"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

miércoles, 8 de junio de 2011

Esto se hunde.

El siguiente texto lo he extraído del Fanzine sobre la Resistencia Anticapitalista, un fanzine que fue editado por las personas que integraron aquella lucha específica que surgió para hacer frente de manera contundente a las dos cumbres que se avecinaban por aquel entonces en la ciudad. La cumbre del G-8, en el 2001 (y un mes antes de la de Génova, en la que fue asesinado nuestro compañero Carlo Giuliani a manos de los Carabinieri) y a posteriori, la cumbre de la presidencia de la UE, en el 2002.

Lejos de caer en el continuísmo y la complicidad que presentaban ONG's, partidos políticos, sindicatos oficiales y movimientos sociales reformistas, la Resistencia Anticapitalista aglutinó las diversas acciones y luchas que por medio de la acción directa llevaron a cabo un cuestionamiento global del conflicto, señalando al sistema capitalista y su globalización como los principales responsables del mismo. Así, se sucedieron acciones de una tónica más radical que no buscaban reformar o humanizar el capitalismo, sino darle muerte de una vez por todas, planteando al mismo tiempo un modelo de vida distinto a este espectáculo cotidiano que nos han impuesto a golpe de talonario, donde la solidaridad, la igualdad, la libertad, el amor, el odio yo otros sentimientos o derechos se han vuelto mercancías sólo a disposición de aquellxs dispuestxs a morir en vida en esta inmensa mesa de sacrificio en honor al Dios Dinero en la que han convertido nuestro mundo.

Finalmente, este tipo de acciones se vieron eclipsadas por la mayoría reformista y pacifista que incluso llegó a atacar a lxs manifestantes que no aceptaron su paseíto turístico por la ciudad, colaborando además con la policía y una serie de movidas que no dejaban del todo claro quién era un/a compañerx y quién no.

El texto que sigue es anónimo y fue repartido durante una manifestación en Karcelona, que marchó bajo el lema central "Stop brutalidad policial. Defendamos nuestras luchas" hace algunos años. Sé que fue un 28 de Julio pero desconozco el año exacto en el que aconteció.

Contiene reflexiones interesantes sobre cómo el poder se aprovechó de la intoxicación mediática contra el Black block para vender una falsa división que muchxs, desgraciadamente, terminaron por volver una realidad. La dicotomización del movimiento en violentxs y no-violentxs abrió un debate cuyas consecuencias sufrimos todxs aún hoy, en un marco social, político y económico que no lograremos destrozar si no es organizándonos desde la horizontalidad y la autonomía y plantando cara a sus policías y a su control social, atacando sus estructuras sin miedo, cargadxs de amor y rabia. Porque ninguna pataleta hippie nos va a devolver nuestras vidas, nos han robado el presente, ahora nos cobraremos el futuro.

Seguiremos en guerra hasta que vuestro mundo enfermo sólo sea un montón de ceniza esparcida por el viento y en las ruinas, sembraremos la semilla de la que florecerán las ilusiones que vosotrxs bastardxs nos habéis robado.

El capitalismo no se reforma, se destruye.

Salud y anarquía.

ESTO SE HUNDE

[...] y cuando se hacía el sorteo siempre le tocaba al grumete ser devorado. Pero el tiempo de estos naufragios ya ha pasado. Y cuando los almirantes se caigan al mar (porque les tocará), nosotros no les tiraremos ningún salvavidas salvo que sea de piedra.

En los últimos tiempos, todos los aparatos Estatales no hacen más que hablar de la violencia callejera. Lxs profesionales de la desinformación, que defienden a ultranza las intervenciones "humanitarias", como ahora llaman a las guerras, se escandalizan ante la reaparición de actos de rabia multitudinarios. Esas movilizaciones masivas, que en base a la acción directa - pasiva o activa - muestran a las claras que esto no va bien, dejan entrever o proponen, más o menos directamente, un proyecto de vida antagónico al actual y pretenden acabar con este circo de miseria humana y social al que este sistema nos somete.

Lxs cirujanxs de la democracia agonizante no ven más que gasolina ardiendo cuando un/a joven lanza un cóctel molotov o arden contenedores en cualquier barrio. Hay mucho más.

Nosotrxs - que como ese joven, estamos hartxs de repartir pizzas, trabajar para que otrxs se enriquezcan y notar la fría soledad urbana, la angustia... - vemos en esa acción una expresión de rabia ancestral. Cuando un/a compañerx se encapucha e intenta tirar un extintor a un carro policial, vemos un intento pequeño y frágil de devolver parte de la violencia que como explotadxs hemos sufrido siglos y siglos.

Si reivindicamos estos actos no es tanto por un impulso irracional, sed de venganza o deseos de devolverles la pelota - que en más de un caso merecen - sino porque muchas veces expresan un anhelo vital por cambiar la sociedad. Reivindicamos estas acciones por la necesidad que notamos en nuestras entrañas y en las entrañas de nuestro planeta de una transformación radical. Una sóla piedra, un sólo grito, un sólo cóctel, así tomados, de uno en uno, son como el polvo, no son nada pero unidos entre sí, viniendo de una multitud que en todas partes lucha y que tiene como propuesta urgente un modelo social mestizo de igualdad, reciprocidad y armonía significan muchas más cosas. ¿Por qué se describen estos actos como fruto de personas endemoniadas cuyo único argumento es la violencia y no como el germen de un movimiento revolucionario?.

Salimos a la calle, una vez más, porque sabemos que este es el lugar central de confrontación social de los proyectos antagónicos: reacción y cambio social. Sabemos que en el parlamento sólo se gestiona el capital y en los espacios públicos - cada vez más privados - es donde se ha cambiado históricamente el curso de los acontecimientos.

Si elegimos el dia de hoy para salir es porque ya no podemos más, tenemos tanta rabia como para arrancar a bocados el asfalto y escupírselo a la cara a lxs perrxs - con perdón para lxs canes - guardianes y a lxs amxs de lxs perrxs. Pero también tanto amor como para después plantar huertas y bailar de alegría.

Rabia por los disparos en Gotemburgo; por los tres manifestantes muertos en Papúa Occidental; por lxs heridxs - uno de ellxs de por vida, con pérdida de un ojo - de Barcelona en la visita del Banco Mundial y los recientes desalojos; por el asesinato de Génova y por todxs lxs luchadorxs sociales terriblemente reprimidxs en el mundo: Bolivia, Turquía, Sudán, Filipinas, Nepal y un etcétera interminable.

A una cristalera rota ellxs le llaman "terrorismo de baja intensidad" y entonces nosotrxs preguntamos: ¿qué tipo de terrorismo son las brutales palizas de Gotemburgo, los charcos de sangre en Génova, la intimidación violenta de los interrogatorios, el allanamiento y desalojo de viviendas?, por no hablar de otras formas de represión como son la vigilancia via satélite, la intervención de teléfonos, los archivos de ADN y el incansable helicóptero.

Sabemos bien que la rabia no lo es todo. Necesitamos también afirmar nuestro amor, luchar por una vida digna para todas las personas, tejer relaciones más humanas, expresar nuestros afectos y nuestras pasiones y poco a poco ir construyendo la perspectiva de un mundo diferente.

Por eso repudiamos los intentos de domesticar nuestras reivindicaciones - o de dividirnos entre violentxs o no violentxs - que realizan también (y tan bien) casi todas las ONG's, partidos políticos, sindicatos, pacifistas oficiales y en general, hipócritas oportunistas. A todxs ellxs les recordamos que el capitalismo renace y se refuerza a través de su crítica y que a lo largo de la historia no han hecho más que ponerle parches y perpetuarlo. Nosotrxs queremos acabar con él, de una vez y para siempre.

Tomamos las calles para cultivar un respiro de vida y comunidad, en una ciudad agobiante y contaminada por la mercancía, con la intención de superar la angustiosa supervivencia cotidiana, el canibalismo social, la dictadura de los mass-media, el terrorismo policial, el racismo difuso, la histeria nacionalista, el sectarismo religioso y la descomposición cultural.

Sentimos entonces la necesidad de fomentar un guiño de solidaridad con lxs excluídxs, lxs malditxs, lxs insumisxs y lxs rebeldes de todo el planeta; sin la más minima nostalgia hacia ese viejo sistema que hace agua por todas partes. No aceptaremos ninguna negociación con el impresentable presente que nos imponen ni tendremos temor alguno por afirmar, en el fondo y en la forma, el futuro por el que luchamos.

Reivindicamos la revolución social y aunque para algunxs modernillxs suene caduco, la anarquía por el comunismo.

¡AMOR Y RABIA!
¡CONTRA SU VIOLENCIA, NUESTRA RESISTENCIA!
¡SUBVERSIÓN TOTAL!
¡SIN JUSTICIA NO HABRÁ PAZ!