"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

lunes, 20 de junio de 2011

La especulación, el negocio del siglo.

El siguiente texto ha sido extraído del fanzine Lume!, editado por lxs compañerxs del CSO Casa das Atochas de A Coruña, ya desalojado, y traducido por mí del galego al castellano. La intención de difundirlo no es otra que aportar otro pequeño granito de arena a la comprensión y el debate de una de las problemáticas sociales y de los chanchullos del poder más comunes de nuestro tiempo, la especulación inmobiliaria.

El texto sirve también de razonamiento para contrarrestar los ya de por sí débiles argumentos de toda esa masa pequeño-burguesa, acomodada, conformista, o llamadle como queráis (tiene nombres mil el vulgo civil) que, encantada de comulgar con el culto monetarista a la religión neoliberal, se dedica a desprestigiar y a criticar o tildar de delincuentes o de aprovechadas a las personas que decidimos tomar la iniciativa y recuperar el control sobre nosotros y nosotras mismas, sobre nuestros respectivos futuros, cansadas de que no sólo nuestras viviendas, sino también nuestras propias vidas, pasen a ser mercancía en las sucias y codiciosas manos de banquerxs y empresarixs que deciden, tras su largo y discreto proceso de hipoteca existencial, cómo comerciarán con nuestros deseos, sueños, ilusiones, aspiraciones o relaciones, tanto interpersonales como con nuestro entorno, silenciando, invisibilizando y demonizando sistemáticamente todo aquello que se escape del modelo de ciudadanxs que quieren potenciar, es decir, sombras sin rostro despojadas de la diversidad que antes las definía como seres humanxs y autónomxs, como individuxs capaces de pensar por sí mismxs sin necesidad de que una caja tonta o una manada de hienas sin escrúpulos, autoerigidas portavoces del pueblo, lo hagan por ellxs, materializando su felicidad en algo tan vacuo y efímero como un automóvil más veloz, una tele más grande o con más megapíxeles, un puesto más alto en la empresa (que le convierta exactamente en esa persona a la que día tras día pone verde por no soportar su prepotencia), una casa más cerquita del mar (destruyendo ecosistemas enteros y a las especies animales que allí habitan) y un sinfín de estúpidas metas que no llevan a ningún sitio, salvo a la rutina, el tedio, el agobio, el hartazgo y la mierda de sucedáneo de vida que esxs sonrientes buitres carroñerxs reservan para nosotrxs detrás de esa sonrisa que podemos observar en sus carteles de campaña electoral.

Nunca entenderéis que hay sueños que no se venden en grandes superficies...

Modelo de ciudad

No es oro todo lo que reluce, especialmente cuando personas interesadas se toman mil desvelos para vendernos algo como tal; y el urbanismo no es inmune a dicha máxima, ni mucho menos.

Nos dicen que van a "sanear" cierta zona de la ciudad, que la van a reconstruír, a hacerle un lavado de cara para adecentarla, hacerla más practicable, descongestionarla del tráfico y un sinfín de cosas más; que todo ello será bueno para el barrio, que mejorará las condiciones de vida del vecindario pero... ¿de qué vecindario?.

Cuando empiezan las reformas de los barrios obreros, humildes, de personas trabajadoras que, en muchos casos, son propietarias de sus respectivas viviendas, muchxs vecinxs piensan: "ésto será bueno para el barrio". Lo que pocxs de esxs humildes vecinxs saben es que no se está reformando el barrio para ellxs, ni mucho menos, puesto que su traslado a zonas más periféricas y baratas será la última reforma que emprenderán en el vecindario antes de llenarlo de vecinxs mucho más pudientes y adineradxs, a juego con el nuevo entorno de pisos de lujo, parkings y vinotecas. Ninguna constructora se lanza a la remodelación de una zona por amor al arte, ¡claro que no!, todas lo hacen para ganar dinero y el negocio está en derrumbar casas antiguas para construír viviendas de lujo que lxs antiguxs propietarixs jamás podrían pagar. A éstxs les ofrecerán viviendas de alquiler en la periferia de las ciudades, en los nuevos barrios obreros, a cambio de vender las suyas viejas por cuatro duros y dejar el terreno libre para la especulación inmobiliaria para construír nuevas casas que se venderán por un auténtico pastizal a lxs nuevxs ricxs de la urbe.

Así es como crecen las ciudades, los antiguos barrios obreros que quedaron aislados en el corazón de la metrópolos son sustituídos por zonas de lujo y sus antiguxs habitantes son redistribuídos por los nuevos barrios colmena (para nuevxs trabajadorxs) en los arrabaldes de las ciudades. Es un proceso lento, paulatino, en el que las constructoras van adquiriendo, poco a poco, la titularidad de los edificios antiguos que dejarán que sucumban a un estado ruinoso para luego demolerlos y sustituírlos por otros nuevos, modernos, más acordes con las necesidades especulativas del momento.

El barrio de las Atochas no es inmune a estos procesos y el sinfín de grúas que lo apuñala así lo atestigua. El plan urbanístico que entre las voraces constructoras y sus socixs del ayuntamiento tienen reservado para esta zona no contempla un barrio humilde a la vieja usanza. En él no caben calles tranquilas por las que apenas pasan coches ni pequeñas tiendas de barrio donde podrían poner grandes almacenes o tiendas de marca. Tampoco los bares de toda la vida, donde se puede tomar un vino barato sobre un manto de cáscaras de cacahuete, tendrán cabida entre las vinotecas y los restaurantes de lujo, aunque tampoco podrían pagar los elevados alquileres. Lxs viejxs inquilinxs, por supuesto, se verán sustituídxs por ejecutivxs jóvenes, ricxs propietarixs y funcionarixs bien situadxs que puedan afrontar las cuantiosas hipotecas que regarán con abundante dinero la consolidación de una operación especulativa bien hecha.