"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Soledad Rosas, una historia de amor y anarquía

Soledad Rosas era una joven argentina de veintitres años y clase media que había estudiado hostelería por complacer a sus padres. Ella soñaba con vivir algún día en una playa desierta de Brasil, sin más compañía que Edoardo (apodado por ella como Baleno, rayo en italiano) a quién conoció cuando, a mediados de 1997, viajó a Europa y su vida cambió para siempre. Conoció la vida de lxs okupas en Turín, se sumó a ellxs y se enamoró. Soledad era vegana, amante de lxs animales y con unas ideas que muchxs de sus allegadxs consideraban totalmente estrafalarias como su costumbre de practicar la urinoterapia (beber su orina por la mañana para purificarse) o las huelgas de silencio, que consistían en permanecer varios días sin hablar con nadie para, según decía, relajar el alma. Su vida dió un giro de 360º cuando en Diciembre de 1997, Soledad conoció a Edoardo Massari quién fue el amor de su vida. Juntxs se trasladaron desde el centro social okupado El Refugio, donde vívía Soledad tras ser acogida por sus habitantes, a otro edificio que ella y su compañero sentimental, además de un amigo de éste, Silvano Pelissero, habían okupado en Collegno, un suburbio al sur de Turín y perteneciente a un antiguo manicomio municipal que había sido clausurado.


Soledad profundizó en la realidad de la autogestión y comenzó a participar en pequeñas acciones políticas que incluían poco más que alguna pintada, organización de actividades en el centro social donde vivía y alguna acción callejera por los derechos de los animales, la inmigración etc. Soledad encontró en la okupación una idea y una forma de vida que la llenaban y la hacían sentirse viva y realizada, algo más que una simple protesta al negocio de la especulación. Y lo más importante, encontró el amor.

Pero de forma paralela a esta historia, otra era contada. Desde 1996, un grupo de anarquistas con componentes primitivistas y un discurso claramente insurreccional que nunca pudo ser identificado y que se hacía llamar Lobos Grises, protagonizó varios sabotajes con dinamita y cócteles molotov en el valle del Susa (Piamonte) a modo de protesta por el TAV (Tren de Alta Velocidad) cuya infraestructura provocaría desastres ecológicos. A pesar de que cuando lxs Lobos Grises actuaron, Soledad Rosas se encontraba con su familia en Argentina, Silbano Pelissero estaba en Ginebra y Edoardo en la cárcel por varios delitos de hurto, nada importó cuando el 5 de Marzo de 1998 lxs Carabinieri y la policía secreta Digos irrumpieron en la okupa para llevárselxs a lxs tres bajo acusaciones de asociación subversiva con finalidad de terrorismo y subversión del orden democrático, artículo 270 bis del Código Penal italiano, el mismo que se usó para combatir a las Brigadas Rojas. La pena: de siete a quince años de prisión.

La respuesta no se hizo esperar y lxs okupas italianxs explotaron protagonizando protestas casi diarias mientras sus compañerxs permanecieron encerradxs. La prensa burguesa aprovechó la situación para demonizar a lxs movimientos sociales anarquistas mientras que ningún periódico se molestó en analizar si la situación era aplicable.

A pesar de que su relación sólo duró dos meses, el soñador corazón de Soledad se rompió en miles de pedazos cuando ante las torturas, amenazas y continuo aislamiento, su compañero sentimental se derrumbó, suicidándose en la cárcel el 27 de Marzo. Ante ésto, Soledad se endureció y a pesar de que era fácil probar su inocencia en una acción ecoterrorista ya que para ello bastaba la alegación de su familia para corroborar que se encontraba terminando sus estudios en Argentina cuando todo sucedió, Soledad se negó rotundamente a aceptar a ningún abogado, explicando que lo hacía por la dignidad de Edo.

En Abril, Soledad consiguió el arresto domiciliario en la comunidad Sottoipinti en Bene Vaggeno, un refugio para ex-adictxs que coordinaba Enrico Simone, con quién Soledad simpatizó. Enrico regaló a Soledad la llamada agenda negra, que incluía información con datos acerca de fechas insignes para el movimiento anarquista además de otros para planificar futuras acciones. Es curioso el detalle de que en la agenda se indicaba que del día 8 al día 14 serían días gloriosos y felices para lxs anarquistas en Italia, pues Soledad se suicidó el día 11 de Abril de 1998, ahorcándose con la cortina de la ducha.

Martín Caparrós estuvo durante varios años estudiando el caso de Soledad y entró en contacto con familiares y compañerxs que la conocieron okupando con ella así como con otrxs amigxs y allegadxs de la joven anarquista y escribe en su libro "Amor y anarquía" la historia de una joven que luchó hasta el final por sus sueños y lo más importante, un corazón en lucha que prefirió dejar de latir antes que someterse al inhumano, gris y mórbido engranaje que cargado de sinrazón acuchilla día a día, segundo a segundo, nuestra dignidad con objeto de alienarnos.

La familia de Soledad entregó a Martín una carta que Soledad escribió tras conocer la noticia de la muerte de su compañero sentimental. Creo que sus palabras hablan por sí solas, el lenguaje rasgado y atormentado de quién ha perdido la luz de su esperanza.

"Compañeros y compañeras: La rabia me domina en este momento. Siempre he pensado que cada unx es responsable por sus actos, pero esta vez hay culpables y lxs quiero mencionar en voz alta, son aquellxs que mataron a Edo: el Estado, lxs jueces, lxs abogadxs, la prensa, el T.A.V., la policía, las leyes, las reglas y toda la sociedad de exclavxs que acepta este sistema. Siempre luchamos contra esta dominación y es por ello que hemos terminado en la cárcel. La cárcel es un lugar de tortura física y psíquica, aquí no se dispone de absolutamente nada, no se puede decidir a qué hora levantarse, qué comer, ni con quién hablar, ni con quién encontrarse, ni a qué hora ver el sol. Para todo hace falta hacer una solicitud, hasta para leer un libro. Ruido de llaves y cerraduras que se abren y se cierran, voces que no dicen nada, voces cuyo eco se escuchan en los pasillos fríos, zapatos de goma que no hacen ruido y una linterna que en los momentos menos pensados está ahí para controlar tu sueño, correo controlado, la palabra prohibida. Todo un caos, todo un infierno, toda la muerte. Así es como te matan día a día, despacio pero seguro para hacerte sentir más dolor. Por eso Edo ha decidido terminar abruptamente con este dolor infernal. Al menos él se permitió tener un último gesto de mínima libertad, de decidir él mismo cuando terminar con esta tortura. Entre tanto, me castigan a mí y me ponen en incomunicación. Eso significa no sólo no ver a nadie sino tampoco recibir ningún tipo de información, no tener una frazada para taparse. Ellxs tienen miedo de que yo me suicide. El mío es un aislamiento cautelar, lo hacen para "salvaguardarme", y así no tener que asumir la responsabilidad si yo decidiera también ponerle fin a esta tortura. No me dejan llorar en paz, no me dejan tener un último encuentro con mi Baleno. Veinticuatro horas al día, un agente me custodia a cinco metros de distancia. Después de lo que pasó, lxs políticxs del partido verde que vinieron para darme su pésame y para tranquilizarme no se les ocurrió nada mejor que decirme que ahora seguramente todo se va a resolver más rápido, ahora todxs van a seguir con más atención el proceso y pronto te darán arresto domiciliario. Después de este discurso me quedé sin palabras, estaba sorprendida, pero pude preguntarles si se necesita de la muerte de una persona para conmover a un pedazo de mierda, en este caso el juez. Insisto, en la cárcel ya mataron a otrxs y hoy mataron a Edo, estxs terroristas con licencia para matar. Voy a buscar la fuerza de alguna parte, no sé de dónde, sinceramente ya no tengo ganas pero tengo que seguir, lo hago por mi dignidad y en nombre de Edo. Lo único que me tranquiliza es saber que Edo ya no sufre más. Protesto, protesto con mucha rabia y mucho dolor.

Sole

P.D.: Si el hecho de encarcelar a una persona es un castigo, entonces a mí ya me castigaron con el asesinato de Edo. Hoy empecé la huelga de hambre. Quiero mi libertad y la destrucción de toda esta institución carcelaria. La condena la voy a pagar todos los días de mi vida."

Estas son las tristes palabras de una joven que ha perdido lo que más amaba en este mundo, una biófila empedernida que acuchillada repetidas veces por la no-vida y la cárcel, decidió terminar con su existencia de un modo atroz.

Cabe decir que cuando el 20 de Julio del año 2001 tuvieron lugar en Génova las manifestaciones antiglobalización con motivo de la cumbre del G-8 en la ciudad, en el transcurso de las cuales también fue asesinado nuestro compañero Carlo Giuliani por disparos de la policía, numerosxs activistas que fueron detenidxs contaron tras su puesta en libertad que lxs Carabinieri lxs torturaban mientras se encontraban en dependencias policiales diciéndoles textualmente "A ver si ahora viene a ayudaros vuestra amiguita Sole". Se ve que a esxs cerdxs miserables les hacía gracia la muerte de una joven que fue condenada por amor.

Mujer coraje, corazón en revuelta, sus sueños son los nuestros. Que cada lágrima sea gasolina, y que nuestro llanto dé lumbre a las llamas de la revuelta. Porque seguimos en guerra.

"Pueden arrancar todas las flores pero no pueden detener la primavera"

Fuego a todas las cárceles.