ambientes contestatarios ignora toda conversación en cuanto oye un argumento o razón que no se corresponde con lo que ella de antemano ya lleva formado, prefabricado, precocinado, plastificado y listo para vender con la más convincente de las retóricas. La gente tiene miedo a su mundo normal, a lo que no entra dentro de su Realidad ficticia pero existente, miedo a aceptar que es mentira su inexistente mundo feliz. Soma, éso es lo que consumís día a día, mercancías e imágenes que actúan como una droga para así haceros más dóciles y domesticaros a la violenta paz social de esta sociedad-engranaje que continúa mercantilizando y especulando con todo lo que encuentra a su paso. Acumuláis riquezas con las que enterraros como si de faraonxs se tratase y no véis que son precisamente vuestra religiosa defensa a capa y espada del neoliberalismo y vuestro obsesivo empeño en tener más y más los factores que rigen vuestra conducta y vuestra travesía suicida hacia el automatismo, el autosecuestro y la autodestrucción.

Habláis de violencia cuando alguien decide dar rienda suelta a su ira pero teméis aceptar que el trabajo asalariado, los centros comerciales donde exponen los deseos incompletos con los que dormitan las conciencias, los bancos, las cifras, la masa, las guerras por controlar los recursos entre las grandes corporaciones, las cárceles, la brutalidad policial, el racismo y el patriarcado aún presentes en las instituciones, la vivienda a un precio prohibitivo, la frustración de no poder realizarnos como personas porque nos han enseñado que para ello necesitamos tener más que lxs demás... todo éso también son formas de violencia y toda autodefensa es legítima. Estúpidxs son aquellxs que piensan todavía, tras siglos y siglos de guerras, muerte, dominación y barbarie, que en un futuro (que nadie sabe especificar) las cosas, de un día para otro, van a mejorar. Todo va a ir bien, las máquinas no destruirán ecosistemas, todxs seremos amiguitxs, reinarán la paz, el amor y la armonía y cantaremos putos villancicos corriendo por un prado lleno de flores. Estamos en guerra, con nosotrxs mismxs y con el mundo entero. A ver si nos dejamos de excusas y nos fugamos de una vez de su manicomio, hacia la libertad para sabotear las piezas de esta tecnocracia y acabar de una vez por todas con aquel Dios que nos robó nuestra razón de ser, nuestros instintos y nuestra naturaleza.

Podéis rodearos de más tecnología, de más guardaespaldas y más armamento tan potente que haría palidecer a la bomba H pero hagáis lo que hagáis, en barrios de chavolas donde lxs niñxs vienen al mundo sin pan y con un fusil de asalto bajo el brazo hay gente llena de odio y rencor, sedienta de venganza y no podréis silenciar su grito eternamente.

La guerra social es inevitable y la conspiración continúa. Abajo la sociedad del espectáculo.

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La eremita hereje. 

En lejano lugar, apartado de la civilización por pedregosas montañas, por salvajes bosques de verde frondosidad y por inquietos y juguetones ríos azules de verdes centelleos vivía una mujer. Era conocida en toda la comarca con el nombre de la eremita hereje. Había quien pensaba que era una bruja que había huído a su recóndito escondrijo de las garras inquisitoriales y que desde las alturas de la montaña seguía haciendo sortilegios contra sus enemigxs. Otrxs aseguraban que era un demonio que por los siglos había vivido allí, que había nacido en las profundidades de las raíces de una secuoya muerta y la había amamantado una loba y que quién se acercaba a sus dominios perdía todo su uso de razón pues el bosque había sido encantado. 

Otrxs, lxs pocxs, no creían nada de ésto, considerándolo una vulgar superstición popular. Solían ser gentes que venían de lejos buscando la sabiduría y la tranquilidad que de ella emanaba según cantaban ciertxs juglares que juraban haberla visto y vendían amuletos que ella misma había bendito. 

Un día que la misma mujer estaba cortando leña para hacer una fogata apareció entre los helechos que bañaban los pies de los árboles uno de estxs viajerxs. 

El viajero se presentó. Era un hombre entrado en años y de aspecto venerable que al parecer era un reconocido sabio en la ciudad de dónde venía. El viajero habló a la mujer con la segura tranquilidad del/de la que se cree en posesión de toda verdad y le dijo: "Vengo a usted porque donde yo vivo la bondad humana parece haber desaparecido como si un malvado duende la hubiese secuestrado. Lxs príncipes/princesas se disputan territorios y riquezas, sólo para aumentar su ego mandando sin piedad a sus pueblos a morir a las más cruentas guerras. Lxs hombres/mujeres de palacio conspiran lxs unxs contra lxs otrxs para estar más cerca del trono, por codicia, gastando el heraldo público en cortesanas y fiestas mientras la gente no tiene para comer". El viajero calló y bajó la cabeza apenado por el recuerdo esperando alguna respuesta de la mujer pero ella siguió cortando a hachazos la leña. El viajero, desconcertado, prosiguió: "Los vicios, la corrupción y la inmundicia son de igual modo los que imperan en el pueblo. La gente sólo mira para sus propios ombligos sin importarle el/la vecinx. Trabajan de sol a sol y se pisan lxs unxs a lxs otrxs sólo por conseguir unas monedas más mientras la putrefacción se adueña de la urbe y la gente cae enferma por esta pestilencia que nadie quiere curar. ¡Oh, amiga mía!, he venido para que me dé consejo. Dicen que es usted una especie de sabia santa. Dígame, pues, no se haga más de rogar. ¿Qué puedo hacer para inculcar a mis vecinxs, aunque sea un poco, el altruísmo y la compasión con la que la providencia la ha bendito, mi señora?". 

La mujer al oír ésto dejó su tarea. Clavó el hacha en el suelo, se secó el sudor que grácil se deslizaba por su frente y apoyándose en el palo de la herramienta se sentó junto al viajero y le dijo: "Amigo mío, gran favor es el que le quieres hacer a tus vecinxs intentándoles volver altruístas y compasivxs. De todas maneras vienes al sitio equivocado si lo que quieres es encontrar aunque sea una pizca de altruísmo o compasión. Nosotrxs no gustamos de vejar a nadie, querido amigo, de la misma manera que no queremos que nadie nos agravie". 

Turbado por la inesperada respuesta el viajero le contestó: "Éso último me parece muy sabio. Pero hay dos cosas que no entiendo bien... ud. ha dicho nosotrxs...". "Nosotrxs he dicho", rió la mujer, "¿no se habrá creído las fábulas de la eremita de los bosques?" y cuando decía ésto salían tres hombres y una mujer de la gran cabaña de madera frente a la cual estaban charlando. El viajero pareció desencantado con tal circunstancia como si hubiese perdido para él un halo exótico en busca del cual había caminado, por jornadas, día y noche. Entre dientes, como refunfuñando, inquisidoramente empezó a decir: "Entonces lo de la heremita hereje...". Lxs contertulixs rompieron en carcajadas, sin mala fé. La mujer puso su mano sobre el hombro del viajero y cándidamente explicó: "No puede usted hacer caso de los rumores de las gentes. Lo siento si le he defraudado. No he sido yo la que me he puesto ese ridículo nombre, de hecho, no me he puesto jamás nombre alguno. No, ni soy una ermitaña, ni soy una asceta ni nada de éso, de hecho no hay nada que más me guste que el gozar y la compañía humana... No veo por qué nadie querría privarse del contacto carnal, de la conversación sencilla con otras personas o la convivencia con quién amas." 

El viajero, alarmado, se echó para atrás liberándose de la mano que le tendía la mujer e indignado preguntó, repitiendo las palabras de la mujer: "¿Quiere usted decir que usted ama a lxs cuatro... carnalmente?." Sobraron palabras para la contestación. El viajero se enrojeció y la sensación de vergüenza le hizo arder en cólera. "Ahora veo que los rumores populares eran ciertos, es usted una bruja, una libertina. Yo he venido aquí engañado. Le he venido a hablar de la trágica situación de mi ciudad pero veo que ustedes aún son más depravadxs pues además de libertinxs se mofan de los sentimientos más elevados del/de la ser humanx: el altruísmo y la compasión. ¡Oh sí!, estaban bien en lo cierto quienes la pintaban como un ser salido de los avernos. No tengo más que hacer aquí. Pero dígame, sólo por curiosidad, ¿cómo pueden ustedes estar orgullosxs de no tener una pizca de compasión o altruísmo?. 

La mujer, ante tal avalancha de palabras y descalificaciones perdió la sonrisa. Sus ojos se volvieron resplandecientes y pícaros y contestó lo que sigue: "Amigo mío, usted quiere saber por qué hemos renegado de la compasión y del altruísmo pero yo ya se lo he dicho. Nosotrxs no gustamos de menospreciar a nadie. Es por éso que no nos compadecemos de nadie. Cuando un/a amigx sufre nos duele a nosotrxs pues en nuestro extremo egoísmo no nos gusta ver sufrir a la gente. Nosotrxs sentimos por lxs demás al identificarnos con ellxs y su dolor, no lxs compadecemos desde una distante posición y menos aún les denigramos y menospreciamos con limosnas piadosas y compasivas sino que les damos lo que es suyo o lo que queremos. Es así que cuando un/a amigx cae enfermx lxs demás lx cuidan para que sane cuanto antes porque no nos gusta ver sufrir y porque así queremos ser pagadxs por nuestrxs iguales si nosotrxs caemos enfermxs. Ustedes, en cambio, lo hacen como si fuese un favor o una obligación social, o divina, que al fin y al cabo es lo mismo. Mandan al/a la enfermx o al/a la viejx lejos de ustedes porque no aguantan verlx sufrir, porque se sienten culpables, porque no pueden compartir su dolor. Ustedes pagan a otrxs para que cuiden al/a la que no puede cuidar de sí y de esta forma alivian su remordimiento por haber sido compasivxs, altruístas. Ustedes dan al/a la mendigx la limosna de su altruísmo, compasión y generosidad que no es más que un despreciable instinto de superioridad, porque ustedes gustan de mirar por encima del hombro.: Por éso su príncipe manda al pueblo a morir a la guerra, por éso lxs hombres/mujeres de palacio conspiran, el pueblo pisa cabezas y se arrodilla por unas monedas... por éso usted ha venido aquí a buscarme. Porque usted antes de venir estaba ya convencido de estar en posesión de la verdad y era para usted un premio que yo le diese la razón a sus teorías. Es por éso que usted está ahora de pie, inquieto y molesto, porque usted ha visto que mi realidad nada tiene que ver con la suya y de hecho la pone en tela de juicio." 

La mujer paró un momento, se levantó, arrancó el hacha del suelo y con ella en las manos extendió los brazos ofreciéndosela al viajero, al tiempo que le decía: "Amigo mío, me preguntó qué es lo que creo que debería hacer. Pues si quiere consejo este es el único que puedo darle. Coja usted el hacha y destroce en mil pedazos el tronco muerto de su cultura pues lo mejor que usted y sus conciudadanxs pueden hacer es destrozar todas las instituciones y valores que mantienen sobre sus espaldas el árbol muerto y una vez despiezadas haced una hoguera con ellas para que pueda volar un nuevo ave fénix." 

El viajero ante tales argumentos se enfureció, rechazó el hacha, les dió la espalda y volvió a su ciudad, diciendo a su vuelta a todo el mundo que era cierto, la eremita hereje era una demonio amamantada por una loba y que él había logrado salir con vida por suerte, pues ella había intentado matarle a machazos y tirarlo en una hoguera. 

El rumor circuló rápido como pólvora en la ciudad y todxs maldecían a la eremita hereje. Pero esta situación no duró mucho, pues no tardó mucho en llegar el ataque de un rey más fuerte y avaro a esta ciudad y todxs sucumbieron.