"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

viernes, 7 de enero de 2011

Matías Catrileo y la rabia mapuche

El pasado 3 de Enero se han cumplido 3 años desde que lxs Carabinerxs asesinaron de un certero disparo por la espalda a Matías Catrileo en el transcurso de una revuelta por la toma de una tierra por activistas mapuches. Contaré un poco la historia del compañero caído, la cual me ha marcado especialmente. 

Hijo de padres separadxs, decidió emprender el camino contrario a la gran mayoría de la juventud mapuche, que optaba por dejar el campo por los entornos urbanitas. Hijo de una familia de clase media normal y aficionado según cuentan lxs que lo conocieron, a la música anarkopunk de España (la cual tiene en Latinoamérica una profunda influencia, siendo bandas como Sin Dios o Puagh! auténticas referencias), estudió en un colegio tradicional de Santiago de Chile, donde tuvo la suerte de no sufrir tanta discriminación como sus antepasadxs. Dentro de él, sin embargo, crecía una fuerte curiosidad por conocer sus raíces. A pesar de que como corroboran sus antiguxs amigxs, sus rasgos no se parecían en nada a lxs de un indígena, él sabía que su origen no estaba en esa gente que todo el mundo había bautizado con el apelativo de "normal". A veces vivía en La Florida con su madre, Mónica Quezada Merino, quien, pese a no tener apellidos indígenas, es simpatizante de la causa mapuche. Otras veces se quedaba en la casa de su padre, Mario Catrileo –analista y subgerente técnico de Banchile Seguros de Vida– en Macul.

Matías no era mal estudiante, era uno más "del montón" como lo describen lxs que compartieron clase con él, mientras afirman que muchxs profesorxs le tenían especial manía por su estética y sus ideales. Matías se juntaba con un grupo de okupas con lxs que desarrollaba varias actividades autogestionadas para recaudar dinero con el que financiarse los viajes al sur que cada verano hacía para estar con lxs mapuches y aprender más sobre su cultura. Dejó los estudios en el segundo semestre de lo que aquí en España sería 4º de la ESO pues decía que quería vivir en consecuencia con sus ideas. Nadie le volvió a ver hasta la fiesta de graduación, en la cual, mientras todxs sus compañerxs de clase vestían traje, él apareció con una chaqueta de mezclilla en cuya parte trasera había dibujado él mismo un símbolo mapuche que había conjuntado con el símbolo anarquista.

Un amigo suyo recuerda sus palabras cuando le preguntó por su pinta:

–¿Qué onda, weón, por qué vienes así? –le preguntó, impresionado
–Así soy –respondió–, no porque use terno voy a ser mejor o peor persona.

A los 15 años, Matías era ya un joven anarkopunk con profundos ideales y fuertes convicciones, con sueños e ilusiones que lo llevaron a participar en varias protestas anarquistas a favor de la dignidad del pueblo mapuche, asesinado y despojado de sus tierras por el emergente marco neoliberal chileno.

A pesar de que había manifestado en varias ocasiones odiar la lógica capitalista, al igual que su férreo deseo de vivir al margen de la misma, (quería vivir de manera autogestionada en el campo) , realizó el servicio militar en Arica pero no por obligación sino por iniciativa propia, pues creía que éso le ayudaría a fundamentar mejor su elección acerca de cómo vivir y quería saber lo que se sentía al estar en el ejército.

Tras terminar el servicio militar, se trasladó a Temuco, donde comenzó la carrera de Agronomía en la Universidad de la Frontera. A pesar de que era un buen estudiante, Matías mostraba especial interés hacia la conservación de los recursos naturales lo que derivó en que poco a poco perdiese el interés por la carrera, a medida que los contenidos de la misma se orientaban más hacia modelos de superproducción y economías "sostenibles" (la falacia del mercado moderno). 

Matías llevaba ya tiempo compaginando la carrera con un sólido activismo, viajando con frecuencia a Angol para visitar a lxs dirigentes presxs de la Coordinadora Araúco Malleco, una organización insurreccionalista responsable de las actividades más contundentes que en los últimos años han envuelto a la causa mapuche. Matías simpatizó especialmente con Patricia Troncoso, apodada "La chepa" y encarcelada durante 10 años por su implicación en una serie de sabotajes a varias empresas forestales mediante ataques incendiarios (actualmente, Patricia se ha declarado en huelga de hambre en solidaridad con lxs compas presxs tanto anarquistas como mapuches). Matías participó activamente en varias manifestaciones callejeras, okupaciones de tierras y acciones de sabotaje, siendo detenido hasta 4 veces por delitos de desórdenes públicos.

Matías se trasladó al hogar Pelontuwe, un espacio dependiente de la CONADI (Coordinadora Nacional por el Desarrollo Indígena) donde habita un grupo de aproximadamente 90 jóvenes mapuches que a pesar de haberse declarado en repetidas ocasiones como un entorno pacífico para la reflexión crítica en base a un proyecto de reivindicación de los derechos de lxs indígenas en el que sencillamente querían vivir a su manera, han sido ya objeto de criminalización en los medios comerciales así como de varios asaltos violentos de lxs Carabinerxs en busca de algo que les sirva para relacionarlxs con armas o drogas, siendo inútiles los registros salvo por las detenciones arbitrarias realizadas por éstxs.

Durante su estancia allí, Matías conoció a su compañera sentimental, Violeta Rayen Navarrete, estudiante de Pedagogía Básica Intercultural y entabló amistad con varixs activistas de la CAM que se encuentran hoy presxs, a quienes admiraba. Comenzó a interesarse por la historia de Alex Lemún, un joven mapuche asesinado por la policía de un disparo en la cabeza en el año 2002 cerca de Ercilla y pronto su discurso se radicalizó, oponiéndose a las manifestaciones y actos con tendencias reformistas para abogar por lo que él llamaba la lucha de las comunidades, es decir, la recuperación violenta, por medio de la auto-organización y la lucha armada, de todas las tierras que el Estado chileno le había robado a lxs mapuches así como la reivindicación de su derecho a la libertad y su dignidad como pueblo.

"Más que la movilización estudiantil, para él la lucha estaba en las comunidades –añade Andrea Reuca, con quién compartió hogar–, en la recuperación territorial y en la reivindicación del territorio mapuche". Otro residente señala que "Matías se dio cuenta luego de que sus ideas aquí eran minoría y decidió cambiar e irse del hogar".

Debido a que la postura radical de Matías no fue aceptada por muchxs de sus vecinxs, finalmente decidió marcharse a vivir a la comunidad Yeupeco, donde un núcleo de resistentes luchaba por recuperar las tierras del fundo de Santa Margarita. El terrateniente propietario de las tierras, cansado de los atentados, hizo cavar una fosa alrededor de las tierras y estableció un perímetro de seguridad fuertemente blindado. No obstante, Matías decidió unirse a un grupo de diez compañerxs que pretendían saltar el cerco para recuperar las tierras sin contar con la fuerte defensa que las rodeaba y cuando llevaban un tiempo resistiendo, la policía abrió fuego para ahuyentar a lxs activistas, pero una bala alcanzó a Matías mientras escapaba, atravesando su  espalda y acabando con su vida.

Tras conocerse la noticia, el hogar mapuche donde había vivido colocó en la entrada dos banderas negras y pintó en el interior un mural que sentencia "territorio mapuche" acompañado de simbología y arte tradicional de la etnia.

El día de su entierro, un grupo de activistas de la CAM organizó un cortejo fúnebre que encapuchado y armado, recorrió las calles de Temuco. La tensión era evidente y se veía reflejada en que ni un/a sólx policía presenciaba la trágica escena. Varixs periodistas fueron atacadxs e intimidadxs por lxs miembrxs del cortejo, que trazaban una línea en el suelo a un metro de la marcha, advirtiendo a éstxs que cruzarla podría ser fatal.

–El/la que no respete, se atiene a las consecuencias. –advierten–. Es lo único que voy a decir. No hay preguntas, no hay respuestas.

El cortejo atacó varias entidades financieras y empresas responsables de la opresión al pueblo mapuche y a mayores, a tres años del asesinato de Matías, aumentó el ritmo de la lucha. Numerosas tierras han sido tomadas y algunas ostentadas por terratenientes han sido quemadas, varios camiones y maquinaria han sido saboteados y las protestas se han radicalizado gravemente, observándose fuertes disturbios por todo Chile. Además, Mario Marchese, un poderoso empresario propietario de una hidroeléctrica, sufrió lo que él define como un intento de asesinato por un grupo de anarquistas en Santiago de Chile aunque éstxs han declarado que sólo se trataba de un intento de amedrentarlo disparando al aire.

Por todas partes, el grito de guerra mapuche vuelve a resonar.

Que mis palabras abracen las suyas. Que la violencia de lxs bastardxs que endiosan al lucro no sea impune. Nunca nos arrepentiremos de oponernos a su reinado de opulencia y desigualdad. Nunca nos arrepentiremos de romper sus escaparates, de quemar sus bancos, de volar en pedazos a sus líderes. Nunca nos arrepentiremos de la libertad con la que nuestras alas agitan la realidad. Nunca. Que nuestras insobornables ilusiones se reflejen en temibles miradas que hagan retroceder a lxs verdugxs, que nuestros rostros encapuchados no dejen de gritar piedras, que nuestras vidas sean por amor a la libertad y no por odio a sus asesinxs. 

MARICHIWEUUUUUU!!!!! (Cien veces venceremos, en lengua mapuche)
QUE EL FUEGO DE LA REVUELTA ILUMINE HASTA EL MÁS ABRUPTO DE LOS CORAZONES. POR LA DIGNIDAD DE LOS PUEBLOS, POR SU DERECHO A LA AUTOGESTIÓN Y A LA VIDA. CONTRA EL TERRORISMO DE ESTADO, CONTRA EL CAPITALISMO Y SU VIOLENCIA.

¡ORGANICEMOS LA RESISTENCIA AUTÓNOMA Y ACTIVA EN LAS CALLES!.

LUCHANDO TE MATARON Y LUCHANDO TE RECORDAREMOS.
NO DOBLEGARÁN A LXS INSURRECTXS.
MATÍAS PRESENTE, HOY Y SIEMPRE