"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

sábado, 30 de abril de 2011

Patricia Heras, no fue suicidio, fue un asesinato.

Patricia Heras es una joven que la noche del 4 de Febrero de 2006 se cayó de la bicicleta mientras volvía a casa con un amigo suyo, después de una noche de fiesta en un piso. Por la caída, ambxs sufrieron heridas y fueron vistxs por un par de testigxs que llamaron a una ambulancia. Patricia y su amigo fueron trasladadxs a un hospital dónde se les atendió para curarles las lesiones, momento en el que ambxs fueron asaltadxs por agentes de la policía que comenzaron su pesadilla. Ella misma lo dijo, del hospital directa al infierno.

Detenida sin ninguna prueba, fue llevada a comisaría, amenazada, torturada y acusada de haber tomado parte en los sucesos de Sant Pere Mes Baix, en el transcurso de los cuales un guardia urbano se quedó en estado vegetal al caerle encima la maceta que alguien habría arrojado desde un balcón. Concretamente, a Patricia la habían culpado de arrojar una valla a otro agente, al que habría causado un hematoma en el muslo.

Ni las evidentes contradicciones tanto en las declaraciones de la guardia urbana como del hay-untamiento ni tampoco las constantes y graves irregularidades en el desarrollo del proceso lograron salvar a Patricia de un destino que ya le había sido asignado antes incluso de ser detenida. 3 años de prisión por atentado contra la autoridad fue su castigo en el año 2008 por un crimen que ella no había cometido pues ni tan siquiera estaba en el lugar de los hechos (esto puede ser corroborado por numerosas fuentes y testigos, por mucho que a la poli y a lxs perio-listxs de turno no les interese aclararlo).

En Octubre de 2010, Patricia ingresa a la penitenciaria de mujeres Wad Ras (Karcelona), pasando el día 18 de Diciembre de 2010 a régimen abierto, después de pasar 6 meses encerrada por culpa de un montaje jurídico-policial perfectamente orquestado por el ayuntamiento de Barcelona. De este modo, se encuentra en la "única" obligación de regresar todas las noches a dormir a la cárcel.

Quizás para mucha gente esto supondría una liberación pero no todxs afrontamos las adversidades de la misma forma y Patricia no logró borrar de su cabeza la tortura, la vejación y en general, la pesadilla en la que cuatro muros, unas rejas, y el hostil control, constantemente vigilando los pasos de toda alma encarcelada, transforman el día siguiente. Salir a la calle, sabiendo que nadie te mira como antes, que ya no eres tú, que eres sólo un subproducto de lo que fuíste (o de lo que te negaron ser), duele y sobre todo, si cada noche tienes que regresar allí, para que el sonido de las llaves cerrando la puerta de tus sentimientos esperase impaciente para recordarnos que todavía somos suyxs, que todavía no somos libres.

Patricia se vió finalmente superada por las dificultades y decidió conquistar su libertad del modo más fácil y al mismo tiempo, más difícil, arrancándose la vida.

No pienso entrar aquí en debate acerca de si su decisión fue más o menos desproporcionada, es suya, punto, no hay más que hablar.

El pasado jueves 28 tuvo lugar una manifestación en memoria de Patricia que transcurrió por varias calles empuñando antorchas y al grito de consignas como "Las cárceles son centros de exterminio", "No es suicidio, es asesinato", "Vuestras rejas no callarán nuestro grito de libertad" o "Patricia Heras, ni oblit ni perdó" (Patricia Heras, ni olvido ni perdón), hasta llegar a la prisión de Wad Ras, donde el Estado empujó al suicidio (asesinó, por si alguna lumbrera de placa y uniforme no lo pilla a la primera) a Patricia Heras.

Mientras la manifestación permaneció concentrada en los exteriores de la prisión, podían escucharse en todo momento los gritos de apoyo de las presas ex-compañeras de Patri, que con su voz dieron sentido a la protesta y llenaron alguna que otra mirada de lágrimas (y de rabia). Según informaron a posteriori fuentes cercanas a algunas presas, lxs carcelerxs amenazaron con represalias si continuaban gritando por la ventana pero aún así, la protesta no cesó, evidenciando de este modo que ni su represión ni sus amenazas de mierda podrán callar nuestra ira, hoy irreversible, contra una estructura que nos deshumaniza y nos utiliza como simple moneda de cambio en un mercado demente.

Patricia no era una antisistema como la han pintado medios y fuentes policiales ni tampoco una okupa o una especie de insurreccionalista. Era una chica normal, que fue víctima de la venganza de un Estado que incapaz de encontrar responsables, decidió una vez más echar mano de la farsa y la manipulación con el único fin de construir una historia convincente con la que satisfacer al vulgo que, como quién arroja piedras contra su tejado, continúan solicitando justicia a lxs mismxs que generan la injusticia. Patricia fue una de las piezas que permitieron al Estado de deshecho quedar bien ante la opinión pública, acusando de violencia a la misma tía a la que iban a joder la vida sin ningún motivo, sabiendo perfectamente (porque lo sabían, no seamos cínicxs a estas alturas) que era inocente.

En un mundo como el actual, dónde la injusticia es premiada y la búsqueda de justicia social es estigmatizada y perseguida, no encontramos motivo para esperar y por ello, seguimos llamando a la revuelta. Porque la cárcel sólo es la expresión más salvaje e inhumana de la sistemática violencia con la que este entramado socio-político castiga la diferencia o en ocasiones como este caso, la simple inocencia. Existen delitos, es cierto pero de estos delitos, la inmensa mayoría son producto derivado de unas políticas que sólo benefician a lxs privilegiadxs a costa del detrimento cada vez más insufrible de los derechos y libertades de la ciudadanía. ¿Quién considera ético robar un banco?, sólo unxs cuantxs locxs. ¿Quién considera despreciable el hecho de que un banco se enriquezca cada vez más a costa de empobrecer más al pueblo?, sólo unxs cuantxs. Sacad conclusiones. En la cárcel se castiga la pobreza, nada más. Se intenta convencer al pueblo desde policía y demás mercenarixs del Estado de que "es necesaria" o "hay gente que sólo se merece estar ahí dentro" pero es mentira, la cárcel no reinserta, sólo convierte a las personas en monstruos a base de palizas, aislamiento, drogas (medicación lo llaman), miedo, tortura y abuso constante. Porque en este mundo, construído a base de espectáculo, sociedad-simulacro, no-vida, espejos que distorsionan la realidad en escaparates y centros comerciales, las únicas personas que importan son las productivas, las rentables, aquellas que obedecen sin chistar unas leyes elaboradas a fin de convertirnos en un puto rebaño, sin alma ni sueños, esclavxs de una plutocracia al más puro estilo de Orwell en 1984.

Un sistema que crece y se sustenta ampliando cada vez más el cauce de circulación de las mercancías mientras al mismo tiempo y de manera paralela, decrece la libertad de circulación de las personas. Un sistema que sólo busca el beneficio por encima de la vida, que prefiere devastar entornos naturales enteros si eso le garantiza un puesto privilegiado desde el cual poder contemplar cual estómagos con ojos esta absurda carrera de ratas, dónde se pisotean unas a otras por alcanzar el trozo de queso envenenado.

Esto ha sido sólo una breve reflexión acerca de la necesidad de rebelión contra este sistema, no obstante, si la he añadido ha sido por el único motivo de que el caso de Patricia es, para mí, sólo otro caso más de asesinato por parte del Estado que no recibirá su castigo ni su merecida respuesta. Sé que Patricia no era anarquista, sé que Patricia no tenía nada que ver con lo sucedido en Sant Pere Mes Baix pero aún así, no puedo esconder mi corazón lleno de rabia y rencor, no puedo eludir esa necesidad vital en la que se ha convertido para mí la acción directa contra este sistema.

Porque lo más violento de todo, ha sido volver a la normalidad.

El martes nos dejó Patricia Heras, una joven que se suicidó porque no comprendía por qué tenía que soportar el desquite del Estado por un crimen que no había cometido. Una chica que se suicidó porque no podía sobrellevar la enfermedad que tantxs compañerxs y presxs comunes se ha llevado, sin posibilidad de reinserción, sin posibilidad de enmendar su crimen, perseguidxs hasta la saciedad por el sistema de las no-segundas oportunidades, el sistema de las segundas oportunidades sólo si puedes pagarlas.

Hoy desde aquí lloro por ella una vez más, y señalo como PRINCIPALES CULPABLES DE SU MUERTE a Joan Clos, quién por aquel entonces era alcalde de Barcelona, a Jordi Hereu, actual alcalde quién entonces ocupaba el cargo de concejal de seguridad y movilidad del ayuntamiento de Barcelona y en definitiva, a todxs lxs individuxs que componen y ratifican con su complicidad este sistema penal asesino y despiadado.

¿Qué más necesitamos para reaccionar?, ¿cuántxs muertxs harán falta?, ¿cuántas madres/cuántos padres enterrando a sus hijxs?.

Dejo el siguiente enlace, con información acerca de la concentración en Zaragoza por la muerte de Patri, dónde la policía cargó hasta en dos ocasiones contra lxs manifestantes (click aquí).

Dejo también un enlace a una carta de la madre de Rodrigo Lanza, quién también se encuentra preso víctima de este mismo montaje desde hace ya un par de años, al alcalde de Karcelona, a propósito de la muerte de Patricia. Leer aquí.

Basta de civismo, basta de populismo barato.

Desde Galicia, un abrazo muy fuerte a todxs lxs compas de Karcelona que resistís día a día y cómo no, mi más sincero, cálido y sentido pésame a la familia y allegadxs de Patri. No estáis solxs.

Por lxs muertxs, por lxs encarceladxs, por lxs desheredadxs.
Ni un minuto de silencio, toda una vida de revuelta.

Patricia, no te olvidamos ni a tus asesinxs tampoco. No buscamos mártires, buscamos venganza.