"A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente" Severino Di Giovanni.

martes, 31 de agosto de 2010

El capital

(Diálogo inspirado en una viñeta de cómic)

Un hombre sale malencarado del despacho del jefe de la empresa en la que trabaja 11 horas diarias. Otro hombre entra en dicho despacho y pregunta al jefe:

- ¿Qué le ha dicho a ese hombre?
- Que trabaje más rápido - Responde el jefe con altanería
- Y, ¿cuánto le pagas?
- Unos 20 € al día
- ¿De dónde sacas el dinero para pagarle?
- De vender mercancía
- ¿Y quién la produce?
- Él... ¡obviamente! - Responde una vez más con tono soberbio el patrono burguesazo de turno
- ¿Cuánto produce por día?
- Produce unos 100 € por día
- Entonces no le pagas, él te paga 80 € al día por ser su jefe
- ¡¿Eh?!, ¡Pero yo soy el propietario de las máquinas que usa para producir!
- Ya... y ¿cómo compraste las máquinas?
- Vendiendo mercancía para conseguir dinero
- Y ¿quién ha producido aquella mercancía?

El patrón, al percatarse de que el resto de sus empleadxs no pierden detalle de la conversación, se muestra alterado y rojo como un tomate dice en voz baja:

- Tssss... silencio, que te van a oír... a ver, te subiré el sueldo, te ascenderé, ¿qué quieres?.

Viva el modelo capitalista, precaricemos el empleo, deleguemos nuestras responsabilidades en un puñado de burócratas carroñeros que aumentan sus beneficios a base de moldear nuestras vidas según un mercado que se introduce en nuestra existencia, reduciendo todos sus aspectos a un aglomerado de absurdos a los que no daremos importancia. Nuestras relaciones interpersonales pasarán del afecto a los intereses puramente propios, transformándonos en seres ególatras, individuxs incapaces de valerse por sí mismxs, convencidxs de una necesidad de apoyo para superar ciertos obstáculos cuya evasión depende puramente de nosotrxs, de cada individux de la sociedad. Renegaremos de nuestras aspiraciones e inquietudes hasta el punto de permitir que un electrodoméstico dicte la dinámica de nuestra voluntad, condicionando nuestra existencia mediante falsos roles que nos inculca subliminalmente usando su publicidad y el marketing para crear en nosotrxs necesidades absurdas producto así mismo, de una oligarquía mercantil que jugará con nuestros deseos haciendo que perdamos el valor por las pequeñas cosas como los sentimientos, la comida o el agua para pasar a valorar bienes puramente materiales generados precisamente para resignarnos a una existencia borreguil en la que producir el aparato de nuestra destrucción es el único propósito. Perderemos el interés por los elementos que, sin darnos cuenta, resultan necesarios para nuestras vidas y aprenderemos a valorar aquello que no necesitamos absolutamente para nada. Comeremos en exceso, desperdiciaremos el agua, deforestaremos el planeta, aniquilaremos hasta la última criatura inocente del mundo y luego, cuando ya no quede nada, nos destruiremos entre nosotrxs pues el instinto del deseo será demasiado fuerte. Nuestro amor destruirá todo este jodido mundo. Algún día, compraremos nuestros sueños en las grandes superficies.