"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

viernes, 22 de abril de 2011

El antisexismo como una práctica recuperadora

Todxs somos muy feministas y nos mola mucho predicar la igualdad del hombre y la mujer. Al parecer, la etiqueta de antisexista es una de las que mejor funciona cuando quieres ligar en el apasionante entorno de lxs antisistema. Cualquiera de esas chicas en las que te has fijado y que frecuenta el centro social okupado del barrio, ya sea hippie, punk, skin, riot, bohemia o sencillamente, una persona con cabeza y sentido común que ha comprendido que la estética no hace al/a la activista, caerá rendida a tus pies de macho progresista si comienzas a poner a caldo a los malvados maltratadores que pegan a sus mujeres o a los sádicos y asquerosos violadores que tantas vidas arruinan.

Eres tan dulce, tu lenguaje rebosa respeto, justicia y amor pero, ¿qué pasa de puertas afuera?, ¿dónde se queda tu vacía llamada a la igualdad?.

Hace ya tiempo, que vengo observando actitudes en personas que se declaran supuestamente antifascistas y feministas que nada tienen que ver con lo predicado.

Quizás la más reciente fuese la pregunta de un amigo que el otro día, me preguntó, refiriéndose a otra compañera lo siguiente: "¿tiene pechotes o no?" (sí, es lo que piensas, pechotes = tetas). Creo que esta pregunta, junto a muchas otras y comentarios que constantemente oímos (y algunos reproducen) reflejan un trasfondo en la personalidad de ciertos individuos que sinceramente, me lleva a preguntarme en qué ha quedado eso del feminismo y qué es verdaderamente el sexismo. Otro ejemplo es el de declarar una y otra vez que las tías y los tíos somos igual de válidxs para la lucha pero cuando hay que dar la cara frente a una carga policial,  no tarda en aparecer el típico machito con el discurso de "vete a casa, que no quiero que te pase nada, no estás preparada y seguro que los antidisturbios te revientan, ya me quedo yo, el macho alfa y con mis músculos y mis invencibles superpoderes salvo al mundo". Por favor, es patético.

Al margen de si el feminismo se ha vuelto machismo a la inversa (para nada, eso es hembrismo) o de si acaso las chicas no reproducen a su vez comportamientos sexistas (por supuesto que algunas también lo hacen), hoy quiero centrarme si me lo permitís en lo que es el feminismo revolucionario, con el que yo, al menos, me identifico.

Esta es una lucha que va más allá, mucho más allá, de una simple igualdad de derechos laborales (no queremos igualdad en el curro, queremos el fin de la esclavista lógica del trabajo asalariado) o de unas leyes más fuertes contra mujeres maltratadas (no queremos vuestra justicia burguesa, nos da asco). La lucha contra el sexismo es igual de trascendente dadas las circunstancias, que la lucha contra el fascismo, contra el especismo y en general, contra toda Autoridad. Y aunque exista gente que no termine de entender esto, a veces no hace falta golpear a una tía hasta la muerte porque la cena esté fría para ser un machista o un individuo que está demostrando una actitud incoherente e intolerable hacia una individua que no es sólo una tía, es una persona, con dignidad, una dignidad que nadie está en condiciones de menospreciar sean cuales sean los tópicos y prejuicios que pueblen su mente.

El sexismo se reproduce a diario y lo peor y más peligroso, es que la mayoría de las veces, lo hace de manera inconsciente. Seamos realistas, en este sistema ser anarquista y alcanzar la verdadera coherencia es muy complicado y ¿para qué negarlo?, también muy peligroso. Todxs apelamos a la okupación pero pocxs okupan de verdad y llevan a la práctica tantos textos y consignas al aire que, a fin de cuentas, se lleva el viento. Pero creo que la constancia se basa en que dentro de nuestras vidas, en los distintos espacios dónde nos encontramos y relacionamos a diario, analicemos constantemente hasta qué punto podemos llegar y aunque sea sólo hasta ahí, mostrarnos fieles a nuestros pensamientos (sin descuidar por supuesto dar un paso adelante en cuanto se presente la ocasión, pues estancarse en el bienestarismo es hipocresía).

Por eso, el comportamiento que mostramos al relacionarnos con otrxs individuxs, es algo que depende de nosotrxs e ir de feminista mola mucho pero si todxs somos feministas y luego, en cuanto salimos por la puerta, no somos capaces de evitar reproducir los esquemas criticados en algo tan sencillo y a primera vista banal como es el lenguaje hablado (y escrito) todo se queda reducido a una mentira.

¿Cómo pretendemos desarrollar relaciones horizontales si algunos no son capaces de ver a una tía sin ver a un objeto, a una fábrica de placer?.

En fin, no me extiendo más, sólo necesitaba desahogarme pues hoy contemplé una nueva situación que la verdad, me hizo plantearme varias cosas. Se dice el pecado pero no el pecador, de todos modos, dejémoslo en que hay gente que es gilipollas y lo será siempre, se vista de la ideología que se vista. Algunx (alguno en este caso) sólo es eso, vestimenta


No quiero escuchar lo que piensas de mí, no tienes derecho a juzgar 
si soy fex o guapx, la relatividad
vomitas bonitas palabras, me hacen sentir mal.

Igualdad asimilada por vuestra necesidad
presumís de antisexistas para no desencajar
ocupadx o en tiempo muerto dependiendo del lugar
cazador/a de carne fresca con disfraz de liberal

Tu ansiedad, tu frustración sexual
te hacen pensar que la mujer es un objeto de tu bienestar
tolerancia no hay cuando hay que aguantar
no se puede vivir en tranquilidad

Respeto ciego, sin sentimientos
empieza a valorar lo que llevo dentro
si día a día no lo demuestras el cambio se reduce a una mentira
tu humor estúpido y mucha teoría
conviertes la igualdad en palabras vacías

Tu ansiedad, tu frustración sexual
te hacen pensar que la mujer es un objeto de tu bienestar
tolerancia no hay cuando hay que aguantar
no se puede vivir en tranquilidad

No necesitamos vuestra hipocresía compartida, no somos un objeto del placer, no permitas el acoso, las fronteras encubiertas no son más que palabras vacías.