"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

viernes, 25 de febrero de 2011

Que vuele la lechuza - Extracto de "El placer armado" de A. M. Bonanno

"Que vuele la lechuza, que las acciones mal empezadas lleguen a buen puerto" - Proverbio ateniense

Que la revolución, tanto tiempo aplazada por lxs revolucionarixs, sea realizada a pesar de sus deseos residuales de paz social.

El capital dará la última palabra a lxs batas blancas. Las prisiones no durarán siempre. Viejas fortalezas de un pasado que sobrevive sólo en la fantasía de algún/a reaccionarix jubiladx, caerán con la ideología basada en la ortopedia social. No habrá más presxs. La criminalización que el capital llevará a cabo en sus formas más racionales pasará por los manicomios.

Cuando toda la realidad es espectacular, rechazar el espectáculo significa estar fuera de la realidad. Quién rechace doblegarse ante el código de la mercancía está locx. Rechazar doblegarse ante el Dios de la mercancía significará ser encerradx en un manicomio.

Aquí la cura será radical. No más torturas inquisitoriales ni sangre en las paredes; estas cosas impresionan a la opinión pública, hacen intervenir a lxs burguesxs bienpensantes, generan justificaciones y reparaciones y trastornan la armonía del espectáculo. La total aniquilación de la personalidad, considerada como la única cura radical para enfermxs mentales, no molesta a nadie. Mientras el hombre de la calle se sienta rodeado por la atmósfera impenetrable del espectáculo capitalista tendrá la impresión de que las puertas del manicomio no se cerrarán nunca a sus espaldas. El mundo de la locura le será extraño, incluso aunque haya siempre un manicomio junto a cada fábrica, frente a cada escuela, en cada campo, en medio de cada barrio popular.

Pongamos atención a no allanarles el camino, con nuestro embotamiento crítico, a lxs funcionarixs estatales de camisa blanca.

El capital está programando un código interpretativo para poner en circulación a nivel de masas. En base a este código la opinión pública se acostumbrará a ver a aquellxs que atenten contra el orden de las cosas de lxs amxs, a lxs revolucionarixs, como locxs. De ahí la necesidad de meterlxs en manicomios. También las cárceles actuales, racionalizándose según el modelo alemán, se están transformando, primero en cárceles especiales para revolucionarixs, luego en cárceles modelo, luego en verdaderos "lagers"* para la manipulación del cerebro y finalmente en manicomios definitivos.

Este comportamiento del capital no viene dado solamente por la necesidad de defenderse de las luchas de lxs explotadxs. Es también la única respuesta posible sobre la base de la lógica interna del código de la producción mercantil.

Para el capital, el manicomio es un lugar donde la globalidad de la función espectacular se interrumpe. La cárcel trata desesperadamente de llegar a esta interrupción global pero no puede lograrlo por estar bloqueada por las demandas básicas de su ideología ortopédica.

El "lugar" del manicomio, en cambio, no tiene ni principio ni fin, no tiene historia, no es mutable como el espectáculo. Es el lugar del silencio.

Por el contrario, el otro "lugar" del silencio, el cementerio, tiene la capacidad de hablar en voz alta. Lxs muertxs hablan. Y nuestrxs muertxs hablan en voz altísima. Nuestrxs muertxs pueden ser muy pesadxs. Por eso el capital trata de usar los cementerios cada vez menos. Y aumentar a la vez, de manera correspondiente, el número de "invitadxs" a los manicomios. La "patria del socialismo" tiene mucho que enseñar en este campo.

El manicomio es la racionalización más perfecta del tiempo libre. La suspensión del trabajo sin traumas para la estructura mercantil. La ausencia de productividad sin negación de la productividad. El/la locx no necesita trabajar y, al no trabajar, confirma la sabiduría del trabajo como contrario a la locura.

Cuando decimos que no es el momento del ataque armado contra el Estado, estamos abriendo las puertas del manicomio a lxs compañerxs que están llevando a cabo este ataque; cuando decimos que no es el momento para la revolución apretamos las correas de una camisa de fuerza; cuando decimos "estas acciones son objetivamente una provocación", nos ponemos las camisas blancas de lxs torturadorxs.

Cuando el número de oponentes era pequeño, la pistola funcionaba bien. Diez muertxs son tolerables. Treinta mil, cien mil, doscientos mil podrían marcar un punto fundamental en la historia, una referencia revolucionaria de tan deslumbrante luminosidad que perturbaría durante tiempo la "pacífica" armonía del espectáculo mercantil. Por otro lado el capital se ha hecho más absoluto. El fármaco tiene una neutralidad que no poseen las balas. Tiene la coartada terapéutica.

Arrojemos a la cara del capital su propio estatuto de la locura. Pongamos al revés los términos de la contraposición.

En la totalidad mercantilizada del capital la neutralización del/de la individux es una práctica constante. La sociedad es toda ella un inmenso manicomio. El aplastamiento de las opiniones es un proceso terapéutico, una máquina de muerte. La producción no puede verificarse en la forma espectacular del capitalismo sin este aplastamiento. Y si el rechazo de todo esto, la elección del placer frente a la muerte es un signo de locura, es el momento de que cada cual empiece a comprender la trampa que yace por debajo de todo esto.

Toda la máquina de la tradición cultural de Occidente es una máquina de muerte, una negación de la realidad, el reíno de lo ficticio que ha acumulado todo tipo de infamias y vejaciones, de explotación y genocidio. Si el rechazo de toda esta lógica de producción es condenado como locura entonces debemos distinguir entre locura y locura.

El placer se arma. Su ataque es la superación de la alucinación mercantil, de la máquina y de la mercancía, de la venganza y del líder, del partido y de la cantidad. Su lucha rompe la línea de la lógica del beneficio, la arquitectura del mercado, el significado programado de la vida, el último documento del último archivo. Su violenta explosión derriba el orden de las dependencias, la nomenclatura de lo positivo y lo negativo, el código de la ilusión mercantil.

Pero todo esto se debe poder comunicar. No es fácil el paso de significados del mundo del placer al de la muerte. Los códigos recíprocos están desfasados, terminan por anularse mutuamente. Lo que en el mundo del placer es considerado ilusión, en el mundo de la muerte es realidad y vice versa La misma muerte física por la que tanto se llora en el mundo de la muerte es menos mortal que la muerte que se vende como vida.

De ahí la gran capacidad del capital para mistificar los mensajes del placer. Incluso lxs revolucionarixs, en una lógica cuantitativa, son incapaces de comprender las experiencias del placer en profundidad. A veces lanzan condenas que no suenan muy diferentes a las condenas lanzadas por el capital.

En el espectáculo mercantil son las mercancías las consideradas significativas El elemento activo de esta masa acumulada es el trabajo. Más allá de estos elementos del cuadro productivo nada puede tener un signfiicado positivo y negativo a la vez. Existe la posibilidad de afirmar el no trabajo pero no como negación del trabajo sino como su suspensión por un cierto periodo de tiempo.

Del mismo modo es posible afirmar la no mercancía, es decir el objeto personalizado, pero sólo como reificación del tiempo libre, cualquier cosa producida como hobby, en los retazos de tiempo que nos deja el ciclo productivo. Está claro que estos signos, el no trabajo y la no mercancía, entendidos de este modo, son funcionales al modelo general de la producción.

Sólo por la clarificación de los significados del placer, y los correspondientes significados de la muerte, como elementos de dos mundos contrapuestos que se combaten mutuamente, es posible comunicar algunos elementos de las acciones del placer sin, por otro lado, ilusionarnos con poder comunicarlos todos. Quién empiece a experimentar el placer, incluso en una perspectiva no directamente ligada al ataque contra el capital, está más disponible para atrapar el significado del ataque, al menos más que aquellxs que se quedan atadxs a una anticuada visión del enfrentamiento basada en la ilusión cuantitativa.

De este modo es todavía posible que la lechuza alce el vuelo.


Para leer el texto "El placer armado" entero: aquí