"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

martes, 29 de marzo de 2011

Algunas reflexiones sobre centros sociales okupados o no

Antes de nada, conviene que cada unx se haga la siguiente pregunta; ¿Qué son o qué características definen los centros sociales okupados/autogestionados?. Un centro social es un espacio dónde poder generar debate acerca de la hostil realidad social que nos rodea, con el fin de provocar un conflicto con la misma y visibilizar por tanto las problemáticas que derivan de esta ante una masa dormida y drogada con el tráfico de una realización personal que no existe, basada en la imposición por parte del poder y sus mecanismos de una existencia insatisfactoria y vacía. Es lo que llamamos no-vida, es decir, existir como meros códigos de barras atados a un estilo de vida prediseñado cada año por las élites del mercado que fabrican nuevos deseos para mantenernos ¿felices?.

Los centros sociales surgen ante la necesidad vital de desarrollar nuevas formas de interacción con nuestro entorno y con los individuos e individuas que lo componen, sean estxs compañerxs o no. Son plataformas desde las cuales proyectar la lucha hacia un discurso político coherente que en un determinado periodo de tiempo, permita poner en práctica la teoría en los distintos escenarios en los que existimos. Dentro del sistema capitalista, nuestras relaciones interpersonales se encuentran constantemente sometidas a una serie de factores que hacen que estas se desenvuelvan siguiendo patrones autoritarios y egoístas. Así, "aprendemos" a inconscientemente, forjar todos nuestros acuerdos intentando llevar al/a la otrx a nuestro terreno, hacer favores esperando siempre algo a cambio, naturalizar la adultocracia o la especialización (es decir, tolerar que alguien nos diga lo que podemos o no podemos hacer amparándonos sólo en que tiene "más experiencia", en lugar de sostener una relación de igualdad por la cual otra persona decide ayudarnos y aconsejarnos acerca de algo en lo que efectivamente, tiene más conocimientos para así aprender juntxs y no estancarnos en la delegación de responsabilidades) y otros esquemas que, por desgracia, tendemos a reproducir en muchos casos aquellxs que precisamente, luchamos por la destrucción total de esta realidad para construír posteriormente un mundo nuevo de igualdad, respeto, apoyo mutuo y libertad.

Por eso, me gustaría enfocar este artículo hacia la reflexión y la autocrítica con respecto a algunos errores que todxs cometemos y que por desgracia, no contribuyen a acabar con esta estructura inhumana sino más bien a alimentarla y parasitar de ella mientras nos convencemos a nosotrxs mismxs de que la estamos dañando.

1) Drogas

De todos los problemas que en los últimos años se han hecho un hueco en infinidad de proyectos de este tipo, uno de los más nocivos es el tema de las drogas. Se ha extendido la creencia de que vender alcohol es lógico pues gracias a eso, acude mucha más gente al local, dejando su dinero que luego puede ser destinado a financiar las diferentes luchas sociales que se enmarcan dentro del amplio arco de la guerra antiautoritaria. Así, podemos ver cantidad de barras libres para recaudar fondos para compañerxs en prisión, sorteos que incluyen botellas de licores varios en los que el dinero recaudado con las rifas va destinado a ayudar a pagar las multas de lxs compañerxs detenidxs en una contra-cumbre reciente en la ciudad y demás movidas similares.

A simple vista, esto puede no parecer algo perjudicial pero lo cierto es que la realidad es muy pero que muy distinta. Intentaré explicar brevemente los principales motivos del rechazo a la venta de alcohol en espacios sociales:

a) Siguiendo esta lógica termina por volverse inevitable un deslizamiento del objetivo desde lo cualitativo hacia lo cuantitativo lo cual es un grave error pues el local tiende a llenarse de gente que sólo busca cerveza a buen precio, pasando totalmente de las actividades e incluso causando problemas en el transcurso de las mismas, con burlas, comentarios ofensivos o intervenciones que no vienen a cuento.

b) El impuesto del alcohol, uno de los más altos del Estado, va directamente al Ministerio de defensa, es decir, a ayudar a cubrir los gastos del ejército. La próxima vez que en una charla contra la guerra te estés tomando una cerveza, párate a pensar que quizás la bala que atravesó el cráneo de esa niña de la que habla el/la poniente, la estés pagando tú.

c) Una de las tristes verdades que se ponen de manifiesto al observar este tipo de bebidas en los espacios autogestionados y/o liberados es que no se trata tanto de lo beneficiosa o contraproducente que su venta pueda resultar para lograr nuestros fines sino que más bien, el verdadero inconveniente reside en que la mayoría de gente que participa o acude a nuestros espacios consume de manera abusiva esta sustancia, una droga dura y legal que además de provocar diversas enfermedades como problemas en el hígado o úlceras también termina por crear una dependencia que a su vez, termina en delirium tremens, alteración de la personalidad hacia brotes violentos, distorsión de la realidad para dar ilusión de bienestar cuando hay y depresión cuando falta...

d) La mayoría de bebidas alcohólicas conllevan en su producción la experimentación animal por no hablar de los adictivos de origen animal como la ictiocola (extracto de la vejiga natatoria del esturión, usada para clarificar la cerveza después de la fermentación) u otros como la gelatina (grasa obtenida de huesos, piel y cartílagos de vacas y cerdxs), la sangre de buey o la quitina (producto derivado de la cáscara de cangrejos o langostas) que se utilizan para realizar el mismo proceso en el vino. Otros derivados animale presentes en las bebidas son los colorantes como el E-120 (Ácido carmínico, colorante rojo, extracto de la hembra de la cochinilla) o la leche y la clara de huevo. Entonces, una pregunta a tanta gente que en sus supuestos espacios libres de esclavitud organiza comedores veganos y proyecta docus sobre la explotación animal y luego tiene la desfachatez de emborracharse, ¡¿a dónde nos estamos yendo señorxs?!.

Estos y muchos otros ejemplos deberían ser suficientes para preguntarnos qué es lo que estamos haciendo y si de verdad vale la pena caer en una de las trampas más hábiles del sistema sólo para conseguir dinero que en un momento dado, pueda ayudarnos. Actualmente, existen varios centros sociales en el Estado que han roto con estas ideas preconcebidas y se han arriesgado experimentando con nuevas formas de financiación o de diversión y la verdad, es que creo que les debemos algo más que palabras pues sus experiencias han sido en mayor o menor parte satisfactorias, demostrando que no sólo no hace falta vender alcohol sino que no hacerlo suele tener como consecuencia un aumento de la participación en las movidas y una disminución de situaciones difíciles como pueden ser las peleas o las broncas entre compañerxs que se encuentran bajo los efectos de esta droga (lo que no quiere decir que aquellxs que no la consumimos no discutamos pero sí es cierto que es menos probable caer en provocaciones o sentirnos aludidxs ante una actitud de otra persona si estamos en nuestro sano juicio).

Por supuesto, no debemos limitar la crítica al alcohol y si me he extendido tanto, ha sido porque queráis que no, es la droga menos cuestionada. No obstante, no debemos olvidarnos de otras como el LSD, el MDMA, la cocaína, el spiz, la marihuana o las setas alucinógenas. Por mucho que la gente se esfuerce en demostrar que con un consumo responsable se pueden usar esas sustancias de manera consciente, eso no es cierto puesto que dichas sustancias afectan de un modo u otro a nuestro cuerpo. Tenemos que tener en cuenta que todo lo que hacemos tiene su consecuencia en el futuro y en esta lucha, cuánto más sanxs estemos y cuánto más tengamos nuestros pies en la tierra, mejor podremos percibir las agresiones que nos vengan y actuar para repelerlas.

2) Incoherentismo

¿Cuántxs de vosotrxs, al llegar a uno de estos espacios llenxs de ilusión y ganas de proponer y llevar a cabo cosas nuevas, os habéis encontrado con algo muy distinto a lo que os esperábais?. A menudo en estos espacios se observa una especial tendencia a confundir conceptos que sólo desemboca en que el local en cuestión se llene de gente sin ninguna inquietud política o que se cree la más rebelde del barrio por llevar X o Y estética. También se fomentan algunos temas que de por sí, representan una incoherencia abismal con respecto al discurso predicado. A continuación me gustaría describir los casos más comunes:

a) Abundancia de alérgicxs a los libros: Estxs "compañerxs" se caracterizan por acudir a los centros sociales para todos los actos lúdicos al mismo tiempo que demuestran una habilidad sobrehumana para escaquearse de las actividades del tipo de asambleas, charlas, proyección de documentales, talleres de lectura etc. Si intentas hablar con ellxs acerca de su falta de compromiso, replican con argumentos como "es que a mí no me gusta leer" o "es que no me interesa la política porque son todxs unxs mentirosxs" y si se te ocurre decirles que el lugar en el que se encuentran no es un simple bareto sino que allí se va a trabajar y colaborar con la lucha contra el Estado, no dudarán en sacarlo todo de contexto o intentar señalar que tú, el/la malvadx autoritarix, le impones a él/ella, el/la inocente incoherente, tu forma de ver las cosas la cual él/ella asegurará no compartir, intentando excusar su conducta en que él/ella lucha de "otro modo".

b) Lxs "soy colega de": Entras en el centro social o la okupa de tu barrio y nada más cruzar la puerta, te percatas de la presencia de unxs cuantxs payasxs amigxs de algún/a compañerx que no paran de hacer comentarios sexistas, riéndose de la estética de lxs compañerxs o de que alguien esté comiendo un plato vegano o mostrando otras actitudes que de otra manera, habrías denunciado de inmediato. No se debe caer en el amiguismo y es preferible que el/la supuestx compañerx se marche con sus amigxs indignadx por tu queja que el callarte y que sigan ahí echando por tierra todo el tiempo que la gente ha trabajado por eliminar ese tipo de actitudes de sus vidas tanto en el centro como fuera.

c) El especismo: Se supone que los centros sociales funcionan de manera horizontal, es decir, tratando de eliminar las jerarquías para funcionar de manera que todxs puedan aportar su visión y de ese modo, demostrar a lxs incrédulxs que si nos re-educamos y nos esforzamos, vivir sin amxs ni subordinadxs es perfectamente posible. Sin embargo, existen decenas de centros sociales repartidos por todo el Estado que al parecer, siguen reduciendo la horizontalidad y el respeto a lxs humanxs. Desde mi propia experiencia personal, puedo calificar de denigrante la actitud de algunxs compañerxs cuando por ejemplo, organizan un torneo de fútbol a modo de protesta simbólica contra el racismo y en la comida que hacen después de este, incluyen churrasco, salchichas, montaditos de jamón y otros platos que son portadores de una relación de dominación y esclavitud que a mucha gente no le interesa ver. El consumo de productos animales no es necesario, es cruel y constituye una manifestación tangible de la realidad que nosotros y nosotras mismxs sufrimos y padecemos día a día, la realidad del abuso de poder de lxs más fuertes sobre lxs más indefensxs, justificándose lxs opresorxs en que esa autoridad es necesaria cuando todxs sabemos que si ponemos algo de nuestra parte, esto dejaría de ser así. En el año 1936, no se incluía en el discurso libertario la problemática sexista, ver sino la actitud misógina que mostraban algunos venerados ídolos del anarquismo (menuda contradicción, ¿a que sí?) como por ejemplo, José Buenaventura Durruti. Con el paso de los años, estas actitudes fueron afortunadamente disminuyendo y las reflexiones sobre luchas contra el patriarcado proliferaron a ritmo vertiginoso. Lo mismo sucedía con lxs homosexuales, a quiénes la CNT no dejaba ingresar en sus filas durante los primeros años de la anarcosindical. ¿Por qué entonces obviamos ahora el debate del especismo?, ¿por qué intentamos mostrar como razonable una autoridad que es totalmente intolerable e innecesaria?. Aquí se suele argumentar que lxs veganxs somos autoritarixs y estamos agrediendo a compañerxs al no respetar su decisión personal de comer carne. Craso error. El consumo de carne no es una decisión personal por el simple hecho de que al/a la consumidor/a no le afecta pero al/a la individux que se está comiendo, sí. Más de unx debería plantearse si escogería voluntariamente ser separadx de sus padres nada más nacer, torturadx, encerradx, cebadx, asesinadx, descuartizadx y finalmente devoradx. También debería reflexionar sobre si el simple hecho de no poder razonar nos da derecho a asesinarlxs y a esclavizarlx a pesar de sus obvios intentos por liberarse y por seguir con vida. Además, el veganismo no sólo es una alternativa ética con lxs animales sino también con el planeta y nuestro hogar, en el cual tiene un impacto brutal la producción industrial de carne y la ganaderia (más pinchando aquí).

d) Sexismo: Hay un problema que o bien no se quiere ver o bien estamos demasiado ciegxs. La mayoría de nosotrxs (por no decir todxs) demostramos a veces una fe absurda en que al entrar en un centro social, cruzamos una especie de puerta con un halo de luz mágica que al instante de tocarlo, elimina de nuestro subconsciente toda actitud discriminatoria para convertirnos en sonrientes amigxs de todxs dispuestxs a destruir al malvado imperio capitalista. Muchas veces cuando estamos en un centro social, observamos actitudes que claramente son producto de una serie de prejuicios o tópicos machistas o hembristas (discriminación de la mujer en positivo). Por ejemplo, nos encontramos en un comedor vegano en la okupa del barrio. Cuando el tío de al lado termina se levanta y se da el piro sin recoger su plato ni los utensilios que ha usado mientras sonriendo, le dice a otro que para fregar ya están las tías. Otro caso son las típicas bromitas entre compañerxs como contar chistes machistas o hembristas, reírse del tío que barre el suelo o de la tía que practica kick boxing afirmando que el primero es un calzonazos y la segunda, una tía que intenta "imitar" a los hombres. ¿Bochornoso verdad?, pues ha sucedido en innumerables ocasiones y de la boca de impresentables que se definían a sí mismxs como feministas y como compañerxs. Debemos permanecer alerta pues a veces percibimos estas agresiones pero no las criticamos abiertamente porque son "amigxs nuestrxs" o "compañerxs" y no queremos "quedar mal delante de ellxs". Es un error, en el momento en que un/a individux discrimina a otrx, le está agrediendo y deja ser compañerx. Por tanto, pasar por alto su actitud nos convierte en cierto modo en cómplices de la agresión. Debemos estar unidos y unidas frente a este tipo de cuestiones, si no hay tolerancia fuera para el sexismo ni la discriminación, ¿no es absurdo tolerarlo en nuestros propios entornos?. No tiene sentido el buen rollismo, la autodefensa, ya sea física o verbal según lo requiera el caso es comprensible y está justificada. Por desgracia, hay gente que no comprenderá el significado del respeto hasta llevarse un buen soplamocos por impertinente.

3) ¿Alquilar u okupar?.

Contrariamente a lo que mucha gente cree (y a lo que muchxs nos gustaría) no todos los centros sociales se encuentran en edificios o casas okupadas. En ciudades dónde el movimiento antagonista no cuenta con una solidez suficiente, existen centros sociales que deciden alquilar el espacio y luego, montar allí sus historias, llegando en muchos casos a tener que compartir espacio corrientes que de por sí, se revelan como incompatibles. Comunismo frente a anarquismo, movimientos o personas animalistas con gente que sigue siendo especista o asociaciones reformistas con grupos radicales. Frente a esto yo personalmente guardo una postura un poco ambigüa, me explicaré. Creo que por un lado, el hecho de alquilar un local para luego usarlo como herramienta para construir una resistencia activa al margen del capitalismo y sus injusticias, constituye un acto tremendamente hipócrita pues al mismo tiempo que criticamos al sistema estamos participando de su engaño al alimentar a un sector que al menos en el Estado español ha demostrado ser uno de los mayores focos de corrupción, explotación laboral y precariedad / terrorismo patronal de todos. El sector inmobiliario y de la construcción. No obstante, también es cierto que muchas veces las circunstancias son adversas y los motivos que nos impiden okupar son de fuerza mayor. La falta de compromiso, el miedo a decepcionar las expectativas que nuestrxs seres queridxs hayan podido depositar en nosotrxs, las ataduras externas como puede ser el encontrarse cursando una carrera o el tener un horario de trabajo demasiado agobiante son algunos ejemplos. No pretendo con esto restar importancia a los centros sociales autogestionados pero no okupados ni nada por el estilo, no me malinterpretéis. Sólo pretendo plantear el debate sobre esto dado que el problema de la vivienda se ha agravado una barbaridad en los últimos años y va siendo hora de romper con hipotecas, bancos y préstamos de dinero que no existe. No podremos recuperar nuestras vidas hasta que no nos libremos de las cadenas que atan nuestro pensamiento a la hora de tomar decisiones de cara a la lucha y debemos tener en cuenta que en ciertos casos esas decisiones no nos conciernen sólo a nosotrxs como personas sino también a todas las personas que comparten lucha con nosotras, en cualquier parte del mundo.

También me gustaría mencionar a los espacios okupados que terminan por venderse al colegueo con el Estado y la comodidad. Los espacios okupados no pueden ni deben ni quieren ser legalizados. Surgen como un versátil instrumento con el que crear nuevas formas de cuestionarse y de comprender este mundo enfermo pero también como un golpe frontal a su legalidad hecha a voluntad de aquellxs que tienen más. La okupación no es un fin, es un medio a través del cual seguir recorriendo este difícil camino.

4) Sobre el uso del dinero como vehículo de intercambio dentro de los espacios sociales okupados y/o autogestionados.

Es un hecho que tal y cómo está articulado este sistema no podemos negar por mucho que nos duela la necesidad de tener dinero. Esta necesidad varía en su graduación según la persona y su modo o ritmo de vida. Así, un/a okupa veganx que recicle su comida de los productos que fruterías, supermercados o herboristerías tiran porque no se venden o porque presentan un aspecto poco apetecible (pese a encontrarse en un estado totalmente comestible) tendrá menos necesidad de dinero que un/a currante que tenga que pagar alquiler o hipoteca, agua, luz, factura de teléfono e internet, su comida, la de sus hijxs y pareja etcétera, etcétera. Pero sea como sea, en un momento dado necesitaremos dinero ya sea para desplazarnos a la otra punta del país a unas jornadas sobre luchas anticarcelarias o para comprarnos una tele nueva. Declararse anticapitalista mola mucho pero como siempre, del dicho al hecho, trecho. Y en este caso, más que de trecho, hablamos de un abismo. No obstante, dentro de los espacios en los que supuestamente se predica por el rechazo al mercantilismo propios de la cultura de consumo que tanto criticamos por tomar el control de nuestra vida, creo que deberíamos predicar con el ejemplo e intentar experimentar con nuevas formas de intercambio lejos de ese asqueroso papel de colores y de los dichosos círculos de metal. El primer caso que he conocido en España de un lugar okupado que no usa dinero en su día a día, es el C.A.L.D.O. Vegano, en el distrito de Tetuán, Madrid. (Centro Antiautoritario Libre de Drogas Okupado y Vegano) pero las relaciones sin dinero ya se vienen dando en otros puntos de Europa dónde hace tiempo que han dejado a un lado el dinero en sus espacios. Si queremos destruir esta estructura, lo primero que deberíamos hacer es recuperar nuestra autonomía para poder reducir poco a poco nuestra dependencia de la misma al mismo tiempo que construímos nuevas maneras de sabotear su paz social, visibilizamos el conflicto y vamos tomando el control de todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas tanto en el pensamiento como en el día a día.

5) Relación con el exterior. La revolución de puertas afuera.

Bueno, este es un tema en el cual surgen varias incógnitas sobre las que intentaré explicar mi postura brevemente.

a) Asistencialismo en los centros sociales: A menudo podemos observar intentos de algunas instituciones del Estado o por parte de asociaciones ciudadanistas de inmiscuirse en aquellas iniciativas o proyectos refractarios a sus políticas, especialmente sobre aquellos sobre los que no pueden ejercer ningún control. Así, desde algunas ONG's como Greenpeace (que en varias ocasiones se ha mostrado a favor de los transgénicos, no sólo no condenando sus terribles consecuencias sino denunciando la acción directa contra su producción y cultivo) hasta las juventudes del PSOE o sindicatos como Comisiones Obreras (CC.OO.) o la Unión General de Trabajadorxs (U.G.T.) que en su trabajo diario demuestran estar totalmente manipulados por el Estado (ver las negociaciones y los pactos sellados por esos supuestos defensores de la clase trabajadora en la última huelga de Enero) se han ido presentando en los espacios sociales solicitando un hueco para vender su asquerosa propaganda paraestatal, en los mismos entornos que luego critican abiertamente en los medios de comunicación empresariales. A cambio, ofrecen amparo jurídico, apoyo económico o ayuda cuando haga falta difundir una actividad. No se debe caer en la dependencia de este tipo de estructuras ni tampoco en la convivencia pacífica con estas. El poder tiene muchas formas y muchas caras y no debemos permitir que ningún tipo de organización sólida afín a este sistema y su realidad ponga sus zarpas en nuestros proyectos y sueños. Una cosa es ser tolerantes y otra gilipollas.

b) Vecinxs, esxs grandes desconocidxs: Bueno, aquí pretendo tratar el asunto de la relación de lxs okupas o del Centro Social Okupado o Autogestionado X con el resto de vecinxs que habitan su barrio / calle / pueblo / ciudad. Me gustaría comenzar por proponer una ruptura con esas barreras que nos separan tanto pero lo cierto es que la primera persona que está estableciendo una frontera entre nosotrxs (es decir, lxs simpatizantes o activistas del movimiento okupa y/o antiautoritario) y el resto, soy yo al incluir este apartado en el artículo. Lo lógico habría sido no hacerlo pero de todos modos, creo que sí existe esa dicotomía de vecinx normal - vecinx okupa o antiautoritarix por mucho que nos pese y el primer paso para solucionar un problema es admitir que existe.

- Horarios: ¿Cuántas veces lxs vecinxs del edificio contiguo al de la okupa han tenido que bajar a las 2 de la madrugada, en pijama y zapatillas, lloviendo y con un frío que pela a pedir a lxs tolerantes y comprensivxs anarkopunx que daban un concierto al lado que les dejasen dormir porque a las 6 tenían que levantarse para ir a currar?. Y todo para que un puñado de energúmenxs se riese de ellxs con insultos y burlas. ¿Es esa nuestra estrategia para acercar nuestro proyecto al vecindario?.

- Oportunismo: Ganarse a lxs vecinxs es un mérito sin duda pues ello repercutirá positivamente en que algún día muestren interés por el espacio, al sentirse integradxs y respetadxs en lugar de excluídxs e ignoradxs. Eso no quiere decir que de repente todxs vayan a negarse a seguir pagando sus hipotecas y alquileres pero creo que lograr que una persona que tiene una serie de ideas preconcebidas acerca de nosotrxs (producto del ejercicio de distorsión que los medios de comunicación masivos hacen de nuestros movimientos) se percate de que no todxs respondemos a ese estereotipo (porque lo peor de todo, es que hay gente que sí lo hace) es uno de los golpes más duros que podemos dar al poder ahora mismo. De todos modos, no se debe caer en la "amistad cuando conviene". Ganarse a lxs vecinxs como un simple escudo humano (y nunca mejor dicho) para que cuando venga la madera, sean ellxs lxs que den la cara, es algo inadmisible y sobre todo, si luego pasamos de ellxs para el resto de cosas.

Respetar sus horarios de descanso, respetar la higiene alrededor de la okupa, entender su falta de conocimientos acerca de nuestras ideas y prácticas y explicarles sin resultar bordes u ofensivxs... son pequeños detalles que a la larga, contribuyen a forjar la convivencia y es esa convivencia la que luego da frutos como los vistos en Torrero (Zaragoza), dónde todo el barrio (a excepción de lxs maderxs) acudió a la manifestación convocada por el Centro Social Okupado Kike Mur tras el desalojo, recibiendo apoyo de asociaciones de vecinxs y de personas de todo tipo y estratos sociales. Si les insultamos, rechazamos, si nos ponemos a enfarloparnos la nariz delante de lxs niñxs o a hacer el/la mongolx cuando hay conci, lo único que conseguiremos es que sean ellxs lxs que pidan a gritos un desalojo.

Actividades y vecinxs: No hay que ser oportunistas pero tampoco cerrarnos en nuestro ghetto. Conviene hacer ver a la gente por qué okupamos, por qué luchamos contra toda autoridad, por qué creemos en una u otra idea o por qué no estamos de acuerdo con la maquinaria socio-económica imperante. Tratar a la gente como si fuesen alienígenas sólo conllevará que su trato hacia nosotrxs sea el mismo y vale, quizás sea cierto que ya lo es, pero precisamente por eso debemos demostrarles que se equivocan. No obstante, tampoco hay que caer en el centro para el/la vecinx. No veo lógico el empezar con actividades para niñxs y terminar funcionando según nos piden otrxs. Creo que todo Centro Social Okupado debe mantener un contenido determinado en sus actividades y hay ciertos aspectos de ese contenido que desde mi punto de vista no son discutibles. Si un/a vecinx nuevx en el barrio se acerca por la okupa será bienvenidx, sus preguntas serán contestadas (siempre que no pregunte acerca de quién ha hecho la pintada en la pared de dos calles más arriba, no seamos tontxs) y se le invitará a volver cuando quiera pero si un día se presenta en una asamblea y empieza, por ejemplo, a proponer que de un momento a otro se pueda comer carne, la respuesta será la negativa rotunda y lo mismo si propone que se pueda fumar (faltando al respeto al resto de presentes que no fumemos).

La dinámica del Centro Social Okupado ha de ser la misma tenga el público que tenga. No podemos cubrir con una tela la pared dónde está pintada la A dentro del círculo sólo porque sabemos que esta tarde va a venir un gran número de padres/madres con sus hijxs para aprender malabares. Si a la gente no le gusta el discurso anarquista, entonces nadie les obliga a estar allí. Si en cambio, están dispuestxs a escuchar otras opiniones y a debatir sin faltar y sin intentar imponerse, serán tan bienvenidxs como cualquier compañerx.

6) Las asambleas horizontales como foco de verticalidad: A veces nos encontramos con personas que en una asamblea intentan anteponer su voluntad, su opinión o su óptica de la problemática que se esté tratando por encima de la del resto por considerar dentro de su peculiar mente que se encuentran en posesión de la verdad absoluta y que todx aquel/lla que les lleve la contraria no merece respeto. Este tipo de actitudes pueden variar en su gravedad y por ello a veces son difíciles de detectar. Se han dado casos en algunos espacios de gente que días antes de una asamblea se unen para durante la misma, desacreditar sistemáticamente a otrxs compañerxs, con el objetivo de poner al resto en su contra y así comerles luego el coco con mentiras y comentarios que pueden hacer mucho daño a las víctimas. A veces incluso parece que las víctimas son lxs verdaderxs agresorxs y por eso conviene estar alerta. Decir las cosas que se tengan que decir sin tapujos pero con respeto, para que la persona cuya actitud nos incomoda se de cuenta de qué es lo que nos molesta y poder actuar colectivamente para resolverlo.

Cuando el caso viene por una actitud constante de una o más personas por adueñarse del colectivo para luego colgarse las medallitas correspondientes al trabajo de todxs, entonces la agresión debe ser respondida con firmeza y si la actitud persiste, plantear la expulsión de lxs que causan el problema.

Y bueno, hasta aquí he llegado con este texto. Os invito a todxs a reflexionar por vuestra cuenta y a elaborar vuestras propias posturas sobre estos y otros temas que nos afectan a todxs y cuya resolución es primordial. La revolución no es esa utopía que nos han vendido, no es una fecha, no es un día concreto ni un hecho histórico. Es un compromiso cotidiano y hacerlo realidad depende de todxs nosotrxs. Si no puedes permitirte okupar, al menos colabora con lo que puedas y si en un momento dado te sientes incómodx por alguna inquietud, no dudes en compartirla. Porque acabar con este maldito sistema es tarea de todxs y hacer que otrxs solucionen tus problemas mientras te quejas sin aportar nada no es antiautoritario, es fascista.

Viva la anarquía y la expropiación, la propiedad privada es un robo.