"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

domingo, 20 de febrero de 2011

Bariloche, el odio desatado. Gatillo fácil y venganza consumada.

Me gustaría contaros la historia que los medios se esfuerzan en callarse. Todo comenzó en la Patagonia Argentina. Las barriadas de Bariloche gritaban por sus derechos y su dignidad y la convulsión fue creciendo.

Era cruenta la protesta, lo que había empezado por simples protestas populares había derivado en gravísimos disturbios de lxs miembrxs más jóvenes y valientes de las familias más humildes contra una policía fascista y represora. Pero algo llegó demasiado lejos, prendiendo una mecha cuya llama no ha hecho más que fortalecer su crepitar.

El jueves 16 de Junio de 2010, pasadas las cinco de la madrugada, la policía patrullaba por Boris Furman uno de los barrios más populares de la precaria zona de Bariloche después de un día entero de represión que dejó más de 20 heridxs. Divisaron entonces a un joven de 15 años que iba acompañado de dos amigos y que según los propios agentes, "mostraba una actitud sospechosa". Activaron la sirena y le dieron el alto, ante lo cual Diego Bonefoi emprendió la desesperada huída. No obstante, la policía no cesó en su intento por satisfacer su sed de injusticia y abrió fuego, una de sus balas atravesó la cabeza de Diego, que murió en el acto.

Hacia primeras horas del amanecer la noticia corría como la pólvora y la pólvora comenzaba a correr por las calles. La tensión era evidente, vecinxs de todas las edades, padres e hijxs, abuelxs, hermanxs, madres, se concentraron delante de la comisaría nº 28 de ese barrio, con sus ojos empapados en lágrimas pero su único veredicto fue el grito al unísono de "¡Asesinxs!", dirigido a la policía que había robado la vida de un chaval de 15 años. La respuesta de estxs no fue otra que la burla. Risas, comentarios ofendiendo la memoria de Diego y amenazas de la talla de "os vamos a matar a todxs" provocaron que las primeras piedras comenzasen a llover desde una multitud que encapuchada, se había decidido a vengar con sangre la muerte de un inocente a manos de la justicia de un sistema corrupto hasta las entrañas.

Entre el humo de los gases lacrimógenos y las balas (de goma y plomo) usadas por la policía y las piedras y barricadas encendidas por el pueblo, el barrio se volvía cada vez más peligroso, siendo escenario de un enfrentamiento tan desigual como cruento entre lxs Nadie y lxs asesinxs a sueldo de lxs que se creen dueñxs de todo.

La nieve caía junto con las cenizas de la madera y la piedra cuando llegó desde la zona cercana de Río Negro una dotación de la Brigada de Operaciones Rápidas y Antitumulto (BORA) conocida ya por su práctica habitual de detener y torturar en dependencias policiales a jóvenes a lxs que luego soltaban sin más. Marcelo Cascón, el Intendente de Bariloche intentaba calmar los ánimos, hablando a sus convecinxs para intentar negociar una solución pacífica que llevase al asesino a la cárcel pero fue durante su discurso, cuando llegó la noticia de que otro joven, llamado Sergio Cárdenas, esta vez de 28 años, había muerto también a causa de las heridas causadas por los disparos indiscriminados de la policía contra la masa manifestante.

Sobra decir que el efecto que esta nueva muerte tuvo entre lxs vecinxs fue devastador, aflorando la rabia con la misma rapidez con la que la oscuridad cubre el cielo al anochecer. El primero en pagar las consecuencias fue el Intendente, quién tuvo que salir cubriéndose como podía de las piedras que el pueblo arrojaba contra su automóvil de lujo. Destacar que más tarde, el mismo Intendente que apelaba a una solución diplomática, pidió ayuda a la Gendarmería Nacional para, según el, restablecer el orden en los barrios de Bariloche. Una vez más, queda demostrado lo que pasa cuando confías en lxs poderosxs, a la mínima de cambio disparan por la espalda, nunca mejor dicho.

La revuelta continuó hasta las primeras horas de la madrugada del viernes 17 de Julio y el hospital no paraba de recibir heridxs de bala, civiles intoxicadxs por la inhalación de gases y contusionadxs. Fue uno de esxs heridxs de bala el que también cerró los ojos para siempre en una de las salas de urgencias. Su nombre, Nicolás Carrasco, su edad, 16 años. Él fue la tercera víctima mortal en una jornada en la que un barrio entero de olvidadxs por el mundo decidió recordar a esxs hijxs de puta que habían convertido sus vidas en un número sin importancia que seguían ahí, que exigen su dignidad y justicia social. Ante esto, la democracia respondió con represión, muerte y violencia.

Bariloche es territorio mapuche, otra de esas identidades que el capitalismo salvaje tanto se esfuerza en enterrar. Indígenas, gente de caza y recolección, de tierra antes que asfalto, de voz antes que grito y de Vida antes que muerte. En definitiva, gente cuya existencia no interesa al Capital en su empeño por globalizar la apatía y secuestrar los sueños en su macabra pesadilla feliz. Muchxs de lxs jóvenes allí residentes, cansadxs ya de malvivir en los barrios de la zona se han decidido a recuperar sus tierras y encapuchadxs, han protagonizado ya varias tomas de tierras un día robadas por el imperialismo del nuevo régimen de Argentina con el apoyo de las fuerzas ¿pacifistas? de EE.UU y sus esbirrxs de la Unión Europea.

Esto ha hecho que por desgracia, aquella fatídica noche de verano no fuese la primera vez que la policía fascista de Río Negro lleva a cabo represalias de este tipo en protestas populares, llegando a ser famosa por su gatillo fácil.

La mayoría de lxs jóvenes no puede ya bajar al centro turístico de la ciudad (ese que nos venden en televisión, el de los hoteles de 5 estrellas, el glamour y los coches, lejos de las balas, la pobreza y la violencia) pues cada vez que alguien se aventura, corre el riesgo de ser detenidx y acusadx sin pruebas de haber participado en alguna de las okupaciones de tierras. Tras una buena paliza, saldrá de nuevo "libre", como una señal para toda su gente que les recuerde que desafiar al poder no sale gratis y que obedecer es la única forma de prosperar que nos deja este mundo libre y civilizado.

El silencio de las democracias occidentales continúa siendo hoy, casi 8 meses después, absoluto. Nadie ha condenado los asesinatos. Sólo sus vecinxs siguen gritando por la justicia, por el castigo para lxs responsables de los 3 asesinatos. Varias han sido las acciones de sabotaje y los enfrentamientos no han cesado ni cesarán mientras esxs bastardxs sigan asesinando con total impunidad.

Desde aquel triste dia en el que el cielo de la ciudad de Bariloche se tiñó de gris y rojo, todos los días 17 de cada mes, familiares de los tres jóvenes asesinados aquella noche convocan una manifestación para pedir justicia, una justicia que no existe por el simple hecho de que sus esqueléticos cuerpos no pueden pagarla.

Ante la pasividad, esta vez la rabia estalló de nuevo y el pasado día 17 de Febrero, al culminar la manifestación como todos los meses anteriores delante de la comisaría en los aledaños de la cual se sucedieron aquellos disturbios, un grupo de 8 encapuchadxs se desmarcó violentamente de la masa y comenzó a pintar la fachada de la comisaría, en aquel momento afortunadamente vacía. Tras comprobar que esta se encontraba desprotegida, varios objetos fueron arrojados contra ella y el festival culminó con el arrojamiento de varios cócteles molotov que causaron unos graves daños en la estructura del edificio, principalmente hecha de madera y piedra.

La rabia continuó hasta que se personó allí un furgón de la agencia antidisturbios BORA que disolvió a lxs activistas con gases lacrimógenos sin registrarse ninguna detención.

Una vez más, ha quedado demostrado que cuando un pueblo une sus voces, su ira es implacable. Porque han sido 3 asesinatos en Bariloche, pero la violencia policial no es aislada. También fue la policía quien nos robó a Carlo Giuliani, aquel joven anarquista de 23 años muerto el 20 de Julio del año 2001, en Génova en las manifestaciones contra la cumbre del G-8. Fue la policía la que asesinó a Alexandros Grigoropoulos, joven anarquista de 16 años en Grecia, en las revueltas anarquistas de la universidad politécnica de Exarcheia el 6 de Diciembre de 2008. Fue la policía quien mató a Lambros Fountas, compañero anarquista y expropiador miembro del grupo Lucha Revolucionaria, también en Grecia. Fue y es la policía la que nos ha robado y nos sigue robando pedazos de nuestros ya mutilados corazones, matando y encarcelando a lxs nuestrxs para mantener su basura de libertad vigilada.

Pero no os dáis cuenta de que tarde o temprano, pagaréis por todo. La negociación se ha terminado. Estamos en guerra y no pensamos perder. A la mierda vuestro discurso moralista, a la mierda vuestras excusas de egoísmo injustificable. Es demasiado tarde para vuestras disculpas de salón y urna, demasiadas mentiras habéis escrito ya con la sangre de nuestrxs muertxs. Ninguna agresión sin respuesta. Diego, Nicolás y Sergio, no os olvidamos ni a vuestrxs asesinxs tampoco. A lxs que os seguís regocijando en vuestra prepotencia, esto os pasa por jugar con fuego, vuestro puto espectáculo seguirá estallando.

Sin miedo, sin tregua. Larga vida a la desobediencia.