"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

martes, 17 de mayo de 2011

Agustín Rueda, un anarquista asesinado por la democracia del Borbón.

En la madrugada del día 13 al 14 de Marzo del año 1978, los carceleros de la cárcel de Carabanchel encontraron un túnel de huída cuya construcción no estaba todavía finalizada en la tercera galería de dicha prisión. 

La represión, que no tardó en llegar, se abalanzó sobre los presos de aquella galería con más fama de fuguistas y de agitadores y con más dureza sobre Agustín Rueda, un conocido de los carceleros y de la justicia española, por sus ideas anarquistas y su actitud insumisa y rebelde, tanto fuera como dentro de prisión.

Los carceleros, como medio para averiguar de quién había sido la idea de intentar fugarse, reunieron a los presos sospechosos de organizar el plan de evasión en varias salas y una vez a buen recaudo, los 15 carceleros se turnaban para propinar a los presos indefensos verdaderas palizas en las que entre preguntas y gritos, les golpeaban con palos de hierro, porras, puñetazos y patadas.

Los gritos se escuchaban en toda la prisión pero el código era claro y nadie debía abrir la boca, pasase lo que pasase. Las consecuencias del cómplice y solidario silencio fueron tan nefastas como diversas.

Algunos presos salieron de la sala sin tan siquiera fuerzas para caminar, siendo devueltos a sus respectivas celdas arrastrados por los carceleros que una vez allí, les dejaban tirados en el suelo y sin asistencia médica pues los médicos del centro penitenciario, José María Barigow y José Luis Casas García se negaron a atender a los represaliados, aunque algunos presentaban serias lesiones en cabeza y tórax que tardaron en algunos casos más de un mes en curar.

No obstante, con Agustín, dadas sus ideas y su pasado libertario, decidieron ensañarse. Durante días le estuvieron golpeando sin piedad. Desafiante hasta el final, decidió no revelar a aquellos bastardos el nombre de sus cómplices, haciendo honor a la lealtad que los presos y las presas guardaban entre sí. Finalmente, no pudo resistir el castigo y falleció a causa de diversas heridas provocadas por los golpes constantes y por el agotamiento tanto físico como psicológico al que fue sometido durante el inhumano castigo.

El informe de la autopsia pondría de manifiesto cómo “las lesiones fueron producidas por un grupo de agresores” que emplearon “objeto contundente alargado, de tipo blando, como puede ser la porra o el vergajo, y objeto duro, de menor tamaño”. Dicho informe proseguía: “Se puede afirmar que no es posible, salvo especial destreza, ocasionar tantas lesiones externas respetando la estructuras óseas subyacentes”.

Agustín Rueda había nacido en el pueblo de Sallent, Cataluña, de tradición minera y trabajadora donde fue aprendiz de varios empleos. Emigrante en Francia, pasó la frontera clandestinamente en el franquismo con fotocopiadoras para la CNT. Estaba en la cárcel acusado de pertenecer a los Grupos Autónomos, y había sido detenido poco antes de su asesinato a manos de los perros sarnosos al servicio del poder acusado de acciones contra las elecciones sindicales y de pertenecer a “comandos libertarios terroristas “, así como de apoyo al movimiento de la Coordinadora de Presxs en Lucha (COPEL), la cual se encontraba detrás de gran parte de los motines que tuvieron lugar durante la transición y los primeros años de la democracia y que fueron reprimidos con brutalidad y falta de escrúpulos.

A diez años de la muerte del recluso anarquista, la Audiencia Provincial de Madrid consideró que el apaleamiento de Agustín Rueda era “un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte”. Eduardo Cantos, director de la cárcel de Carabanchel cuando se produjeron los hechos junto con Antonio Rubio, que ocupaba entonces el cargo de subdirector y cinco funcionarios más fueron condenados a 10 años de cárcel por el asesinato de Agustín. Otros tres encausados fueron condenados a ocho, siete y seis años, respectivamente. Así mismo, los médicos José Luis Casas y José María Barigow, fueron condenados a dos años de prisión por hacer caso omiso de la delicada salud de Agustín y dejarle morir sin atenderle (se constató de sobra que de haber sido atendido a tiempo se habría salvado). De todos ellos, ninguno llegó a permanecer ni ocho meses en prisión.

Tras estos sucesos, se dieron numerosas muestras de solidaridad por todo el Estado. En su pueblo natal, los mineros declararon una huelga general y la COPEL, junto con algunas organizaciones del movimiento anarquista organizaron varios motines y muestras de rabia en las cárceles exigiendo justicia mientras en la calle, las continuas presiones de la familia y del pueblo lograron que Agustín fuese enterrado finalmente de manera ilegal en su lugar de nacimiento.

Adjunto ahora un extracto del documento “Conclusiones y calificación de los hechos de la acusación particular” (resumen) acerca del caso de Agustín, en el juicio contra diversos mercenarios (que no son funcionarios ni mucho menos trabajadores, sólo escoria cobarde que amortiza sus complejos de inferioridad pegando y torturando a personas indefensas que tienen derecho a una segunda oportunidad):

Especial intensidad tuvieron los golpes recibidos por AGUSTÍN RUEDA SIERRA, militante libertario que se negó a dar las respuestas que deseaban los funcionarios procesados, por lo que fue objeto de una paliza prolongada y técnica, generalizada por todo el cuerpo y que le ocasionó gravísimas lesiones que determinarían su muerte al no ser debidamente atendido por los médicos de la Prisión. Tal agresión colectiva y fría no fue en absoluto motivada por una supuesta actitud agresiva de la víctima, quien tampoco tuvo oportunidad de defenderse dado el número de funcionarios agresores y los medios del ataque utilizados por los mismos, quienes por otra parte actuaron con conocimiento de la gravedad de las lesiones que causaban y con plena voluntad de producirlas.

Tanto el Director del Centro que ordenó todo lo anterior, como quienes dirigieron las torturas y las efectuaron, teniendo en cuenta los medios empleados eran plenamente conscientes de la posibilidad de llegar a producir la muerte (aun cuando no conste acreditada la intención de matar).

Cuando terminaron de torturarle y siendo aproximadamente las 11 de la mañana AGUSTÍN RUEDA SIERRA fue introducido por algunos de los funcionarios procesados en una de las celdas conocidas como "de los condenados a muerte" donde permaneció en condiciones muy precarias hasta las 11 de la noche aproximadamente, en que fue trasladado a la enfermería (en una camilla ya que no podía moverse por sí mismo) ante el estado lamentable que presentaba y por orden del Jefe de Servicios.

Los Médicos del Centro procesados, JOSE LUIS CASAS GARCÍA y JOSÉ MARÍA BARIGOW PÉREZ, visitaron al herido en dos ocasiones, sobre las 14,30 y 16,30 horas aproximadamente y a pesar de que constataron el grave estado en que se encontraba y comprobando por medio de una aguja la insensibilidad de alguna parte de su cuerpo así como los múltiples traumatismos que presentaba y la entidad de los mismos (con evidente peligro de shock traumático), se limitaron a darle unos supositorios, reprochándole su participación en el túnel.

Dichos procesados, conocedores del origen de las lesiones y a pesar de todo lo anterior, no adoptaron las medidas necesarias para intentar salvar la vida de AGUSTÍN RUEDA SIERRA con el fin de evitar que se descubrieran los hechos, no redactando tan siquiera un parte (lo que hicieron al día siguiente falsificando la fecha) ni se aseguraron de la asistencia técnica necesaria en las horas siguientes, abandonando la prisión según su horario habitual. La conducta de estos médicos se considera también causa del fallecimiento que se produjo en la enfermería del Centro en hora no determinada pero anterior a las 8,15 del día siguiente, en que se condujo el cuerpo de Agustín al Hospital, que se encuentra en el mismo complejo Penitenciario donde quedó depositado por ingresar ya cadáver. “

Nota: Fragmento del documento extraído de aquí: www.elecodelospasos.net/article-12773237.html

Hoy, es uno de tantos ejemplos de lucha antiautoritaria contra las cárceles de la democracia, que degradan a los hombres y a las mujeres que allí son encerradxs, sometidxs día y noche a las palizas gratuitas de lxs carcelerxs, a las inyecciones de los médicos, que sólo hacen el juego sucio de convertir a seres humanxs en bestias. Sometidas a la violencia, al silencio, al aislamiento y la rutina. Las cárceles no reinsertan, ¡las cárceles de la democracia matan y torturan!.

Agustín Rueda, ni olvido ni perdón.
Abajo los muros de todas las prisiones.
Viva la anarquía, ¡presos y presas políticxs y comunes a la calle!

"Flotas en mi sombra,
navegan en mi vengadora oscuridad tus desenlaces;
eres asamblea del YO parlamentario de tocayos,
voz social donde se agudizan adulterados enseres.
Por mi corona la lealtad materializada,
a la comodidad de aposento materializará las formas con muebles
de sentimiento, siendo el diente traído de mi sierra a tu sierra en el círculo,
Inquilino sobresaliente, de mí en ti, 
en la sima de mi más puro pensamiento.
Con homicida vía crucis, inmovilizaremos el volumen,
hasta lanzarnos en salvaje acometida;
hasta impregnar con sangre la fertilidad de otras dudas,
en ciudades de hierro y cemento, con redoble en nuestro pecho.
Por ti, camarada, las entrañas encienden las antorchas.
Sobrellevamos el peso de la injusticia en mil lugares
y levantamos solidaridad por los vergeles del pelo,
que escarban las sienes del luto.
Los hombres realzan su dignidad entre pasos de muchedumbre,
llegan a la cumbre entre espasmos de ideas
y brotan los gusanos del muerto en la ondulada danza de su cenit.
Vuelvan los tendones a estrangular la sangre,
glóbulos de espiga repartidos en hebras,
hasta que caiga la montaña desprendida de su base
y todo se apague con claridad de luna."

Poema a la memoria de Agustín Rueda.

Extraído del libro "Huye, hombre, huye. Diario de un preso F.I.E.S." de Xosé Tarrío.
Lectura recomendada, aquí para leer o descargar.