"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

martes, 17 de agosto de 2010

Va por vosotrxs, hijxs de la miseria, subproducto de la sociedad del mercado.

Soy un habitante del subsuelo, un paria, el hijo de la miseria. Tengo 15 años, vivo en vías del metro y mi alimentación es un pegamento asqueroso que destruye mi interior poco a poco pero que no puedo dejar de tomar. Acostumbrado a las miradas de indiferencia o fobia de la gente, suplico un pedazo de pan que llevarme a la boca y a cambio recibo patadas y golpes de la policía, quién ha intentado matarme más veces que años tengo. Tengo una hermanita, ella tiene 12 años y se gana la vida vendiendo su inocencia al mejor postor. Sin llegar a la mayoría de edad, nuestra infancia ha sido mutilada por varios ramalazos de sinrazón y dolor y nuestrxs amigxs sólo son cuerpos en descomposición en la profundidad de las vías del metro o muertxs en vida en algún suburbio de este infierno terrenal. Sólo quiero ropa para cambiarme, algo de comer y un techo en el que vivir. Mi tiempo se escapa en cada respiro y no quiero morir sin conocer la vida... la gente me trata como a escoria, como a un miserable pero sólo soy fruto de su bienestar, el producto final de un sistema que especula con mi ilusión y trafica con mi inocencia, una sociedad que me ha convertido en lo que soy. Pero a pesar de todo, finjo una sonrisa cuándo suplico una redención, un bocadillo con el que alejar a la sombra de la muerte de mi una noche más. Tengo SIDA y todxs me repudian. Sólo tengo 15 años, ayudadme, por favor, ayudadme.

Todxs sabemos lo que es la pobreza, la vemos día a día, en cada calle y en cada barrio de nuestra ciudad. Peña sin casa que duerme en cajeros o cubierta de cartones en un banco del parque mientras lleva toda su vida en una bolsa de plástico. Pero pocxs, o creo que incluso ningunx de nosotrxs, puede decir que la ha vivido de cerca siendo sólo niñxs. ¿Cómo explicarlo?, digamos que alguien tiene que correr siempre con los gastos y en este caso lxs cabezas de turco son lxs niñxs que viven en la estación Leningradsky de Moscú. Este documental muestra la cotidianeidad de un grupo de niñxs cuyas edades oscilan entre los 12 y los 25 años que a base de apoyarse mutuamente, fuerza de voluntad y mucho, mucho dolor, sobreviven y mueren en los túneles, vías, andenes y aledaños de esa estación. Producto de la miseria y de familias desestructuradas y odio, la mayoría son niñxs fugadxs de orfanatos o centros de menores donde eran maltratadxs a diario por sus "cuidadorxs".

Os dejo con el documental y bueno, cada cual que saque sus conclusiones. Bienvenidxs al subsuelo de la Rusia capitalista, donde las sonrisas valen tanto como la vida propia.


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Parte 2


Parte 3


Parte 4


Parte 5