"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

sábado, 23 de octubre de 2010

La realidad de la autogestión cooperativa como base fundamental en las relaciones interpersonales de lxs individuxs

Decía Hobbes, “Creo que existe una inclinaciòn general en todo el gènero humano, un perpetuo y desazonador deseo de poseer el poder por el poder, que sólo cesa con la muerte". Hobbes creía que el ser humano no está preparado para vivir sin gobernantes y definía las sociedades primigenias y horizontales como una guerra salvaje de todxs contra todxs que calificaba de “solitaria, pobre, sòrdida, bestial y breve”. Ésto ha servido a las élites burguesas a lo largo de la historia para justificar los Estados, la autoridad y la explotación del hombre sobre el hombre. Pero, ¿se equivocaba Hobbes?, ¿es el/la humanx común un ser antisocial y ansioso de poder por naturaleza?. Si realizamos un poco de empatía histórica y analizamos la moral humana a lo largo de los tiempos, llegamos a la conclusión sin mucha dificultad de que sus estudios se estrellaron estrepitosamente contra la capacidad de organización de algunos pueblos y/o sociedades humanas que han sabido desarrollar formas de convivencia que no precisan de mando para sostenerse en armonía. 

Hoy, dentro de los Estados modernos organizados mediante un conjunto de estructuras verticales mal llamado "Democracia", asistimos impasibles a cómo las sociedades humanas "civilizadas" han sabido prescindir del lastre del mando hereditario para dejar paso al pueblo como elector de lxs representantes de sus amos pero no ha renunciado sin embargo a las diferencias en el reparto de la riqueza cuya injusticia defiende hoy a base de un sistema legislativo altamente complejo pero a disposición de lxs más favorecidxs que criminalizan y matan sin descanso a pobres e indeseadxs. Sin pensar mucho, podemos concluír que la raza humana evolucionó 30.000 años sin necesidad de reyes ni reinas, primerxs ministrxs, presidentxs, parlamentos, congresos, gabinetes, gobernadorxs, alguaciles, juezxs, fiscales, secretarixs de juzgado, coches patrulla, furgones o cárceles. Entonces, ¿por qué hemos aceptado de la noche a la mañana el hecho de que no puede ser nuestra ética la que defina el mutuo acuerdo dentro de nuestras relaciones interpersonales?, ¿cómo se las arreglaban nuestrxs antepasadxs en sus viejas sociedades sin ese mando coactivo limitando su natural desarrollo como individuxs?. La respuesta radica en las sociedades pequeñas, aldeas 50-150 habitantes en las que todxs lxs individuxs se conocían. La cotidianeidad, la captura de animales, el cultivo y las peligrosas condiciones del medio que lxs rodeaba, hacía que la única forma de asegurarse el sustento era siendo generoso pues si hoy tenía suerte yo para capturar a un animal y tener algo de comer, algún día sería yo el objeto de la adversidad y necesitaría de mis compañerxs para tener y por éso, debía dar. Si dabas, sabías que recibirías y si recibías, quién compartía contigo sabía que tú le darías a él/ella cuando necesitase.  

“Cuánto mayor sea el índice de riesgo, de manera proporcinal se comparte" dijo Richard Gould, definiendo los intercambios recíprocos como la banca de las pequeñas sociedades primitivas. En el intercambio recíproco, otorgas sin analizar cuanto esperas recibir o el momento de dicha compensación, factor que provocaría sin duda a la larga, conflictos en la relación interpersonal de lxs individuxs al generar avaricia y reduciría la alternativa a otra inocua forma de compra-venta. Esta forma de organización subyace incluso dentro de nuestra realidad actual, donde entre individuxs que comparten vínculos como amigxs o familiares, se otorga sin esperar recibir, sólo por mera costumbre lxs padres dejan su coche a lxs hijxs y unx no pide cuentas a otrx dentro de una relación matrimonial por cocinar. El problema que genera ésto es que hoy, hemos aprendido a dar esperando un agradecimiento simbólico cuando en las sociedades primigenias, la cooperación se daba sencillamente por sentada pues no era sino el motor que movía la vida. Varixs antropólogxs definieron a lo largo de la historia el agradecimiento como una señal de que el individux que recibe valora cuánto recibe en lugar de valorar la mera intención de su igual de ayudarle en momento de necesidad esperando únicamente una reacción igual cuando los papeles se intercambien. 

“En este contexto resulta ofensivo dar las gracias, pues se da a entender con ello que se calculó el valor de lo recibido y que no se esperaba, por tanto, generosidad por parte del/ de la benefactor/a" decía Dentan. Llamar la atención exigiendo el reconocimiento de la generosidad propia con objeto de indicar a otrxs que están en deuda contigo, fomenta el egoísmo y termina por destruir la convivencia. Varias tribus primitivas consideran aún hoy en día, un verdadero insulto que agradezcas la comida, la bebida o el cariño pues no los consideran propiedades, sino deberes / derechos. 

Por éso, hoy en día, considero fundamental si queremos alcanzar la liberación humana y animal y la redefinición horizontal de la realidad, el redefinir ciertos patrones de comportamiento que hacen que, pretendido agradecimiento y ausencia de egoísmo, nos definan precisamente como seres mundanos y repugnantes. 

Análisis propio a partir de un texto de Marvin Harris incluído en su libro "Nuestra Especie"